¡VIVA TIERRA Y LIBERTAD!

 

El movimiento agrario, que es como la espina dorsal del gran movimiento revolucionario que en estos momentos preocupa no solamente a los burgueses y tiranos de México, sino que, también, a los burgueses y tiranos del mundo entero, continúa su marcha ascendente demostrando a los teorizantes del socialismo y del anarquismo, a los que “dudan”, a los “incrédulos”, que no es necesario  haberse quemado las pestañas en las escuelas aprendiendo la mar de majaderías para comprender que la tierra es la fuente natural de todas las riquezas, y que, teniendo la tierra, se es dueño de todo.

Nueva Era,[i] órgano maderista que se publica en la ciudad de México, en su edición de primero de este mes, dice al referirse a la toma de posesión de los terrenos de la hacienda de San Diego del Pinar, estado de Puebla, por los habitantes de Tepatlaxco:

Lo peor es que el mal seguirá tomando incremento si no se pone el remedio necesario; pues los vecinos de los demás pueblos alentados con el mal ejemplo de los primeros invasores que han quedado impunes, más tarde querrán hacer lo mismo con los terrenos pertenecientes a otras fincas; lo cual acarreará pésimos resultados y grandísimas dificultades.

El Demócrata Mexicano, órgano maderista igualmente, en fecha 14 de este mes dice lo siguiente:

Los vecinos de Tepatlaxco, Tlaxcala, nos envían un folleto en el que exponen extensamente los motivos que les inducen a mantenerse en armas en los montes de la Municipalidad de Acajete, Distrito de Tepeaca, del estado de Puebla. Según lo que dicen bajo su firma más de doscientos vecinos no son ellos ni zapatistas ni revoltosos como se ha pretendido hacerles aparecer, sino pacíficos vecinos a quienes se pretende despojar indebidamente del uso de un monte por el propietario o administrador de la hacienda de San Diego del Pinar, y que defienden su derecho a mano armada, por no ser en su mano hacerlo de otra manera ante la influencia y la riqueza de su agresor.

El Diario,[ii] periódico burgués como los dos anteriores, de la ciudad de México, dice en su edición de 12 de este mes:

Las últimas noticias recibidas en esta capital acerca de las peticiones que han formulado los indios residentes en el Estado de Puebla, nos dicen que dichos sujetos están dispuestos a levantarse en armas en el caso de que no se les den los terrenos que la “triunfante” revolución prometió repartir entre todos los que se dedicaran al cultivo de las tierras. El asunto es de tal gravedad que el Gobierno de aquel Estado ha tenido varias conferencias con los principales terratenientes de aquella Entidad, con el objeto de estudiar la manera de que se puedan ceder algunas tierras a los peticionarios.

El País, diario católico de la ciudad de México, en 14 de este mes dice así:

En la Embajada Americana nos informaron ayer que el señor embajador Wilson[iii] se ha dirigido a la Secretaría de Relaciones pidiendo garantías para el ciudadano americano Godman, dueño de la hacienda de El Buen Suceso, ubicada en el Estado de Guerrero. El pasado mes de Noviembre, una gavilla de bandoleros se presentó en la referida hacienda, y después de asesinar vilmente al hijo de dicho señor, se apoderó de su propiedad, de la cual hacen uso como si fueran los legítimos dueños. El señor Godman no ha podido, desde entonces, volver a su hacienda, temeroso de correr la misma suerte que su hijo, por lo que se ha dirigido a este gobierno por conducto del embajador Wilson, para que el gobierno tome las medidas conducentes a fin de que pueda regresar a sus negocios que se encuentran hoy en poder de los bandoleros.

El propio País, de 15 de este mes, publica las siguientes noticias de su corresponsal en el estado de Zacatecas:

En Valparaíso, Zacatecas, un club demagógico dirigido por un titerillo con más mala fe que talento, ha instigado a los labriegos de la región a que se rebelen, y los habitualmente pacíficos rancheros, fácilmente sugestionables, han cedido a la insinuación, entrando en una gran agitación y exigiendo a los propietarios que les entreguen la mayor parte de la cosecha; en la Hacienda de Peña Blanca, porque el mayordomo de las labores se negó a repartirles el maíz a los peones alzados, lo asesinaron de la manera más despiadada.

Más adelante dice:

En el Estado se ha presentado un problema que de no resolverse pronto, puede complicarse sobremanera: los oprimidos campesinos creyeron que con el triunfo de la revolución, readquirirían sus terrenos que de luengos años les han sido usurpados, y han comenzado a reclamar con energía los que se han creído despojados; pero es el caso que los jefes políticos se han puesto de acuerdo con los despojadores, y los pobres esclavizados se sienten exasperados.

El Imparcial, de 17 de este mes, publica el siguiente telegrama de su corresponsal en el estado de Jalisco:

Guadalajara, Enero 16.Debido a la propaganda demagógica de algunos agitadores socialistas que han ido por el rumbo, los indígenas de San Pedro Tesistán, aconsejados por aquellos, tratan de apoderarse por medios violentos, de los terrenos pertenecientes a la Hacienda de San Martín. Alarmados por la actitud de los indígenas, los propietarios de la finca han pedido garantías al gobierno, el que ordenó la salida rápida de fuerzas de la Gendarmería para prevenir cualquier desorden.

Por no alargar demasiado este resumen, no copio lo que se refiere a las comisiones que de casi todos los estados están llegando a la ciudad de México a conferenciar con Madero para que sean devueltos los terrenos a los habitantes de sus respectivas demarcaciones. No alcanza rían las dimensiones de Regeneración para tratar toda la materia. Baste decir que la agitación es tan intensa, que no hay un solo periódico que deje de consagrar algún espacio a la palpitante cuestión agraria, resolviéndola cada quién a su manera. Lo mismo sucede acerca del formidable movimiento huelguístico que sacude de uno a otro extremo el país. Las huelgas de peones han paralizado los trabajos agrícolas de las haciendas del estado de Tlaxcala. En Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Puebla, Michoacán, Chihuahua, Durango, Coahuila y Veracruz, las huelgas de los peones de las haciendas son de suma importancia, no faltando huelgas de peones igualmente en los demás estados de la República.

Lo notable de las huelgas de los peones es que estallan precisamente en los alrededores de los centros industriales, cuyos obreros están en huelga, solidarizándose de esa manera el campesino y el obrero, para ejemplo de los campesinos de Europa, de Estados Unidos y de países que se jactan de ser civilizados, donde sus campesinos se muestran tan reacios a todo movimiento económico.

Los obreros textiles están igualmente en huelga, y su movimiento está revistiendo tal seriedad, que el gobierno ha convocado a una convención de burgueses de toda la República, tanto para ver cómo pueda ser solucionado el conflicto entre los obreros textiles y los patronos, como para ponerse de acuerdo de la manera que hay que sofocar los movimientos huelguísticos de toda clase que han estallado por todas partes del país.

Quedándose corto, se puede calcular que el número de obreros de fábricas de hilados y tejidos actualmente en huelga llega al número de setenta mil; el número de peones en huelga, llega al número de seiscientos mil. Aparte de todo esto, grandes negociaciones mineras han paralizado sus trabajos por haberse declarado en huelga sus obreros.

La situación es tal, que la prensa burguesa se pregunta asustada cual será el acto final del drama mexicano, cada vez más complicado. Los tímidos piden; los enérgicos expropian: los que respetan a la Autoridad y reconocen todavía que es justo que el Capital se aproveche de parte del trabajo del obrero se declaran en huelga; los que no reconocen más Autoridad que su conciencia y están convencidos de que el Capital es un robo, se levantan en armas y expropian. Pero, de cualquier manera que sea, el proletariado mexicano se encuentra de pie ante sus amos. Ya no es el rebaño sumiso apaleado por los negreros y sometido por los frailes a la explotación y a la tiranía con predicaciones de mansedumbre, de humildad, de paciencia. Ya no quiere ser resignado ¡y hace bien! Y en muchos  casos se rebela y expropia ¡y hace mejor!

Hemos dicho, con bastante frecuencia, que los partidos políticos se han visto forzados a poner en sus programas capítulos relativos a la cuestión agraria y a la del trabajo en general, y aunque reconociéndose en esos programas el derecho de propiedad privada, los proletarios

que están sobre las armas no lo reconocen, como lo demuestran sus actos de expropiación.

El Paladín,[iv] periódico burgués de ciudad [la] de México, refiriéndose al movimiento del indomable rebelde suriano Emiliano Zapata, dice en 4 de este mes:

vinieron tras ellos (los zapatistas), los indígenas ignorantes, que profesando la creencia, muy añeja por cierto, de que la tierra en que viven les pertenece, porque fue de sus antecesores antes de la Conquista, se consideran despojados y víctimas de una criminal explotación. Y el pueblo, el que juzga por simple impresión, que siente más que razona, y que supone en cada propietario un ladrón y en cada autoridad un cómplice, supone en Zapata un héroe, un reivindicador… Habránse cometido en Morelos, como en todo el país, expropiaciones indebidas e ilegales, verdaderos despojos de terrenos a gente infeliz y desamparada, pero no son esos casos los que forman el criterio general de los indígenas de Morelos: ellos se remontan hasta la época precolombina; es en ellos una intuición tradicional.

Se ve por esto [que] el proletariado mexicano, dotado de un buen sentido nada común, y que le honra, considera con toda justicia como un ladrón al propietario y como una alcahueta a la Autoridad.

El País, de 13 de este mes dice: “Desgraciadamente es ya innegable que la guerra civil, tras brevísima tregua, invade nuevamente la República”. Hace en seguida un resumen de la situación en que se encuentra el país, y pregunta: ”¿Cuál ha sido la causa íntima de [esta] situación tan difícil, que muy pronto será verdaderamente caótica?” Y habla entonces el periódico a que nos venimos refiriendo de las promesas que Madero y su gente hicieron a los oprimidos, promesas que no se han cumplido ni se cumplirán.

Hablando de las huelgas dice El Diario, de 12 de este mes:

La explicación del hecho no debe buscarse en la exigüidad del salario solamente, por más que éste no excediera del mínimum necesario para satisfacer el mínimum de necesidades, sino en la aspiración a mayor bienestar, en una concepción de vida mejor que la Revolución creó en las clases trabajadoras pobres: la Revolución predicó el evangelio de la comodidad, del mejoramiento material a los desheredados de la fortuna […] y estas promesas explican bien la vigorosa vida del zapatismo en el Estado de Morelos, en donde las clases populares lo ayudan y lo defienden, y ellas explican también las huelgas de los obreros de las fábricas que, en busca

de mayor bienestar piden aumento de salarios ó TIERRAS DE CULTIVO, a semejanza de sus hermanos de Morelos.

El diputado Santiago J. Sierra,[v] ablando con un reportero de El Diario sobre el movimiento huelguista y sus motivos, entrevista que aparece en dicho periódico en 5 de este mes, dice: “Otro de los motivos y éste sí lo creo de completa justicia para el obrero es: que habiendo encarecido los artículos de primera necesidad, se rebela por no peder llenar sus necesidades de orden económico y recurre a formas violentas para hacerse oír”.

El Monitor, diario católico de la ciudad de Chihuahua, en 5 de este mes habla de la agitación del proletariado mexicano, del magnífico movimiento económico, y dice: “La mejor prueba, sin embargo, de la verdad de nuestras afirmaciones la tienen algunos propietarios en sus mismas negociaciones, donde las huelgas armadas ó pacíficas y las variadas exigencias (de los trabajadores) son el pan nuestro de cada día”.

Francisco I. Madero, al fundar su petición al Congreso para que se decretase la Suspensión de Garantías, dice: “Fermentos anárquicos que lamentablemente prosperan en el Estado de Morelos, y que se han propagado al Estado de Guerrero y a los Distritos limítrofes de los Estados de México y Puebla, obligan a solicitar una medida de suprema salvación social”. Y en otra parte agrega: “El Ejecutivo espera que pronto cesará la intranquilidad que ha ocasionado en la República el bandidaje, que, bajo la forma de un comunismo agrario, ha sublevado a algunos individuos de la región sur de la República”.

En todo el país se ha desatado una persecución tenaz por parte de las autoridades contra los compañeros que de campo en campo y de fábrica en fábrica van sembrando la noble semilla de la rebeldía contra amos y tiranos. Muchos agitadores abnegados se encuentran presos, y sobre muchos más hay órdenes de aprehensión. ¡No importa! El movimiento continúa su curso natural radicalizándose cada vez más. Caen unos agitadores, pero surgen otros tan abnegados como los caídos, y en las minas, en las haciendas, en las fábricas, dondequiera [que] es explotado el ser humano, aparecen los apóstoles de las ideas modernas que, con el corazón en la mano, hablan a sus hermanos de miseria y de sufrimientos, alentándolos a que se rebelen contra sus verdugos.

La Revolución está en marcha. ¡Viva Tierra y Libertad!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 74, 27 de enero de 1912



[i] Nueva Era, “Diario político y de información general”, ciudad de México (1911-1913). Órgano del Partido Constitucional Progresista. Fundadores: Juan Sánchez Azcona, Jesús Urueta y Gustavo A. Madero. Redactor: Francisco Cossío Robelo. Ilustrador y caricaturista: Andrés Audiffred. Colaboradores: Serapio Rendón, Manuel Bauche Alcalde, Arturo Lazo de la Vega, Querido Moheno. Desde su origen, siguiendo la fórmula de El Imparcial, estaba destinado a convertirse en el periódico oficial del gobierno maderista, al que defendió de las críticas de sus opositores. Durante el cuartelazo de Félix Díaz y Victoriano Huerta, las oficinas del diario fueron saqueadas e incendiadas.

[ii] El Diario (1906-1914), periódico fundado por Juan Sánchez Azcona, que transitó del antiporfirismo al huertismo bajo la dirección de Manuel Flores.

[iii] Refiérese a Henry Lane Wilson (1857­1932). Diplomático estadunidense. Se desempeñó como ministro de su país en Chile (1897-1904) y en Bélgica (1905-1909), y como embajador de México (1910-1913). Durante su gestión al frente de la embajada defendió celosamente los intereses de sus compatriotas procurando que sus propiedades no sufrieran daño alguno a causa de la lucha revolucionaria. Reportó a su gobierno que la administración maderista era incapaz de mantener la estabilidad del país, por lo que promovió el proyecto de una intervención militar de los Estados Unidos. Durante la Decena Trágica apoyó sin reservas a los generales golpistas y desempeñó un papel crucial en el ascenso de Huerta a la presidencia. Fue destituido en 1913 por orden del presidente Woodrow Wilson. En 1927 publicó sus memorias, Diplomatic episodes in Mexico, Belgium and Chile.

[iv] El Paladín, “Periódico de combate, consagrado a la defensa de la raza latina y de los intereses del comercio, la industria y la agricultura”, ciudad de México (1901-1913). Director: Ramón Álvarez Soto. Editor: Isaac Betancourt. Publicación quincenal que sustituyó al periódico El Español (ciudad de México). Durante el proceso judicial de que fueron objeto los editores de Regeneración en 1901, El Paladín hizo público su apoyo a los periodistas hostigados. En ese contexto, publicó en sus páginas el artículo titulado “El Gral. Díaz fue en su juventud como los Sres. Magón”, posteriormente reproducido en Regeneración.

[v] Santiago J. Sierra. Político, periodista, dramaturgo y cineasta. Hijo de Justo Sierra. En 1912 fundó en la ciudad de México (junto con Nemesio García Naranjo, José Ma. Lozano, Francisco M. de Olaguíbel y Carlos Pereyra, entre otros) el Club Honor y Patria, de orientación obrerista. En 1913, en su calidad de diputado, formó parte de la comisión organizadora de la manifestación del 1 de mayo, promovida por la Casa del Obrero Mundial. Entre sus obras destacan el opúsculo político Apuntes biográficos del C. Ramón Corral, candidato de la clase obrera a la vicepresidencia de la República el próximo sexenio (1909), la obra teatral ¡Maldita guerra! (1913) y la película La leyenda azteca (1915).