Notas al vuelo

 

Juan Sarabia, el esbirro y Judas, y Antonio Díaz Soto y Gama,[1] un desequilibrado en todos sentidos, están que perecen por ser diputados, como que para los sinvergüenzas es cosa agradable ganarse ocho pesos diarios por ir a roncar unas dos o tres horas diarias al local de la Cámara de Diputados.

No se fijan estos bribones en que el pueblo mexicano está sobre las armas, y que, si en tiempos normales el pueblo mexicano no vota, porque considera que las elecciones son una farsa, menos lo hará hoy que está comprendiendo que no es la boleta electoral, sino el rifle y la dinamita, lo que se necesita para acabar con tiranos y explotadores.

Sarabia y Díaz Soto y Gama desde un periodiquillo, órgano de un “partido” de cuatro papanatas, se enronquecen proponiéndose como diputados por el estado de San Luis Potosí.

Enojados porque algunos estúpidos potosinos postulan a Manuel Rivas y Pedro Antonio Santos[2] como candidatos para ser diputados, dicen los pobres diablos Sarabia y Soto y Gama:

Es irrisorio que en una candidatura de Diputados al futuro Congreso de la Unión, se hayan excluido los nombres más conocidos, los más populares, los que suenan, no sólo ahora y no sólo en San Luis, sino desde hace muchos años y en toda la extensión de la República, pues las personalidades de Díaz Soto y Sarabia son personalidades políticas efectivas, vigorosas.

Solos se alzan y se barajan esos pobres ambiciosos a quienes no ha valido el arrastrarse y lamerle las patas a Madero para alcanzar altos puestos. Ahora se resignan con pedir el puesto de diputado, mañana acabarán por ser simples polizontes. ¡Les tengo lástima!

 

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Dicen los pedazos de alcornoque: “Antonio Díaz Soto y Gama es un luchador de los tiempos difíciles”.

En los tiempos llamados difíciles conocí a Soto y Gama como notario, y tengo cartas de él en que me decía que nada se podía hacer bajo el brutal despotismo de Díaz, y que prefería retirarse de la lucha porque, palabras textuales, el pueblo no entendía, que era un conjunto de degenerados, y que él, el luchador de los tiempos difíciles, no quería sacrificarse por un pueblo que no sabía hacer otra cosa que tomar pulque y reproducirse. En realidad, Díaz Soto y Gama aceptó la Dictadura de Porfirio Díaz, y se mantuvo quieto “en los tiempos difíciles”.

 

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Y sigue el aguacero de elogios escritos por ellos mismos: “Para hacer completa la historia de Díaz Soto y Sarabia, se necesitarían muchas páginas”.

Ni tantas, señores cazadores de puestos públicos; basta con decir que fueron ustedes maderistas, cuando aspiraban a ser ministros; después fueron antimaderistas, cuando el Chato les dio con la puerta en las narices; poco después volvieron a ser maderistas, cuando había esperanzas de que Iglesias Calderón[3] llegara a ser ministro, para volverse orozquistas cuando el movimiento revolucionario se hizo más agudo. Orozco está en vías de desaparecer, aplastado por su propia ambición, y los “famosos” Díaz Soto y Sarabia se harán otra vez maderistas, pues estos pícaros no tienen vergüenza.

 

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A propósito del baboso llamado Pascual Orozco hijo: tengo a la vista las declaraciones que el “generalísimo” hizo a un reportero de la ciudad de México, por las que se ve lo pequeño que es ese individuo. “En cuanto a mí [dijo Orozco] estoy dispuesto a hacer la paz. Claro está que no seré yo quien proponga las condiciones, pero sí manifiesto que estoy dispuesto a oír lo que el Presidente Madero indique”.

O lo que es lo mismo: Orozco está dispuesto a vender la Revolución, como la vendió Madero en mayo del año pasado. Los proletarios deben fusilar a Orozco por los males que ha causado a la Revolución reconcentrando grandes masas de trabajadores para que sean exterminados por miles por la metralla de los federales, mientras que esparcidos en guerrillas harían mejor su trabajo revolucionario en el norte de México.

Nada de paz, desheredados, hasta que la tierra y la maquinaria esté en poder de todos.

 

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Sigue hablando Orozco: “Puedo asegurar que el Gobierno no extinguirá la revolución por la fuerza como lo pretende, y yo respondo de que no hay bandidaje ni anarquía en todo el territorio que ha conquistado la revolución”.

Orozco es el perro más fiel con que cuenta el capitalismo del estado de Chihuahua. A los pobres se les despoja de su burro, de su caballo, de su vaca, mientras se deja intacto el ganado de los Terrazas, de los Creel y de otros millonarios. Para Orozco, bandidaje es quitar a los ricos, para bien de todos, lo que detentan; pero es cosa santa despojar al pobre de lo único que tiene para buscarse el sustento.

 

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El Plan de San Luis, el Plan de Tacubaya, y todos los planes políticos que andan por allí, son exactamente iguales al plan orozquista firmado por Orozco y una media docena de idiotas. Pues bien, Orozco llama farsa al Plan de San Luis sin pensar que, por ser igual a los demás planes, él entra en el número de los farsantes. He aquí lo que dice: “¿El Plan de San Luis? Sí, ciertamente que en su mayor parte es una farsa, pero hay en ese documento mucho que debe y puede cumplirse. Es, por ejemplo, factible resolver el problema agrario, respetar la soberanía de los Estados y obedecer y hacer respetar las leyes”.

Ya hemos visto que el modo de resolver el Problema Agrario, según el plan orozquista, es comprar tierras a los ricos para vendérselas a los pobres. ¡Y matarse para obtener esa porquería! ¡Y matarse para otra porquería más: la soberanía de los estados y obedecer leyes escritas por malvados para que los ricos disfruten tranquilamente el dinero que hacen sudar al pobre!

 

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Yo creía que Hilario C. Salas[4] había ya estirado la pata; pero no es así. En el papasal del esbirro Juan Sarabia me encuentro con la nueva de que es Jefe Político de Acayucan, estado de Veracruz.

Salas es un traidor a la causa de los desheredados; por lo mismo, merece el mecate.

 

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Juan Sarabia y Díaz Soto y Gama están denunciando a los que en estos momentos piden el voto de los desheredados, diciendo que a ellos (Sarabia y Soto y Gama) es a quienes debe escoger el proletariado como representantes en la Cámara de Diputados, y no a los otros.

A ninguno hay que escoger, hermanos de miseria: si quieren comer esos bribones, que empuñen el pico y la pala. No más representantes. El mejor de los políticos debe ser emplumado.

 

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Y gritan los miserables embaucadores:  “¡Alerta ciudadanos!  ¡Se aproxima el día en que debéis elegir Diputados al Congreso de la Unión y Magistrados de la Suprema Corte de Justicia, y los hombres del antiguo régimen quieren aferrarse a esos puestos! ¡Hay que elegir hombres nuevos, hombres de carácter y sana conciencia!…”

Es decir, hay que escoger a Sarabia y a Díaz Soto y Gama que son hombres nuevos, “aunque mayormente no lo parezcan”, y a deslomarse en el trabajo para pagar a ese par de gandules lo ocho pesos diarios que les asigna el presupuesto.

 

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Y eso del “antiguo régimen” para referirse al Gobierno de Porfirio Díaz no deja de chocarme. El régimen de Díaz, de Madero o de cualquier otro gobernante, es el mismo, es el régimen republicano, tan desprestigiado en todo el mundo, porque la República es lo mismo que el Imperio: siempre felices los de arriba, siempre tristes los de abajo; siempre gentes que tienen de todo, en abundancia, y siempre gentes que no tienen en qué caerse muertas.

¡Muera toda clave de gobierno¡

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 95, 22 de junio de 1912


[1] Antonio Díaz Soto y Gama (1880-1967). Abogado potosino. Uno de los fundadores del club liberal Ponciano Arriaga. Vivió en el destierro (1902-1904). Junto con Juan Sarabia presentó un proyecto de ley agraria ante la XXVI Legislatura (1912). Se unió al movimiento zapatista (1914) y fue uno de sus delegados a la Convención de Aguascalientes. Permaneció vinculado con aquel movimiento como promotor del programa agrario contenido en el Plan de Ayala hasta 1920, año en que funda y dirige el Partido Nacional Agrarista (PNA). A partir de 1932 fue profesor de derecho agrario en la Facultad de Jurisprudencia. Escribió, entre otras, La revolución agraria del Sur y Emiliano Zapata su caudillo.

[2] Pedro Antonio de los Santos (1887­1913). Abogado potosino. Se afilió al maderismo, movimiento en el que se destacó como orador. Al endurecerse la represión porfiriana se exilió en los Estados Unidos, de donde volvió a la caída del régimen. Fue diputado federal. Durante el cuartelazo fue aprehendido junto con Madero. Puesto en libertad, se refugió en Tlalnepantla, donde se unió a las fuerzas del General Jesús Agustín Castro. Murió fusilado en Tancahuitz.

[3] Fernando Iglesias Calderón (1856-1942). Abogado e historiador. Hijo del escritor y político liberal José Ma. Iglesias. Opuesto a Porfirio Díaz. Formó el Comité Patriótico Liberal. Entre 1901 y 1907 publicó una serie de opúsculos titulada Rectificaciones históricas, en la que contrarrestó la revisión porfirista de la historia mexicana de la segunda mitad del siglo XIX. Inició su carrera política después del triunfo de Francisco I. Madero. Sus artículos, en los que denunció a Victoriano Huerta como autor intelectual del asesinato de Madero y Pino Suárez, lo llevaron a la prisión de San Juan de Ulúa. Presidente del Partido Liberal de 1912 a 1925. Senador por el Distrito Federal (1912-1913; 1920-1924). Alto comisionado de México, con el rango de embajador en Washington en 1920.

[4] Hilario C. Salas (1871-1914). Originario de Santiago Chazumba, Oax. Ejerció distintos oficios en Orizaba, Ver. A principios de siglo viajó a la ciudad de México, donde conoció a RFM y otros liberales, y hacia 1904 se trasladó a la región de Coatzacoalcos, Veracruz, vinculándose con los indígenas popolucas de Soteapan y Acayucan. En 1905 fue nombrado delegado especial de la JOPLM en Veracruz y Tabasco junto con Donato C. Padua. Organizó y participó en la rebelión de Acayucan del 30 de septiembre de 1906, y fue herido en esa acción. Huyó a la región textilera de Puebla y Tlaxcala. Tomó parte de la huelga de Río Blanco, Veracruz, en enero de 1907. Regresó a la región de Soteapan, donde organizó una guerrilla que se mantuvo activa hasta 1911. Publicó diversos artículos en Regeneración y México Nuevo, publicó proclamas en español y popoluca, invitando a la rebelión y a la toma de tierras. Fue arrestado por órdenes de Francisco I. Madero en febrero de 1911. Liberado en 1913 tras la muerte de Madero, regresó a Veracruz y participó en la lucha contra Victoriano Huerta. Fue asesinado en una emboscada planeada por el hacendado Pedro Carvajal, el 21 de febrero de 1914.