Notas al vuelo

 

Puede servir como termómetro para medir la cantidad de libertad de que goza la prensa en México bajo la Dictadura del Chatito, el hecho de que el periodista yucateco Carlos R. Menéndez tiene encima treinta y ocho causas por supuestos delitos de prensa.

Ni bajo la férula de Porfirio Díaz se dio espectáculo tan repugnante.

 

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Sabido es que José Ferrel, el cobardón aquel que declaró sin que se le subiera la sangre al rostro: “yo solamente obedezco al señor general Díaz” cuando se encontraba en el periodo más agudo la campaña electoral en Sinaloa hace dos años, ha llegado a ser maderista furibundo, después de haber sido porfirista y reyista.

Este tío es ahora el rufián pagado por Madero para salir al encuentro de todos aquellos que de buena o de mala fe critican los actos públicos del famoso payaso del Sufragio Popular. Y el cara de vaqueta llama a todos cobardes, malvados, traidores, convenencieros. Solo un Ferrel le faltaba a Madero para acabar de enlodarse.

 

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Muy satisfechos se muestran los periódicos burgueses de la ciudad de México de que el gobierno se haya “apiadado” de los aristocráticos vecinos de la capital, ahorrándoles el “desagradable” espectáculo de los mendigos, a quienes van a encarcelar en hospicios.

Gusto muy delicado tienen esos aristócratas; pero creo que lo justo sería que ya que ellos son la causa de que haya mendigos en las calles, fuera a ellos, a los aristócratas, y no a los pobres mendigos, a quienes se encerrase en la cárcel, u hospicio, que lo mismo da.

 

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Los Madero están haciendo el gran negocio comprando terrenos, dizque de su peculio, para después proponerlos en venta a razón de doscientos pesos la hectárea a los babosos que sean tan estúpidos de comprar, hoy que es tiempo de tomar.

Dicen los Madero que de esa manera  se resuelve el Problema Agrario: haciendo ellos negocio. Hay la circunstancia de que debido a las condiciones en que se encuentra el país, la tierra ha bajado de valor, de manera que los “honorables” señores Madero están comprando muy barato con la esperanza de que termine la Revolución, y entonces vender a su gusto.

¡No se les logrará, puñado de ladrones!

 

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No faltaron personas sencillas que, al rendirse Bernardo Reyes, creyeron que la Revolución había terminado.

Lo simpático de este movimiento es que puede vivir sin necesidad de mandones. Los proletarios ya no se fijan en personalidades, sino en principios. Pueden rendirse todos los leaders, y el movimiento seguirá su curso hasta llegar a su fin: la libertad económica.

Eso sucederá cuando hayan desaparecido el último burgués y el último representante de la Autoridad.

 

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Por haber dirigido la palabra a los obreros de Torreón, Santa Eulalia y otros lugares, fue arrestado en Chihuahua un propagandista obrero llamado Gómez.

¡La libertad de palabra es un hecho bajo el paternal gobierno de don Madero! Y pensar en los ríos de sangre que ha costado la conquista de las libertades políticas… ¿No es mejor que se derrame sangre por arrancar de las manos de los ricos los bienes que detentan?

 

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Dice El Diario, periódico burgués de la ciudad de México:

La lucha entre el capital y el trabajo existe en todas nuestras poblaciones industriales y se manifiesta en huelgas pacíficas y hasta en huelgas sangrientas, según las circunstancias y el temperamento de las personas que las dirigen. Cuando terminan, 1 terminan siempre por transacciones que dejan en pie, amenazadora, la controversia entre el capital y el trabajo, entre el rico y el pobre, entre el empresario y el obrero; el obrero que pide invariablemente aumento de salario y disminución de horas de trabajo y el empresario que defiende sus intereses, bien ó mal entendidos y que se niega a acceder a sus pretensiones.

¡Claro, como que ha quedado en pie el maldito sistema de salarios que nace del derecho de propiedad privada!

 

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Y sigue diciendo El Diario:

¿Tiene alguna solución definitiva el conflicto entre el capital y el trabajo? Hasta hoy no la conoce nadie; ni la fuerza, ni la ciencia, ni la religión, ni la filosofía han podido resolver este problema pavoroso, nacido de las condiciones mismas de la civilización humana, porque esta opresión que el capital ejerce sobre el trabajo ha sido creada por el progreso material, ya que estos tres términos son inseparables; a mayor progreso corresponde mayor riqueza; a mayor riqueza total mayor acumulación de ella en pocas manos; a mayor acumulación de la riqueza en pocas manos, mayor miseria en el pueblo.

Chochea El Diario. Naturalmente que la religión, así como la ciencia

y la filosofía burguesas no dan la solución del problema porque es en contra de los intereses que tratan de defender; pero la filosofía proletaria, basada en la ciencia que no tiene compromiso con los tiranos, con los clérigos ni con los capitalistas, ha encontrado la solución: desconocimiento del derecho de propiedad privada y toma de posesión en común de todo cuanto existe empleando la fuerza como único medio para conseguirlo.

 

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Sigue barbarizando el pobre Diario: “Contra este andamio de opresión la fuerza nada puede; se puede desterrar un régimen político para substituir un principio por otro; pero es imposible derribar la inmensa máquina del organismo social para conquistar la igualdad de fortunas y de bienestar para todos”.

¿Por qué es imposible derribar el sistema capitalista? No lo explica El Diario; pero si por la fuerza puede ser aplastado un régimen político, basta sólo con encauzar esa fuerza para que aplaste un sistema económico opresor. Para derribar a un tirano por medio de la fuerza, es necesario el mismo esfuerzo que para expropiar a los ricos de los bienes que detentan; no se necesita más que una cosa; perder el respeto a lo que hasta aquí ha sido considerado como sagrado: el derecho de propiedad individual.

 

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Sigue hablando El Diario: “Atenuaciones del mal, no soluciones definitivas, eso es lo que ha encontrado la ciencia. El antagonismo queda en pie entre el capital y el trabajo, entre los que poseen todo y los que no tienen suya una vara de tierra para dormir el sueño eterno.”

¡Atenuaciones del mal! Nada, señores burgueses: los que tienen hambre, los que han sufrido los insultos de los de vuestra clase, los que han vivido durante siglos y siglos debajo de vuestras plantas, adormecidos por la religión, aterrorizados por la Autoridad y exprimidos por vosotros, ya no quieren paliativos, ya no quieren tisanas y se levantan airados para romperos el cráneo con las cadenas con que los tuvisteis dominados.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 74, 27 de enero de 1912