A tomar la tierra

 

Nuestros compañeros de ¡Tierra!, de La Habana, han recibido una carta del compañero Pedro Kropotkin, fechada en Brighton, Inglaterra, el 30 del pasado diciembre. Dice en parte esa carta:

Queridos camaradas: Mis simpatías por vuestro semanario, que viene haciendo una buena campaña en favor de nuestros hermanos de España y de México.

Sí, queridos camaradas, la tierra es la base de toda revolución, del advenimiento del socialismo, de la anarquía.

Cada vez que los revolucionarios negligentes no se ocupan  de esta importante cuestión: “la tierra al que la cultiva, a la Comuna”, deben estar seguros de perder la revolución.

Cada vez que ellos la inscriban en su pendón, deberán durante el periodo preparatorio, trabajar por recuperar la tierra de los acaparadores del suelo, y conquistarán mejoras positivas al propio tiempo que habrán dado un paso adelante, en terreno firme y real, hacia la revolución.

Estas palabras del gran pensador moderno justifican el empeño de los revolucionarios mexicanos de arrancar de las garras de los hacendados la tierra, para que quede en las manos de los campesinos y de todos los trabajadores que de ella extraen las primeras materias para la industria.

Este importante trabajo está siendo llevado a cabo en México con toda la energía de que debe hacer uso el verdadero revolucionario, para que no se pierda la Revolución, como dice Kropotkin. Hojeando la colección de Regeneración, se podrá ver que el Problema Agrario en México tiene una importancia capital y constituye la espina dorsal del movimiento revolucionario que, por más que los políticos han tratado de desviarlo para convertirlo en político, no lo han logrado, y continúa extendiéndose y fortaleciéndose, hasta que toda la tierra quede en poder de los que la trabajen, como lo está siendo en muchas regiones de la República Mexicana, en que poblaciones enteras han invadido los terrenos adyacentes para cultivarlos sin pagar compensación alguna a los burgueses que se dicen dueños de ellas.

Mientras la tierra no quede en poder de los que la trabajan, el sistema capitalista quedará en pie, porque es de ella de donde se obtienen los primeros materiales para la industria. De ella se obtienen los granos y los vegetales alimenticios; de sus bosques se obtiene la madera; de sus minas los metales útiles; de sus canteras los materiales de construcción. De la tierra se extrae el carbón piedra; de la tierra viven los ganados cuya carne come el hombre. La tierra es, pues, la fuente natural de todas las riquezas, y, cuando los trabajadores se hayan hecho dueños de la tierra, se habrán hecho a la vez dueños de todas las industrias, ya que éstas sólo pueden funcionar cuando el minero extrae el metal o el carbón, o el campesino levanta sus cosechas.

Cuando tal cosa suceda, la industria caerá por la sola fuerza de las circunstancias en poder de los obreros de la ciudades, y entonces se verá cómo los trabajadores del campo y de las minas y de las canteras surtirán de vestidos, de carros, de instrumentos de labranza, etcétera, a sus hermanos del campo, al mismo tiempo que los obreros de los ferrocarriles y de los barcos se encargarán del transporte de la materia prima y de la elaborada.

Y eso sucederá naturalmente, sin necesidad de nuevos tiranos bajo el disfraz de directores o administradores, como un resultado de las necesidades de cada grupo productor ó de cada comunidad, que procurarían ponerse de acuerdo con otros grupos u otras comunidades de trabajadores para establecer el intercambio de productos.

Así, pues, mexicanos, ¡adelante! A haceros dueños de la tierra, porque ese hecho solo será la firme base en que descansará la grande obra de vuestra emancipación económica, política y social. Siendo dueños de la tierra, todas las industrias caerán en vuestras manos.

Adelante; hermanos, seguid expropiando la tierra y trabajadla desde luego, para que no se carezca de lo indispensable para la subsistencia durante esta hermosa Revolución.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 75, 3 de febrero de 1912