La Revolución

 

La Ley de Suspensión de Garantías Individuales ha comenzado a ser aplicada con todo rigor en la República Mexicana; basta la delación de un polizonte para que un hombre sea tomado por revolucionario y ejecutado sin más formalidad que ponerle una venda en los ojos y atarle las manos por detrás del cuerpo, ¡Madero está loco! ¡Madero pierde los estribos! ¡Decididamente no puede dominar la situación! Con banquetazos quiere disimular su turbación y, con el ruido de fiestas y francachelas oficiales y no oficiales, pretende engañar al mundo con la mentira de que todo está en paz, mientras sus esbirros arrancan la vida a centenares de personas cada día.

La política del terror, en momentos de intensa agitación revolucionaria, es una espada de dos filos, pues al terror tendrán que responder los rebeldes con el terror. Ya lo estamos viendo; telegramas que publica la prensa burguesa de la ciudad de México anuncian el recrudecimiento de la actividad revolucionaria, y el recrudecimiento de las represalias también.

¡Madero está loco! La situación empeora para la Autoridad y el Capital; los revolucionarios surianos van arrasando los plantíos de las haciendas; los huelguistas de las fábricas de hilados y tejidos se creen engañados y reanudan la huelga suspendida por unas cuantas horas; Tlaxcala arde; Morelos arde; Puebla, Guerrero, Oaxaca, México arden también; las fuerzas del gobierno están siendo diezmadas por el paludismo y por los revolucionarios en las regiones cálidas del sur; la guerra industrial se hace más aguda en Guanajuato, Jalisco, Tepic, Zacatecas, Chihuahua, Sonora, Veracruz y en la rica comarca de la Laguna; los huelguistas de Atlixco han determinado matar a todo obrero que pretenda romper la huelga; en la fundición de Morales, cercana a San Luis Potosí, los huelguistas castigaron a pedradas a los indignos obreros que no quisieron unírseles; miles de huelguistas caminan por todos rumbos buscando las fuerzas rebeldes para dar su contingente al movimiento; al acercarse el plazo de tres meses que Madero puso para sofocar la Revolución, el ministro de Guerra, González Salas,[i] amplía el plazo a cuatro meses más para la pacificación del país; el día primero de marzo se hará el primer sorteo para poner en pie de guerra a quince mil hombres más que defenderán los intereses del Capital; como hormigas afluyen a las ciudades los ricos que han tenido que huir de “sus” haciendas para no ser colgados por los proletarios indignados; Madero extraoficialmente ha decretado guerra sin cuartel a los propagandistas obreros; los periódicos maderistas se han visto obligados a confesar que la cuestión agraria en la región del Yaqui presenta ahora peor aspecto que bajo la Dictadura de Porfirio Díaz; los combates entre rebeldes y federales menudean por dondequiera todos los días; Madero ha prohibido la introducción de armas por las aduanas marítimas y fronterizas, y la venta de ellas por los armeros y dueños de montepíos; los periodistas de oposición son arrastrados a las cárceles como en los “buenos” tiempos porfirianos; la censura más severa está siendo aplicada a los despechados de la prensa; a los poblados de las regiones, donde es más fuerte el movimiento revolucionario, llegan carretadas de muertos federales; el sur de Yucatán es una hornaza; la región del Istmo de Tehuantepec está poblada de guerrillas rebeldes; en las goteras de la ciudad de México, los rebeldes se burlan de los federales; las expropiaciones de tierras efectuadas por poblaciones enteras están a la orden del día, siendo quemados los títulos de propiedad por los proletarios expropiadores; el movimiento avanza con fuerza irresistible; los soldados comienzan a matar a sus jefes; cerca de Chapultepec, la residencia de Madero, fue encontrada una poderosa carga de dinamita que habría desmoronado en menos de un segundo el Castillo entero.

¡Pobre Madero! ¡Pobre iluso! Creíste cosa fácil engañar un pueblo que tiene hambre de pan, no de palabras. Ofreciste tierra y no la das; ofreciste mejorar la situación del trabajador, y no has cumplido. Ahora el pueblo no se dejará engañar por nadie más. Ya conoce el remedio de sus males: la expropiación, el desconocimiento del principio de la propiedad privada.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 75, 3 de febrero de 1912



[i] José González Salas (1862-1912). Militar chihuahuense. Participó en las campañas contra los mayas en 1901 y contra los yaquis en 1906-1908. Secretario de Guerra del gabinete maderista, cargo al que renunció para enfrentar el alzamiento orozquista. Se suicidó tras la derrota en la batalla de Rellano.