En defensa de los mexicanos

 

Ha llegado a nuestro conocimiento que la señora Manuela Velarde de Robles falleció en esta ciudad a consecuencias, al parecer, de una o varias operaciones que en ella practicó el dr. Lyle G. McNeile, en un departamento del Hospital del Sunset Boulevard. El esposo de la señora muerta, sr. Hilario Robles,[i] se ha acercado a nosotros para decirnos que él no dio permiso para que se practicase la operación y que, sigue diciendo el sr. Robles, nadie de su familia sabía tal cosa. El día 15, la familia de la paciente al ver que se encontraba en estado de suma postración, y al notar, según se nos dice, que el personal del citado hospital parecía no preocuparse por el estado de la enferma, solicitaron llevarla a su domicilio. La enferma había perdido el habla y no pudo informar a su familia sobre las operaciones que había sufrido y que su familia ignoraba. El 21 falleció la enferma, y solamente cuando se procedía a desnudar el cadáver para ponerle ropa limpia, pudieron notar, nos dice nuestro informante, tres heridas practicadas en la espalda. Nos dicen miembros de la familia de la señora muerta que nadie les informó que iba a ser operada la paciente.

 

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Se nos envía lo siguiente para su publicación:

Rockdale, Tex., Enero 20 de 1912.— Compañero Ricardo Flores Magón: SALUD. Deseo hacer saber a todos mis queridos hermanos de miseria todos los males que nos agobian en la mina Big Lump Número 5. Hay aquí un tal Zeferino Elizondo[ii] que en unión de los americanos y el superintendente nos trata a los trabajadores mexicanos con el mayor desprecio y despotismo. Este Elizondo se comprometió con el superintendente a traer gente que trabaje por menos precio que nosotros. De paso anotaré que el precio que se nos pagaba era de 75 cs., yarda cúbica de carbón limpio, 28 centavos la yarda de tierra y carbón. Pues bien, Elizondo sale a buscar a los que han de venir a quitarnos el pan de la boca, haciendo, como el Chato Madero, miles y miles de ofrecimientos, y diciéndoles que él se gana dos pesos muy temprano trabajando en la mina para encandilar a la pobre gente, cuando la verdad es que ni siquiera sabe lo que es este rudo y agotante trabajo, del que, como dondequiera, sólo se aprovecha el maldito burgués y no nosotros. Ahora los precios han bajado porque la gente que trae la vende como entregar ganado, y nosotros nos morimos de hambre, mientras el negrero fuma buenos puros y se da la gran vida. No os dejéis engañar por ese negrero, hermanos desheredados; no vengáis a quitar el pan a nuestras familias, pues es tan bajo el precio actual del trabajo que no alcanza ni para mal comer. ¡Cuánto traidor holgazán! ¡Cuánto sinvergüenza trata de vivir a costillas de nosotros los desheredados! ¡Maldición sobre ellos! Por todo esto, queridos hermanos, unámonos todos y con el valor y la energía de nuestros corazones protestemos aplastar hasta el más ínfimo de nuestros enemigos. No queremos más burgueses. ¡Que viva Tierra y Libertad! ¡Que viva nuestra Bandera Roja! ¡Unámonos a ella y lancémonos a los campos de batalla de México a acabar hasta con el más pequeño tirano! ¡Marchémonos a conquistar Pan, Tierra y Libertad para todos! ¡Arriba, desheredados! ¡Viva la Revolución Social! Pedro Treviño.

 

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Estamos informados de que nuestros compañeros presos en El Paso, Tex., siguen siendo objeto de crueles tratamientos. No se permite a sus amigos que los visiten; las familias que van a pedir permiso para verlos son objeto de burla de algún esbirro que hay por allí. Fernando Palomares[iii] está muy enfermo, y no se le concede asistencia médica. La comida que reciben los presos no la aceptarían ni los perros.

 

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El compañero Pedro Solís, que se encuentra preso en esta ciudad, no recibe asistencia médica de ninguna clase. Está herido; esa herida le supura y es bastante peligroso que no se le atienda. Mandó llamar a Baca, el Cónsul, y Baca no fue a verlo: mandó un su segundo, y ese segundo no hizo más que aconsejar a Solís que confesase ser culpable.

¡Aconsejar a una inocente que se declare culpable! Nada, señor Baca; vaya ud. personalmente a ver a Solís y póngalo en un hospital, y no solamente eso, sino que, parando mientes en la injusticia de que ha sido víctima ese mexicano, obligue a las autoridades federales de este país a que lo pongan en absoluta libertad.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 75, 3 de febrero de 1912


[i] Hilario Robles. Originario de Tepic, Nayarit. Tabacalero (Los Ángeles; San Francisco, California). Promovió la solidaridad con el PLM en la fábrica angelina San Elmo Cigar Co. Miembro de la Unión de Tabacaleros. Tras la muerte de su esposa, Manuela Velarde, por el maltrato recibido en el Hospital de Sunset Boulevard, emigró a San Francisco, donde fue socio fundador del Grupo Regeneración Igualitarios. En 1913, distribuyó el “Programa de 23 de septiembre de 1911” en su natal Nayarit. Denunció las prácticas deshonestas de Rafael Romero Palacios al frente del semanario. Mantuvo vínculos con el PLM desde febrero de 1911 hasta marzo de 1918. A partir de septiembre de 1916, cuando al semanario perdió sus derechos postales, ayudó a su distribución clandestina.

[ii] Zeferino Elizondo. Capataz de la mina Big Lump, en Rockdale, Texas.

[iii] Fernando Palomares (1877-1951). Originario de Buena Vista, Sonora. Creció en la colonia de Topolobambo. Masón. Agente de Regeneración en Mayocoba, Sinaloa, donde organizó un club liberal con Jesús María Elizondo. Vivió en Cananea, Sonora, desde 1904 y participó en la huelga en ese mineral. Delegado especial de la JOPLM en Baja California en 1907. Con Juan Olivares estuvo a cargo del periódico Libertad y Trabajo, publicado en Los Ángeles, California, en la primavera de 1908. Ese mismo año buscó integrar a mayos y yaquis al levantamiento liberal, para lo que recorrió la región. Al ser perseguido por las autoridades, llegó a la ciudad de México, donde en las fiestas patrias del 15 de septiembre atentó contra la vida de Porfirio Díaz en el zócalo de la misma. En 1909 y 1910 recorrió Texas y Oklahoma, donde distribuyó literatura liberal. Colaboró con John Kenneth Turner en la elaboración de su México bárbaro. En el otoño de 1910, inició los preparativos para la toma de Mexicali y con Pedro Ramírez Caule y Camilo Jiménez participó en ella. Herido en esa acción, regresó a los Estados Unidos, donde permaneció en un hospital en Caléxico. Fue llevado ilegalmente a Los Ángeles e interrogado por miembros de la fiscalía de esa ciudad en busca de pruebas incriminatorias contra la JOPLM. Fue liberado el 24 de febrero. A principios de junio, una vez recuperado de sus heridas en la casa de John y Ethel Turner, encabezó la comisión formada por la JOPLM para intentar resolver el conflicto interétnico suscitado en las tropas liberales de la Baja California. “Estamos tratando de impedir que cualquier prejuicio racial se convierta en un factor importante de la revolución en Baja California”, declaró al San Diego Union. Participó en el grupo Los Colorados organizado en El Paso, Texas. Fue arrestado por violación a las leyes de neutralidad junto con Rosendo A. Dorame, Efrén M. Franco, José R. Aguilar y Silvestre Lomas, en abril de 1912. Se les asoció con una conspiración de inspiración reyista. Permaneció en la penitenciaría de Leavenworth, Kansas, hasta el 31 de enero de 1913. Mantuvo vínculos con la JOPLM hasta el final de la misma. Murió atropellado en la ciudad de Los Ángeles, donde trabajaba como voceador.