La intervención americana

 

El rápido avance de la Revolución ha alarmado a los burgueses de los Estados Unidos. Quisieron ellos hacer el silencio en los asuntos mexicanos, y lo lograron, al menos en su prensa, por algún tiempo. México está en paz, decía la indecente prensa de este país, y no era raro ver en sus columnas, desde la caída de Porfirio Díaz, artículos en que se declaraba  que nunca había habido mejores oportunidades para invertir capital americano en México. Esto lo hacían los “honorables” señores burgueses, para que americanos ambiciosos, pero tontos, se arriesgaran a comprar los negocios de los cuales querían deshacerse los americanos “vivos” que sabían bien cuáles eran las condiciones de México, nada a propósito para los negocios.

Ahora es imposible ocultar la gravedad de la situación. Todo el país se convulsiona, se agita, se sacude. El ansia de libertad económica del proletariado se ha recrudecido y la lucha se ha recrudecido también. Los negocios se paralizan, la propiedad está amenazada por el giro que ha tomado la Revolución, y la burguesía americana, la misma que azota y explota y humilla a los proletarios mexicanos en la plantación, en la mina, en la fundición, en el camino de hierro, en México, pide al Gobierno de los Estados Unidos que intervenga en su favor, y el Gobierno de los Estados Unidos, que como todo Gobierno, está al servicio del Capital, estudia el envío de 36 000 soldados americanos sobre la frontera de México y de la flota del Atlántico a las aguas mexicanas, para proteger la internación de las fuerzas en territorio mexicano, en caso de que la intervención se lleve a cabo.

Nuevamente, pues, tenemos suspendida la amenaza de la intervención americana en nuestros asuntos, y nuevamente protestamos, con renovada energía, contra el atentado que se quiere llevar a cabo.

El Gobierno de los Estados Unidos desea que el Presidente de México sea Madero, porque este traidor ha prometido proteger a los aventureros de este país; porque Madero está vendido al oro americano; porque Madero garantiza a los explotadores de este país el dulce y tranquilo disfrute de sus rapiñas explotando a los trabajadores mexicanos, reteniendo en su poder las tierras de los mexicanos, estrangulando en sus garras los más delicados ideales, las ansias más sanas, las más nobles esperanzas de un pueblo que ha tenido el valor de poner las manos robustas sobre el Capital, espina dorsal de todas las tiranías.

Si el año pasado era difícil la conquista de México por los Estados Unidos, ahora es materialmente imposible. Cada mexicano será un león; cada mexicana, una leona. ¡No juguéis con fuego, buitres de la banca, del comercio y de la industria! Los mexicanos no medimos los peligros, no calculamos las dificultades, no retrocedemos ante los abismos. México arde, México es una hornaza: ¡id si así lo queréis; pero no os quejéis de los resultados!

Tierra y Libertad queremos los mexicanos, y Tierra y Libertad conquistaremos a pesar de todo. No luchamos por el placer de tener otro presidente en lugar de Madero, sino por no tener ninguno; luchamos porque queremos que todos y cada uno de los habitantes de México tengan pan en abundancia que llevarse a la boca y libertad basada en el respeto mutuo.

¡Intervención americana! Hace diez años estas palabras hacían el efecto de un chorro de agua fría sobre los entusiasmos revolucionarios.

¡Intervención americana! Hoy, estas palabras hacen reír a los mexicanos.

¿Que pereceremos aplastados? Sea en buena hora. ¡La muerte, luchando, es un triunfo! Es un triunfo porque libra al individuo de toda cadena; es un triunfo porque libra al individuo del espectáculo de tantas pequeñeces, de tantas ruindades, de tantas porquerías. ¡Sí, morir; pero en plena lucha por un alto ideal!

Mexicanos: Madero, al verse perdido, ha solicitado la ayuda de los

Estados Unidos. ¡A colgar a Madero!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 76, 10 de febrero de 1912