A expropiar

 

Sabemos que agentes de Emilio Vázquez Gómez, el nuevo pretendiente a la Silla Presidencial, andan poniendo en juego el mismo sistema de engañifas de que se valieron Francisco I. Madero y sus agentes para atraer a sus filas a los nuestros. Los agentes de Vázquez Gómez aseguran a los nuestros, en lo privado, naturalmente, que nosotros estamos de acuerdo con su “jefe” para derrocar a Madero. Tal cosa es una mentira. Nosotros luchamos independientemente de Vázquez Gómez porque nuestro objeto no es alcanzar el poder; no queremos quitar a un bandido para poner a otro, ya que todo hombre que llega al poder se convierte forzosamente en bandido.

Emilio Vázquez Gómez es un abogado, esto es, pertenece a la burguesía, y, por lo mismo, a la burguesía tiene que servir. Él no aprueba la expropiación de la tierra por medio de la violencia. Vázquez quiere que caiga Madero, sentarse él en la Silla Presidencial, y entonces dictar leyes que resuelvan el Problema Social. Lo mismo dijo Madero, ¡no lo olvidéis!

Lo que no consigan los proletarios en medio de la efervescencia revolucionaria, no lo conseguirán después. Hecha la paz, la Autoridad se hará fuerte, y como forzosamente tiene que cumplir con su misión que no es otra que defender los intereses de la clase capitalista, el proletariado mexicano quedará en las mismas o en peores condiciones que antes.

Más de treinta mil mexicanos han perdido la vida durante este movimiento revolucionario, y esa sangre derramada y la que se derramará en lo sucesivo no debe servir, no debemos permitir que sirva, para que unos cuantos bandidos escalen el poder. ¡A las armas, sí, pero para arrebatar de las manos de la burguesía la tierra y los medios de producción, dejando todo ello en poder de los trabajadores!

Nuestro Manifiesto, de 23 de Septiembre de 1911, expresa con toda claridad cuáles son los propósitos del Partido Liberal Mexicano. Convencidos por la experiencia y por las lecciones de la Historia de que las libertades políticas no garantizan el derecho a la vida, invitamos a todos los mexicanos a que secunden nuestros propósitos de conquistar ese derecho primordial, sin el cual la humanidad no será libre nunca. ¿De qué le sirve al ser humano tener el derecho de votar, de pensar, de escribir sobre cualquier materia, de reunirse, de transportarse de un lugar a otro, etcétera, si para comer necesita alquilar sus brazos al burgués por un miserable salario, y esto cuando le toca en suerte tener quien lo explote?

¡Guerra al sistema de salarios, mexicanos! Para acabar con ese sistema, no hay más que un medio: hacer que la tierra y la maquinaria de producción sean de uso común, y eso se consigue solamente por medio de la fuerza, pues si se espera que un gobierno decrete la expropiación, pasarán millones y millones de años sin que se verifique ese fenómeno.

Así, pues, proletarios, a expropiar. Cualquiera que sea la bandera bajo la cual militéis: expropiad y que todo quede en poder de todos. Y si los que dirigen las operaciones de guerra se oponen a esa obra de suprema justicia social, ¡matadlos!

Quienquiera que, con las armas en la mano, os diga que después del triunfo alcanzaréis tales ó cuáles mejoras, es un embaucador: ¡ejecutadlo! ¡Os habríais ahorrado tanta fatiga, tanta sangre, tantas lágrimas, tantas desesperaciones, con sólo haber escuchado nuestras palabras, cuando os dijimos que volvieseis las bocas de vuestros fusiles sobre vuestros jefes y oficiales el año pasado! Pues bien, que esta dolorosa experiencia os sirva esta vez. No sirváis de carne de cañón para que vuestros jefes y oficiales se adornen con dorados y plumas. No encumbréis a nadie a la Presidencia de la República, porque el pago de vuestros sacrificios será, una vez encumbrados los nuevos verdugos, mandaros a vuestros hogares a volver a empezar la misma vida de privaciones y de humillaciones, porque nada habrá cambiado para entonces: el sistema capitalista seguirá oprimiéndoos, y entonces con más crueldad, porque los burgueses estarán ansiosos de desquitarse de las pérdidas sufridas con motivo de la Revolución, y vosotros seréis los que pagaréis los vidrios rotos.

Hermanos de miseria y de infortunio: ¡ahora o nunca!

¡A expropiar!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 76, 10 de febrero de 1912