No hay que esperar

 

Nuevamente ha tomado grandes vuelos el movimiento revolucionario; los combates entre rebeldes y las fuerzas federales se multiplican en todos los ámbitos del país; el grito de todos los rebeldes, aun de los rebeldes políticos, es ¡Tierra! Un grupo de conjurados de la ciudad de Chihuahua, capital del estado del mismo nombre, encabezados por el profesor Braulio Hernández,[i] lanzaron un manifiesto a la Nación que comienza de esta manera: “1.— El Lema de nuestra bandera es Tierra y Justicia”. Por supuesto que, como políticos, todo lo dejan para “después del triunfo”.

No hay que dejar nada para “después del triunfo”. El triunfo debe ser precisamente la expropiación de la tierra y de las industrias por el proletariado durante el presente movimiento. Así, pues, proletarios, no os dejéis seducir por palabras: a los hechos. Puesto que el lema de los vazquistas es “Tierra y Justicia”, a tomar desde luego posesión de la tierra, y si se oponen vuestros jefes y oficiales a que llevéis a cabo ese acto de verdadera justicia, fusiladlos. Sí, fusiladlos para ejemplo de embaucadores.

Es necesario pensar seriamente en el problema de la subsistencia. Los almacenes, trojes, etcétera, etcétera, están agotando sus existencias rápidamente. Dentro de pocos meses, el hambre se dejará sentir, y es preciso que los trabajos no se paralicen; pero también es preciso que no continúen siendo regidos por el sistema capitalista. En consecuencia, revolucionarios, hay que poner las haciendas en manos de los peones, con todas las provisiones e implementos de trabajo que haya en ellas, y lo mismo debe hacerse respecto de las fábricas, talleres, minas, etcétera, todo lo cual debe quedar como propiedad común de los obreros. De esa manera, nada faltará durante el movimiento, no habrá hambre y comenzarán a sentirse los primeros beneficios de esta lucha titánica de los pobres contra los ricos, de los hambrientos contra los hartos, y las masas beneficiadas sentirán amor hacia la Revolución generosa que trata de hacer pedazos ese triple yugo: Autoridad, Capital, Clero.

Las poblaciones que en distintas regiones de la República Mexicana tienen ya la tierra en su poder por haberla tomado por medio de la fuerza deben servir de ejemplo a las poblaciones de todo el país, para no esperar a que los embaucadores, como Vázquez Gómez, suban al poder. Hay que fijarse bien en que nadie cumple sus promesas cuando ya está en el poder. Además, si los pobres se esperasen a que Vázquez Gómez o cualquier otro bandido hiciera el milagro de dar tierra, tiempo habría y de sobra para morirse de hambre. Hay, pues, que tomar desde luego. Que todos tengan asegurado el pan, aun en medio de la guerra, hasta que se haya conseguido la total liberación del pueblo mexicano.

Tenemos confianza en el movimiento. Estamos firmemente convencidos de que, cualquiera que sea la maniobra de los políticos, no se desviará de su curso, sobre todo, si se ayuda convenientemente a los nuestros y se nos ayuda igualmente a nosotros para proseguir la propaganda de los altos ideales libertarios.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 77, 17 de febrero de 1912



[i] Braulio Hernández (1880-1940). Periodista y profesor de origen cubano. Se opuso al gobierno porfirista y organizó el club antirreeleccionista Benito Juárez de Chihuahua, Chihuahua, en 1909. Dirigió el periódico El Grito del Pueblo, órgano de esa organización. Tras la caída de la dictadura fue secretario de gobierno de Chihuahua. En 1912 se distanció del gobierno maderista, se unió al vazquismo y proclamó el Plan de Santa Rosa que desconocía el gobierno de Madero y reformulaba el Plan de San Luis. Posteriormente se adhirió al orozquismo, y cuando Pascual Orozco reconoció el gobierno de Huerta, se sumó a las fuerzas de Máximo Castillo.