Hambre de libertad económica

 

¡No más palabras sonoras!, gritan los desheredados de uno a otro confín de la República Mexicana, y, empuñando el fusil, se lanzan a la lucha por algo bien definido, por algo concreto: ¡Tierra!

Por Tierra peleó el proletariado en la revuelta de Madero, y por Tierra continúa peleando, como se ha demostrado hasta la saciedad.

El Diario, periódico burgués de la ciudad de México, dice en su edición de 5 de este mes:

Se sabe que enviados de Gavira[i] [un candidato derrotado al Gobierno del Estado de Veracruz] recorren algunos Cantones del Estado, intentando sorprender la buena fe de la humilde gente del pueblo a quien ofrecen la abolición de la contribución y reparto de bienes en el caso de que sea Gobernador del Estado de Veracruz, y como ya las elecciones están hechas y por voluntad del pueblo ha sido electo por asombrosa mayoría el Lic. Lagos Cházaro[ii] [mentira, pues en México el pueblo, por instinto, desprecia la farsa electoral], incitan los delegados gaviristas a la clase del pueblo a efectuar un levantamiento en contra del Gobierno del señor Madero, proclamando un programa de zapatismo.

El mismo periódico, en su edición del 7 de este mes, habla de la aparición de fuertes columnas revolucionarias en el Distrito de Temascaltepec, del Estado de México. Oigamos al Diario:

No son partidas dispersas, como en un principio se supuso, sino grupos perfectamente organizados de gente alzada, bien armados y equipados, que persiguen un plan revolucionario perfectamente meditado y preconcebido, pues hacen gran propaganda entre los indígenas de los pueblos, haciéndoles a la vez grandes promesas de redención y de distribución de tierras.

Nueva Era, diario maderista de la ciudad de México, dice en 6 de este mes:

Llamamos la atención del señor general Ramón Rosales,[iii] Gobernador del Estado de Hidalgo, acerca de las noticias bastante alarmantes que nos han llegado, referentes a la existencia, en la Sierra de Agua Blanca y Tutotepec, de varios individuos que diciéndose emisarios del bandido Zapata, andan recorriendo , aconsejando a los indios asalten las fincas inmediatas para proveerse de armas y caballos, atacar después Agua Blanca, Metepec y Tulancingo, robando y saqueando las casas de comercio, y apropiarse de los terrenos de las haciendas vecinas.

La Prensa, diario burgués de la ciudad de México, en su edición de 8 de este mes, al hablar del levantamiento en Santa Rosalía, estado de Chihuahua, dice: “Mil cien hombres que se encuentran en Santa Rosalía, perfectamente armados, se han pronunciado contra el Gobierno, so pretexto de la tan mentada distribución de tierras”.

Por su parte, El País, diario católico de la ciudad de México, en su edición del 9 de este mes, confirma lo asentado por El Diario, de la siguiente manera:

Los citados individuos [los revolucionarios de Santa Rosalía] se han levantado en armas contra el Gobierno del señor Madero, alegando que éste no cumplió con lo que les ofreció en la pasada revuelta. Entre sus demandas figura el reparto de tierras, que ellos aseguran fue una de las promesas que

les hizo el actual Presidente, cuando peleaban a su lado. Alegan que no depondrán las armas, hasta que no se les cumpla lo que se les ofreció.

En la misma edición de El País, se encuentra este suelto: “Se asegura también que en el Estado de Durango han ocurrido serios levantamientos y que un gran número de peones han tratado de dividirse las tierras”.

El Monitor, diario católico de la ciudad de Chihuahua, capital del estado del mismo nombre, habla del movimiento revolucionario en el estado de Michoacán: “En Michoacán ha habido serios desórdenes; pero parece que no son de carácter político y que son debidos especialmente a peones descontentos de los salarios que se les pagan, aunque algunos de ellos piden que se les den tierras”.

Entre una de las más grandes virtudes que caracterizan a la clase pobre de México descuella el odio que siente contra la Autoridad y sus agentes. No sucede en México como en los demás países civilizados, que la Autoridad infunde respeto. En México se odia cordialmente a los jueces, carceleros, polizontes y gobernantes. Ese odio se ha recrudecido ahora por todo el país, al verse que el cambio de personal en el gobierno no significa cambio en las condiciones económicas de la clase trabajadora. El Diario dice en su edición de 4 de este mes al referirse al descontento que reina en el estado de Oaxaca: “El Gobierno del señor Juárez Maza[iv] cada día se hace más impopular, debido a que el actual funcionario no ha cumplido con sus promesas, tales como la supresión de jefaturas, el reparto de terrenos, etc.”

Piden tierras los vecinos del pueblo de Reyes Metzontla, estado de Puebla; de Abasolo, estado de Coahuila; de Ayotlán, Tepeala, Jamay, San Pedro Itzican, Zula, Santa Cruz, Poncitlán, San Luis del Agua Saliente, Ascatán, Santiago, Otatán y Mezcala, estado de Jalisco; Villa de Reyes, estado de San Luis Potosí, y otros muchos, demostrando, aunque pacíficamente, el ansia de libertad económica de que está poseído el pueblo mexicano.

El Gobierno está tan preocupado que anuncia en sus periódicos que muy pronto se harán repartos de tierras. En Coahuila, según El Monitor de 6 de este mes, “ha mandado una comisión viendo a algunos hacendados para que cedan sus propiedades, o parte de ellas, para que sean repartidas entre los agricultores pobres, mediante el pago que de ellas haga el Gobierno Federal”.

Esto, naturalmente, no resuelve el problema, y solamente servirá para que los proletarios, teniendo más confianza en su propia fuerza al ver que el Gobierno tiembla y empieza a ceder, se apresure a tomar en vez de pedir.

En el estado de Jalisco, uno de los más importantes de la República Mexicana, los campesinos están, de hecho, en posesión de tierras, y otros, los pacíficos, escogen desde ahora los terrenos que son más de su agrado esperando el día del reparto. He aquí lo que dice Nueva Era, de 5 de este mes:

Para nadie era materia de duda, que la idea del reparto de tierras fructificó en diversos lugares de Jalisco; y que había muchos entusiastas de esa idea, lo probaban diversos sucedidos, tales como el establecimiento de campesinos en predios que no eran de su propiedad, pero que como suyos disputaban, y las medidas que otros andaban tomando por las haciendas, señalando a cada uno para el día del reparto.

Madero, tristísimo, o mejor, desesperadísimo ante la agonía de su efímera popularidad, declara que el Problema Agrario no puede ser resuelto en unos cuantos meses, porque es necesario que todo se tramite ante las cámaras legislativas, y pide prudencia y paciencia a los que se mueren de hambre…

Pero ya nadie cree en el farsante que soñó ser otro Díaz por medio de la política del engaño, primero, y del terror, al fin. La Revolución es la mejor prueba de que el pueblo no quiere palabras, sino pan. Aunque bajo distintas banderías, lucha y persigue como una conquista inmediata la expropiación de la tierra de las manos de los ricos, nacionales y extranjeros.

El deber de los libertarios es encauzar todavía mejor ese hermoso movimiento. No desmayemos; no perdamos la fe. ¡Adelante!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 78, 24 de febrero de 1912



[i] Refiérese a Gabriel Gavira Castro (1867­1956). Artesano, militar y simpatizante maderista originario de la ciudad de México. Establecido en Orizaba, asistió como delegado a la Convención Antirreeleccionista de 1910. Tras un intento fallido por dinamitar el cuartel militar de San Antonio, Ver., Madero lo nombró jefe de la Revolución en Veracruz. Se postuló a la gubernatura del estado en 1912, y fue derrotado por Francisco Lagos Cházaro; se levantó en armas contra el gobierno de este, y fue aprehendido y enviado a San Juan de Ulúa. Tras el cuartelazo de la Ciudadela se refugió temporalmente en Cuba. A su regreso se afilió al constitucionalismo. Hizo carrera en el ejército hasta la década de 1930.

[ii] Francisco Lagos Cházaro (1878-1932). Abogado y político veracruzano. Se adhirió al movimiento antirreleccionista en 1909. Al triunfo de la revolución maderista fue gobernador de Veracruz y posteriormente presidió el Supremo Tribunal de Justicia de Coahuila. Desconoció el gobierno golpista de Huerta y se afilió al constitucionalismo en las filas comandadas por Francisco Villa. Se desempeñó como secretario particular de Roque González Garza. Fue nombrado Presidente de la República por la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes en 1915. Luego de la derrota de los ejércitos convencionistas se exilió en Centroamérica. Regresó a México tras la muerte de Venustiano Carranza.

[iii] Ramón Rosales. Sociólogo y filósofo, oriundo de Pachuca, Hidalgo. Opositor a Díaz, fue confinado a la cárcel de Belem en 1893. Fundador de la Corporación Patriótica Privada en 1900, que adoptó los principios del Congreso Liberal de San Luis Potosí de 1901. En enero de 1910 era vicepresidente del club antirreeleccionista Benito Juárez de Hidalgo. Comprometido a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910, fue descubierto y aprendido el día 13, siete días antes de la fecha, junto a Jesús Silva y Francisco Noble. Fue nombrado gobernador interino de Hidalgo en 1911, se retiró del cargo para competir por el cargo constitucional en 1913 apoyado en el club Rosalista. Ganó la elección que debía asumir el 1 de abril, pero lo impidió el golpe de febrero de Victoriano Huerta, cuando se hizo de la gubernatura el huertista Agustín Sangis.

[iv] Benito Juárez Maza (1852-1912). Abogado y político oaxaqueño, hijo de Benito Juárez. Durante los primeros años del gobierno porfirista se inició en la carrera diplomática, por lo que ocupó cargos en las legaciones mexicanas de Estados Unidos, Francia y Alemania. Fue diputado al Congreso de la Unión en varias ocasiones, representando al territorio de Tepic y a los estados de México y Oaxaca. Luego de la entrevista DíazCreelman (1908) participó en la fundación del Partido Democrático. En 1910 el Club Central Antirreeleccionista de Oaxaca lanzó su candidatura al gobierno del estado y fue derrotado. Tras el triunfo de la Revolución Maderista fue electo gobernador. Su breve gestión se caracterizó por la inestabilidad política y los levantamientos campesinos encabezados por Che Gómez, mismos que reprimió con mano de hierro. Su muerte repentina permitió a la vieja oligarquía porfiriana hacerse con el control del estado.