En defensa de los mexicanos

 

De la cárcel de Abilene, Kansas, sacan a los mexicanos prisioneros para llevarlos a los teatrillos a que toquen algún instrumento, si saben música, resultando un negocio bastante productivo a polizontes y empresarios de diversiones. Esto sucedió al mexicano Samuel Moreno, que se encuentra preso en dicha cárcel. Un empresario lo sacó una noche a un teatrillo, lo hizo tocar hasta deslomarse, y, en pago, ya en camino de la cárcel, le compró cinco centavos de maíz tostado…

 

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Varios trabajadores mexicanos residentes en Hastings, Colo., nos comunican que hubo una explosión en una de las minas de la compañía denominada “The Victor American Fuel Co.”, pereciendo treinta mineros mexicanos. Los deudos de esos mártires del sistema capitalista pidieron indemnización a la Compañía, pero ésta no hizo aprecio;

¡se trataba de mexicanos! Entonces, las inconsolables familias ocurrieron al Cónsul mexicano residente en Denver, Colo., y el Cónsul, representante de un Gobierno, y por lo mismo, celoso guardián de los intereses de la clase capitalista, no ha dado paso alguno para que esas desamparadas familias reciban algo de lo mucho que, con su trabajo y con su sacrificio, produjeron los pobres mexicanos víctimas de la explosión. Mientras los trabajadores no sean los dueños de la tierra y de las industrias, siempre habrá espectáculos tristísimos como el que relatamos. Mexicanos: en México se libra el gran combate contra el Capital; ¡volad a uniros con aquellos valientes, pero no para elevar mandones, sino para tomar posesión, por la fuerza, de todo cuanto existe!

 

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En Amarillo, Tex., la Autoridad distingue con su odio a los trabajadores mexicanos. ¿Se roba alguien una gallina, una prenda de ropa o cualquier porquería? pues, a catear las casas de todos los mexicanos, ultrajando mujeres, atropellando niños porque ya se sabe que los llamados agentes del orden no son otra cosa que promotores de desórdenes. En cambio, cuando algún americano comete un atentado contra un mexicano, todos se hacen de la vista gorda. Los trabajadores mexicanos Tomás Astorga,[1] Manuel Chávez y Salvador Hernández fueron víctimas de un grave atentado por parte de unos americanos la noche del día 7 de este mes, en la Casa Redonda, de Amarillo, donde trabajan de noche. Llegaron a su trabajo a la hora de costumbre, en la noche, y pusieron sus “loncheras” en un lugar en que acostumbraban hacerlo siempre. Como a las doce de la noche se dispusieron a tomar algún alimento; pero apenas habían dado los primeros bocados, sintieron un gran malestar y no pudieron continuar su comida. Uno de los trabajadores, Tomás Astorga, estuvo a punto de fallecer. El médico dijo que se había tratado de envenenarlos, y prometió a los enfermos poner el caso en conocimiento de la señora Autoridad. Por demás es decir que el crimen ha quedado perfectamente impune, porque las víctimas son pobres trabajadores mexicanos, y los victimarios, señores americanos.

 

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Recibimos de nuestro estimado compañero J. R. Lándrum,[2] para su publicación, lo siguiente:

A la Honorable Sucursal no. 27 de la Agrupación Protectora Mexicana, Roswell, N. Mex.— Honorable Agrupación: —Sabiendo que vuestro lema es “Protección a los mexicanos residentes en los Estados Unidos”, paso a exponer lo siguiente: A los niños mexicanos residentes en Lakewood, N. Mex., Condado de Eddy, no les es posible asistir a la escuela pública de dicho lugar porque son vejados, perseguidos y apedreados por los niños americanos. Ahora se trata de multar o encarcelar a los padres de los niños mexicanos si no los obligan (a los niños) a asistir a la escuela. Para pruebas puede la Honorable Agrupación dirigirse al señor Guadalupe Estavillo, de Lakewood, N. M., ó al que esto escribe. —De Uds. S. S.— J. R. Lándrum.

 

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El compañero José Luna,[3] residente en Lehigh, Okla., se queja de que una casa de comercio que gira en Kansas City bajo la dirección de un Bernardo López no le ha atendido. En 9 de diciembre anterior giró el compañero Luna a favor de dicha casa cierta cantidad de dinero para que se le remitieran algunos efectos. Los efectos no llegaron; entonces Luna reclamó su dinero, y hasta la fecha ni dinero ni efectos recibe. Nos asegura Luna que a los americanos los atiende bien esta casa; pero a los mexicanos no. Ejemplo: el caso de Luna.

 

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Tres trabajadores mexicanos, entre quienes se encontraba el apreciable compañero Vidal Gallegos Nieto,[4] fueron a pasear a un pueblo de Texas denominado Sweetwater. Teniendo sed se dirigieron a un puesto de aguas frescas. Los americanos dueños del comercillo se negaron a venderles, por el único delito de ser mexicanos.

 

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Ahora le toca su turno a un burgués mexicano. Se llama Casimiro Soto y es dueño de una casa de asistencia en Houston, Tex., 311 Caroline St. Este negociante paga con despedirlos de la casa a los pobres mexicanos que tienen la desgracia de alquilarle sus brazos. Si se le hace alguna observación, llega hasta las vías de hecho. Dice que él puede mandar a la cárcel a cuanto mexicano quiera, pues asegura que tiene comprada a la policía con cerveza. Lo cierto es que en estos momentos se encuentra preso un pobre trabajador por causa de ese negrero.

 

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Nuestros hermanos presos Pedro Solís, Fernando Palomares, Rosendo A. Dorame, Silvestre Lomas y Pedro Perales, están sufriendo injustamente un prolongadísimo encierro. En números pasados nos hemos dirigido a la Agrupación Protectora Mexicana, llamando su atención sobre la situación de dichos honrados y dignos mexicanos. No sabemos si dicha Agrupación habrá dado ya los primeros pasos en pro de dichas víctimas de la tiranía de este país. Entretanto, el tiempo pasa, pasa, pasa. Los compañeros que deseen ayudar con algo a dichos camaradas pueden dirigirse directamente a ellos. Pedro Solís, County Jail, Los Ángeles, Cal.; Fernando Palomares, Rosendo A. Dórame y Silvestre Lomas, County Jail, El Paso, Tex.; Pedro Perales, County Jail, Mafa, Tex.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 78, 24 de febrero de 1912

 



[1] Tomás Astorga. Miembro del Grupo Regeneración Praxedis G. Guerrero de Amarillo Texas, instalado en abril de 1911.

[2] Joel R. Lándrum. Minero. En agosto de 1911 residía en Lakewood, N. M., donde instaló el Grupo Regeneración William Stanley. Posteriormente se trasladó a Carlsbad, Nuevo México. Autor de Memorias de un liberal, en las que describe su paso por el ejército de Pascual Orozco, en 1912 hasta la batalla de Rellano. De la llegada de las tropas a la Quinta Carolina, propiedad de Luis Terrazas, escribió: “Confieso que nunca en mi vida nada me había dado tanta satisfacción que ver a los soldados entrar con botas y espuelas llenas de lodo a pisotear aquellas hermosas alfombras, hechas solamente para sentir el blando pisoteo de las bellas y aristocráticas damas de la sociedad Chihuahuense”. Lándrum llegó a Los Ángeles a mediados de septiembre de 1912 y se integró al equipo de Regeneración. La última de sus colaboraciones apareció el 12 de octubre de 1912. Al término de la administración de Romero Palacios, Lándrum desapareció de sus páginas.

[3] José Luna. Miembro del Grupo Regeneración Libertad o Muerte de Lehigh, Oklahoma, desde 1911. En febrero de 1913 procreó hijas gemelas con Luisa Zamarripa, a las que pusieron por nombre Luz y Aurora.

[4] Vidal Gallegos Nieto. Residente en Sweetwater, Texas. Jornalero. En 1912 realizó varias aportaciones económicas a Regeneración.