¡Pobres de los pobres!

 

El servicio militar obligatorio que comenzará el primero del próximo marzo, afectará solamente a los pobres. Los burgueses, los hijos de los burgueses, los ministros de cualquier culto religioso, todos esos parásitos están excluidos de prestar sus servicios como soldados.

Esta inicua ley condena, por lo mismo, a los trabajadores, a tomar las armas para la defensa del Gobierno y del capitalismo; pero esta ley ha sido como el acicate clavado en los hijares del pueblo para decidirlo a lanzarse francamente a la Revolución. Mientras más cercano está el primero de marzo, con mayor fuerza arde el fuego revolucionario. ¡Benditas sean las imprudencias de la Autoridad, ya que ellas obligan a rebelarse aun a los más mansos!

Forzados a empuñar el arma, los proletarios, naturalmente, prefieren estar con los suyos, luchar por su clase, en lugar de hacerse matar por sostener a la Autoridad en beneficio de la burguesía.

El día primero de marzo se encontrará el gobierno con que han desaparecido de los pueblos y de las ciudades todos los varones. Entonces, los burgueses y los hijos de los burgueses se verán obligados a tomar ellos mismos las armas para defender sus intereses, y eso será lo más razonable, porque ¿por qué se ha de obligar al desheredado a que tome un fusil para sostener precisamente lo que lo aplasta, que es la Autoridad, y, lo que lo explota, que es la burguesía?

¡A luchar, pues! Pero tened entendido, mexicanos, que todo Gobierno necesita soldados para sostenerse y salvaguardar los intereses de la clase capitalista, los pobres tendrán que verse obligados a ingresar a los cuarteles para defender a sus amos. Es, pues, necesario luchar contra la Autoridad, ya esté ésta representada por Madero, por Vázquez Gómez o por cualquier otro individuo, y el mejor modo de triunfar sobre ella es llevar a cabo la expropiación de todos los bienes que están en las garras de la burguesía, pues cuando la clase trabajadora sea dueña de esos bienes, no tendrá necesidad de sostener ejércitos: entonces, cada trabajador será un soldado de su propio interés. ¡A expropiar desde luego!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 78, 24 de febrero de 1912