¡Muera el vazquismo!

 

¿Qué ofrece Vázquez Gómez? Lo mismo, exactamente lo mismo que ofreció Madero: algunas reformas a las leyes, restitución de las tierras a los que fueron despojados de ellas durante la Dictadura de Porfirio

Díaz, venta de terrenos a los agricultores pobres y… nada más, y todo eso mediante la aprobación de las cámaras legislativas y la intervención, según el caso, de los llamados tribunales de justicia.

¿Salvará eso de la esclavitud económica y política al pueblo mexicano? Evidentemente que no. La reforma de las leyes solamente sirve para que funcione mejor el mecanismo del Estado, pues eso equivale a reemplazar por nuevas las piezas desgastadas de una máquina vieja. Por más remiendos que se echen a la ley no dejará de ser ley: instrumento de opresión para los de abajo; garantía de libertad para los de arriba en sus rapiñas y tiranías. Con reformas o sin reformas a las leyes, el Estado será siempre el mismo: perro guardián del Capital en contra de los intereses del proletariado, consiguiéndose con las reformas solamente su mejor funcionamiento.

En vez de ponerle puntales al edificio del Estado, es mejor dejar que se desplome. ¿No es un disparate proporcionar al verdugo un mollejón para que afile el hacha que ha de cortarnos el pescuezo? Si sabemos que una máquina nos tritura, ¿llegaremos hasta la locura de hacernos matar para lograr aceitarla de manera que nos triture mejor?

No; compañeros desheredados, hermanos en la miseria común; ¡nada de reformas a las leyes! ¡A destruirlas todas!

Por lo que respecta a la restitución de las tierras a todos aquellos que de ellas fueron despojados durante la Dictadura de Porfirio Díaz, como ello tiene que ser efectuado siguiéndose los trámites que las leyes determinan para esos casos, pueden estar seguras las comunidades, así como los individuos despojados de sus tierras durante la época de la Dictadura, que se morirán sin ver resueltas sus demandas por los tribunales de justicia. Las leyes tienen múltiples recursos de los cuales se aprovechan los ricos que pueden pagar inteligentes abogados para retardar los negocios judiciales hasta donde les conviene, cuando por medio del dinero no compran una sentencia favorable a ellos y en contra de los pobres, saliendo éstos perjudicados siempre, a pesar de que la Constitución Política de 1857 proclama la igualdad ante la ley. Los despojados tendrán que gastar inútilmente el dinero en pago de abogados, así como en estampillas para cada foja de los expedientes judiciales, hasta que, desesperados, vuelvan a tomar las armas para hacerse justicia, como debe ser, por su propia mano, comprendiendo entonces, bastante tarde por cierto, cuán inútil fue el sacrificio de tantas vidas, el correr de tantas lágrimas por no haber confiado en el poder de sus armas la resolución de sus querellas contra la burguesía.

No; compañeros desheredados, hermanos en la común miseria; no dejemos que la canalla gubernamental resuelva nuestros problemas. Nosotros mismos tenemos que resolverlos a sangre y fuego. ¡A continuar la expropiación durante el movimiento actual!

La venta de terrenos a los agricultores pobres envuelve una burla que debemos rechazar enérgicamente. Para obtener tierra por medio de dinero, hoy mismo puede hacerse y sin necesidad de derramar una gota de sangre… basta con tener el dinero.

Como se ve nada de esto resuelve el Problema del Hambre, y es preciso ser más radicales en la demanda y en la acción. Todos, mexicanos, tenemos derecho a la tierra y sin que nos cueste un solo centavo, porque nadie tiene el derecho de hacérsela pagar. La tierra es nuestra madre común y no puede ser objeto de especulaciones de ninguna clase, como nadie tiene derecho a acaparar el aire y los rayos del sol en perjuicio de los demás. La tierra nos pertenece a todos, porque de ella nacieron los primeros organismos que en el transcurso de los siglos de los siglos han dado su más bello fruto: la Humanidad, y, comprendiendo esta verdad, ¿por qué hemos de humillarnos hasta el extremo de tener que comprarla? ¡Arrebatémosla virilmente de las garras que la detentan, aunque se nos pasen por los ojos los amarillentos papelotes que “justifican” la propiedad! ¡A quemar todos los archivos! ¡A reducir a cenizas todos los librotes de leyes! ¡Tened confianza en vuestros puños, esclavos! ¡Contaos: sois millones, mientras vuestros verdugos son un puñado que podéis aniquilar en un segundo!

Y al que se oponga a la expropiación: ¡fusiladlo! Al que os diga que después del triunfo se os va a poner en posesión de la tierra: ¡fusiladlo! Al que nombre autoridades en los lugares conquistados: ¡fusiladlo!

Fusilad a todos esos, porque son ambiciosos. ¡Muera la Autoridad!

¡Muera el Capital! ¡Mueran los jefes!

De esta manera, mexicanos, podréis estar seguros del triunfo que no será la elevación de ningún hombre a la Presidencia de la República, sino que consistirá en la toma de posesión, por medio de la fuerza, con el hierro y con el fuego, de la tierra, de las aguas, de los bosques, de las minas, de las fábricas, de las fundiciones, de los talleres, de las casas, de los ferrocarriles, de los barcos, de todo lo que hoy retienen unas cuantas manos para aniquilarnos a los pobres, y que serán, en poder de todos, fuente inagotable de bienestar y de libertad.

¡Viva Tierra y Libertad! ¡Muera el vazquismo!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 79, 2 de marzo de 1912