Las hazañas de Vázquez Gómez

 

Emilio Vázquez Gómez es otro Francisco I. Madero, sólo que un poco más viejo. Vázquez Gómez, como Madero antes de su revuelta, en su revuelta y después de su revuelta, no tiene más que un solo pensamiento: llegar a ser Presidente de la República Mexicana.

Para llegar al objeto deseado, Vázquez Gómez recurre al engaño, como Madero lo hizo: promete, promete y más promete al pobre pueblo, y, también como Madero, por medio de sus agentes dice a los oprimidos que nosotros, los libertarios,  estamos de acuerdo con él para hacer la Revolución.

Hay un rasgo en la vida política de Emilio Vázquez Gómez que debe ser sabido por todos, para que se comprenda la clase de hombre que es ese viejo ambicioso. Por mayo de 1910, unos candorosos compañeros nuestros que habían logrado a fuerza de paciencia, de abnegación y de audacia formar una red de grupos revolucionarios en los estados de Puebla, Hidalgo, Michoacán, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz y Oaxaca, cometieron el error de hacer un viaje a la ciudad de México para poner en conocimiento de Emilio Vázquez Gómez, que entonces era Presidente del Centro Antirreeleccionista, sus planes revolucionarios. Pocos días después estaban ya en la cárcel los inocentes compañeros y desbaratada la organización revolucionaria del Partido Liberal Mexicano.

Vázquez Gómez quiso demostrar al gobierno de Porfirio Díaz que era él un hombre de paz, con lo que pudo, en compañía del farsante Madero, ganarse la confianza del tirano, cosa que les permitió poder conspirar contra Díaz con más holgura, al mismo tiempo que desbarataban nuestra organización a la que siempre habían visto con recelo por no avenirse a componendas políticas de ninguna clase.

Este rasgo sirve para pintar al hombre. No vaciló en poner al borde de la tumba a hombres que habían depositado en él su confianza, que, si algún delito habían cometido, era el haber creído que él, Emilio Vázquez Gómez, era un hombre honrado, incapaz de una traición que en aquella época, como en la actual, podía dar como resultado el asesinato oficial de los conspiradores.

Ahora estamos seguros de que Vázquez Gómez va a ordenar a sus esbirros que se extermine a las columnas libertarias que se encuentren a su paso, valiéndose de la misma táctica que empleó Madero: la de sorprender la buena fe de los nuestros para desarmarlos en un momento oportuno. Pero esperamos que la experiencia de los nuestros impedirá que esas traiciones se lleven a cabo.

Así, pues, compañeros que andáis sobre las armas, desconfiad de los vazquistas; no os dejéis sorprender; estad siempre alerta, y, siempre que podáis, velad el sueño de los jefes y oficiales vazquistas para desarmar a sus esbirros y aprovecharos de sus elementos.

No olvidéis igualmente que uno de los medios más seguros de obtener armas y municiones es declararos vazquistas o maderistas, para que los vazquistas o maderistas os den armas, y después, en la primera oportunidad, separaos de ellos para luchar por Tierra y Libertad.

Vázquez Gómez engaña a los nuestros para triunfar y tiranizar al proletariado. Engañémosle para implantar nuestros principios; engañémosle para obtener los elementos necesarios para aplastar al Capital.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 79, 2 de marzo de 1912