Pablo N. Sánchez

 

Los mejores siguen cayendo. La virgen tierra mexicana sigue recibiendo el riego de la generosa sangre de los nuestros. El 18 de febrero último murió cerca de Apizaco, estado de Tlaxcala, a manos de la burguesía, nuestro querido compañero Pablo N. Sánchez, quien hacía poco se había levantado en armas llevando como base de su acción revolucionaria los principios proclamados en el Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911.

Pablo N. Sánchez era un verdadero revolucionario. No tenía otra ambición que ver algún día convertida la tierra en un mundo mejor para la humanidad. Él no quería nada para sí. Verdadero libertario, despreciaba la gloria y las riquezas y los honores. Regeneración en mano, recorría ranchos y poblados, y desheredado él mismo, fraternizaba con los desheredados, prendía nobles esperanzas en sus corazones e ideas luminosas en sus cerebros. Muchos fueron los que conocieron a Pablo en el estado de Tlaxcala; muchos fueron testigos de su vida de abnegación y de martirio.

Pablo N. Sánchez, compañeros, murió a manos de los burgueses. Ellos nos deben esa vida fecunda; ellos, los ladrones, arrebataron a la causa del proletariado la energía, el valor y la inteligencia de ese gran luchador. ¡No lo olvidemos, hermanos! ¡Mueran los burgueses! ¡Muera la Autoridad! A tomar las haciendas de esos bandidos asesinos del valeroso campeón de los humildes y a ajusticiarlos!

Desheredados de Tlaxcala: imitad a Pablo N. Sánchez. Él murió por conquistar vuestro bienestar y vuestra libertad. ¡Arriba todos!

Pablo era trabajador como vosotros, sus honradas manos que habían movido el telar y sabían, también, manejar el pico y la pala, eran dignas de portar la gloriosa Bandera Roja y murió como los buenos sosteniéndola bien alto. Ahora, Pablo no existe; pero queda su recuerdo: ¡honradlo procurando ser como él fue!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 80, 9 de marzo de 1912