Por la libertad económica

 

La tierra sigue cayendo en manos de los proletarios de todo el país, a pesar de que las banderías burguesas hacen esfuerzos desesperados para evitar lo que ellos llaman “atentados” contra la propiedad.

Los proletarios no quieren esperar a que suba un bandido a la Presidencia de la República para que les llene el estómago; los desheredados, cansados de ser engañados por cuento bribón aspira a ser gobernante, toman en lugar de pedir, y hacen bien.

El Imparcial, de 23 de febrero, publica las noticias que le envía su corresponsal en Guadalajara, estado de Jalisco, con fecha de 21 del mismo mes. Dice:

Hoy en la noche, cerca de 40 alzados de la comunidad de Ocotlán, se dirigieron a la hacienda de El Fuerte, situada en las márgenes del lago de Chapala, e intimaron a los propietarios para que, en el término de tres días, dejen sus propiedades a los rebeldes y se proceda a un reparto de tierras.

El País, en su edición del 24 de febrero, habla del movimiento revolucionario en el estado de Oaxaca y tiene una parte que dice así: “Han llegado noticias a esta ciudad de que Juxtlahuaca y Silacayoapan han sido asaltados por varias partidas de revolucionarios que se encuentran posesionados de las tierras de las Mixtecas”.

El Imparcial, de 25 de febrero, trae una relación de los últimos sucesos revolucionarios en el estado de Durango. Su corresponsal en la ciudad de ese mismo nombre, capital del estado, dice:

Otros rebeldes que asaltaron la hacienda de El Álamo y se posesionaron de ella, se han llevado ganado por valor de ocho mil pesos. Calixto Contreras[1] les ordenó que no siguieran disponiendo de las semovientes y entonces los revolucionarios se apoderaron de los terrenos de la hacienda. Se tienen noticias de que los rebeldes de Peñón de los Baños, entre los cuales es el principal Castellanos, tendrán hoy una junta en Cuencamé presidida por Calixto Contreras a fin de ser repartidos los terrenos de la hacienda de El Álamo y otras dependencias de Santa Catalina.

El Diario, de 26 de febrero, publica el siguiente telegrama procedente de su corresponsal en Puebla: “Hace cinco días que 150 bandoleros están posesionados de la hacienda El Rincón, administrando ellos mismos la finca y haciendo uso de las habitaciones. Los dueños y dependientes se encuentran en esta ciudad (Puebla) y hasta hoy el gobierno no se ha preocupado por mandar fuerzas para desalojarlos”.

Lo anterior demuestra que no es necesario que sean sabios los proletarios para organizar la producción y el consumo en común.

El Imparcial, de 26 de febrero, publica lo siguiente: Cuernavaca, Febrero 25.— El General Leyva,[2] ex-gobernador de Morelos que se encuentra aquí desde hace varios días, declaró hoy que trae una misión oficial del señor Presidente de la República y del señor Ministro de Fomento para arreglar las reclamaciones de los sublevados por asuntos de tierras.

Nueva Era, de 2 de marzo, dice que el cabecilla Bañuelos se ha levantado en las Tembladoras, estado de Veracruz, y agrega: “Lleva consigo sesenta hombres mal armados y a quienes ha ofrecido tierras y posesiones si triunfa la revolución”.

La Prensa, 2 de marzo, da a conocer la opinión de un ex revolucionario, Antonio Adame Macías,[3] sobre la manera de sofocar el movimiento revolucionario. Dice Macías:

Al mismo tiempo que se emprende una lucha enérgica (contra las guerrillas revolucionarias), sería bueno devolver sin tardanza, los terrenos robados durante la época porfiriana. En Durango casi no se pelea por otra cosa, y sus tierras piden los indios de Cuencamé, que manda el ex-maderista Calixto Contreras.

El Imparcial, de 3 de marzo, publica el siguiente mensaje de su corresponsal en Oaxaca, fechado el día 29 de febrero:

La misma fuerza que, como comuniqué, salió para la hacienda de Jalapilla, de donde regresó sin haber dado alcance a los sublevados de Etla, volvió a partir anoche a las doce para la cercana Hacienda Experimental Agrícola, pues el director de dicha finca pidió auxilio al gobierno del Estado, manifestando que estaban por asaltar la hacienda esa misma noche individuos del vecino pueblo de San Antonio de la Cal que constantemente la están amagando y se han venido apropiando de los terrenos de aquella.

El País, de 3 de marzo, hace la historia del despojo de sus montes que sufrieron los vecinos del pueblo de Santa María, estado de Morelos, cosa que, dice el periódico, “indignó a los indígenas y de allí el levantamiento de ellos”.

El País, de 6 de marzo, hace observar que el movimiento revolucionario en el estado de Oaxaca es de mucha importancia, pues todos los pueblos, aun los más pequeños, reclaman el cumplimiento de las promesas hechas por Madero. Entre los revolucionarios, menciona a Librado Guzmán, a quien pinta con oscuros colores porque es expropiador y dice en parte: “y como dicho cabecilla obra conforme a la doctrina de Zapata, en donde quiera se le conoce como un fiel servidor del jefe revolucionario de Morelos, y por lo mismo, incansable propagador del zapatismo en el Estado”.

El Paladín, publica un largo artículo bajo el siguiente encabezado: “El falseamiento del Plan de San Luis por lo que respecta a la cuestión agraria, justifica la anarquía reinante”. Sabido es que los burgueses, por mala fe o por ignorancia, dan el nombre de anarquía a una situación caótica, cuando en realidad la anarquía es el verdadero orden basado en la libertad y el respeto mutuo; pero pasando por alto la ignorancia o la mala fe de El Paladín, hay que hacer constar que, como otros muchos periódicos burgueses, considera que hay Revolución porque el pueblo no tiene tierra, y aboga porque cuanto antes se satisfaga esa necesidad colectiva. Para terminar, dice lo siguiente:

Sólo así (dando tierra a los pobres) quedará solucionado dicho problema, factor de la actitud hostil de los pueblos que levantándose en armas ejercitan sin saberlo y sin darse cuenta de ello el principio sustentado por el Lic. Pablo Macedo,[4] de que EL DERECHO SOLO ES PATRIMONIO DE QUIEN ES BASTANTE FUERTE PARA CONQUISTARLO Y DEFENDERLO, SIENDO NECESARIO QUE LOS VASALLOS Y LOS PECHEROS SE HICIERAN FUERTES Y POR LA FUERZA SE HICIERAN RESPETAR PARA QUE SE LES RECONOCIERAN SUS DERECHOS AQUELLOS QUE EN UN PRINCIPIO ERAN LOS ÚNICOS FUERTES, y si sus demandas de que sean conducidos A LAS TIERRAS PROMETIDAS se quieren acallar con el incendio y el cañón, no quedará un solo habitante adicto al gobierno y las tentativas de pacificación serán costosas y estériles causándose la total ruina de los Estados.

La Prensa, hace un resumen de los programas de las diferentes banderías que están en lucha contra el gobierno de Madero, y se tira contra los revolucionarios de la siguiente manera: “En estos siete planes, sólo hay un plan uniforme, el de robar a los que tienen, el de matar a los que viven sobre el nivel popular, etc., etc”.

Ya sabemos que los burgueses llaman a los revolucionarios ladrones y asesinos, porque arrebatan de las manos de los capitalistas lo que han robado al pueblo para ponerlo en las manos de proletarios. Como ejemplo cito el acto de unos revolucionarios del estado de Durango, que consigna El País: “Últimamente se recibieron noticias de que en la hacienda Boca de Avino, entró una partida de treinta hombres que robaron las pequeñas tiendas que existen para proveer de comestibles a los jornaleros que trabajan en la mencionada finca”.

Ya ve La Prensa que no son tan malos los llamados “bandidos”.

El País, explica la causa del movimiento en el estado de Guanajuato y en todo el país. Todo se explica porque el proletariado no ha recibido la tierra. Dice así:

era imposible [para el gobierno] disponer de las propiedades legítimamente adquiridas, despojando a sus dueños y el repartimiento de las tierras no se ha llevado ni se llevará a cabo […] Ellos [los proletarios] que no leen porque no saben leer, sí saben que su condición sigue tan miserable como antaño ó más miserable aún, y protestan a su modo, con grave trastorno del orden público en Guanajuato, como en todo el país, los levantamientos de gentes que no han leído jamás un periódico, continúan multiplicándose.

El Imparcial, publica un estudio sobre la cuestión agraria, firmado por el señor José L. Cossío.[5] Este señor dice que es imposible que el gobierno deje satisfecho al pueblo con su proyecto de vender tierras, y afirma que, por ese motivo, “seguirá el malestar y seguirá la guerra a la propiedad”. Sigue hablando el señor Cossío: “Hago esta afirmación porque tengo la conciencia íntima que la revolución iniciada el año pasado, tuvo éxito debido en gran parte, al repartimiento de los ejidos, y que no terminará mientras no se den tierras a los pueblos”. El señor Cossío se refiere al hecho de que los ejidos de los pueblos fueron repartidos con el perverso fin de que los grandes terratenientes acaparasen a la vuelta de los años esas tierras, despojando de ellas a los pequeños cultivadores impotentes para luchar ventajosamente contra la gran propiedad. Todos los pueblos tenían tierras llamadas comunales para el uso de los vecinos no estando sujetas esas tierras a comercio alguno; pero al dividirlas el Gobierno y al adjudicarlas por fracciones a los vecinos, pronto cayeron en manos de los hacendados.

Sigue hablando el señor Cossío:

Según los datos publicados por esa secretaría [el Ministerio de Fomento] de 1877 a 1905, se expidieron 19 983 títulos por fraccionamiento de ejidos, amparando una superficie de 582 237 hectáreas. Y como todos ó la mayor parte de los beneficiados han perdido esos terrenos, puede decirse que por este capítulo, se han hecho 20 000 familias enemigas de la propiedad.

La Prensa dice:

La Dictadura dejó que el hambre se constituyera institución de primer orden entre las clases pobres, entregándolas además, en gran parte, a desórdenes usurarios y a privilegios otorgados extralegalmente a las clases ricas. Si han durado ocho meses las depredaciones  de los guerrilleros, durarán treinta años las depredaciones de los jueces contra las clases populares, en materia de trabajo y de propiedad.

Todos los periódicos que he citado ven la luz en la ciudad de México. Por ellos se puede tener alguna idea de la magnitud del movimiento y de las tendencias del mismo. Se trata de tomar la tierra, fuente natural de todas las riquezas; por eso no ha terminado la Revolución, pues si bien los jefes de las diversas banderías que están en armas abrigan la ambición de llegar al poder, los soldados, la masa armada, los que no sueñan con vestir lujosos uniformes; los que no aspiran a arrastrar la espada en los salones aristocráticos; los que no quieren vivir la vida fácil del funcionario-sanguijuela, los proletarios, en una palabra, luchan y se sacrifican con el único propósito de tomar la tierra y los instrumentos de trabajo para no tener amos, para gozar del producto íntegro de sus fatigas, para que en sus hogares no asomen más su rostro siniestro el hambre, la desnudez, el frío, la ignorancia.

Bravos proletarios: ¡luchad! Esta lucha es vuestra lucha; la lucha del pobre contra el rico; la del ser libre contra la Autoridad, alcahueta de los ricos. No importa bajo qué bandera os afiliéis: lo importante es que, durante la lucha, con el arma al brazo, vayáis arrebatando la tierra, la maquinaria de producción y los víveres de las manos de los burgueses para que todo ello quede en poder de los pobres, y si vuestros jefes y oficiales se oponen a ese acto de suprema justicia, fusiladlos en el acto considerándolos como traidores a la gran aspiración de los oprimidos: la libertad económica, política y social del ser humano.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 81, 16 de marzo de 1912



[1] Calixto Contreras Espinosa (1862-1918). Agricultor y minero duranguense. Se incorporó al ejército federal por vía de la leva, hacia 1905, por denunciar el despojo de tierras en la región de Cuancamé. Se unió al maderismo en noviembre de 1910, y encabezó la toma de la hacienda Sombreretillos de Campa y otras acciones militares en la región. Tras la caída del régimen porfiriano demandó la resolución del problema agrario y se enfrentó al gobierno provisional del estado. Subordinado a las órdenes del ejército, combatió el alzamiento orozquista, pero luego se levantó contra el gobierno federal. Durante 1912 llevó a cabo algunos repartos de tierras en Durango. En 1913 se adhirió al villismo, en cuyas filas tomó parte en diversas acciones bélicas en la región de La Laguna donde alcanzó el grado de general brigadier. Combatió al constitucionalismo en distintas regiones entre 1914 y 1918.

[2] Refiérese a Francisco Leyva Arciniegas (1835-1912). Militar morelense. Secundó el Plan de Ayutla y combatió en el bando liberal durante la Guerra de los Tres Años; posteriormente hizo campaña contra la intervención francesa en Puebla y Veracruz. Combatió al imperio de Maximiliano. Tras la restauración de la República fungió como diputado por Cuernavaca (1867-1869); al término de su gestión contendió con Porfirio Díaz por la gubernatura del recién creado estado de Morelos, resultando electo como primer gobernador constitucional. Durante su gestión promulgó la primera Constitución estatal, fomentó la educación y las comunicaciones, y procuró la defensa de los derechos de los pueblos indios frente a la expansión de los terratenientes de la región. Abandonó el cargo en 1876 tras el triunfo del Plan de Tuxtepec, retirándose temporalmente de la actividad política. En 1886 fue enviado a Sonora a combatir la rebelión yaqui; a su regreso fue electo senador, cargo que ocupó hasta 1890. A principios de 1911 fue comisionado por el gobierno porfiriano para contener el alzamiento zapatista. Se entrevistó con Emiliano Zapata e intentó convencerlo de que depusiera las armas. Durante el gobierno maderista, en 1912, fue electo diputado local por Cuernavaca, cargo que no llegó a ocupar.

[3] Posiblemente se refiere a Enrique Adame Macías (1884­1913). Militar zacatecano. Se unió al maderismo a comienzos de la lucha armada, operó en la región lagunera y encabezó la toma de Parras, Coahuila, en mayo de 1911. Formó parte de la escolta personal de Francisco I. Madero. Fue encarcelado durante el golpe de Estado de Huerta, y al quedar en libertad se sumó al constitucionalismo.

[4] Pablo Macedo (1881-1918). Abogado capitalino. Miembro del grupo de los “científicos”. Secretario del Gobierno del Distrito Federal (1876­1880), director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia (1901-1904) y diputado federal (1880-1882, 1892-1894 y 1906-1911). Murió en el exilio.

[5] José Lorenzo Cossío y Soto (1864-1941). Abogado e historiador hidalguense. Presidió en varias ocasiones la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y la Academia de la Historia. Diputado suplente por Tulancingo durante el Porfiriato. En el gobierno de Madero fue miembro de la 1ª Comisión Agraria Ejecutiva, en la que expuso la necesidad de reformar el artículo 27 de la Constitución de 1857. Entre otros muchos estudios es autor de Cómo y por quiénes se ha monopolizado la propiedad rústica en México (1911).