La Bandera Roja

 

Procedente de Del Río, Texas, publica el periódico americano The Los Angeles Times, hoy 21 de marzo, un telegrama por el que se descubre que nuestros compañeros del norte del estado de Coahuila han emprendido una vigorosa campaña expropiadora.

Muchos burgueses, mexicanos y extranjeros, han llegado a la población americana de Del Río, asegurando que han sido despojados de todo por los rebeldes y que esos rebeldes llevan una Bandera Roja con las palabras Tierra y Libertad inscrita en ella.

Por diversos conductos hemos recibido noticias de nuestros compañeros expropiadores. Por esas noticias sabemos que los archivos de las oficinas públicas y los libros de contabilidad de las haciendas han sido reducidos a cenizas; las provisiones han sido puestas a disposición de los peones de las haciendas, a los que se les ha invitado a que tomen posesión de las mismas, cumpliendo así nuestros hermanos revolucionarios los altos principios de humanidad y de justicia social proclamados en el Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911.

Un compañero guanajuatense nos comunica que en aquel estado se baten valerosamente nuestros compañeros, quienes han tenido el buen sentido de tomar posesión de una vasta extensión de tierra con el fin de cultivarla, para que durante el movimiento nadie carezca de lo necesario para la subsistencia. Esos compañeros, a la vez que guerreros, son agricultores y trabajan la tierra con el fusil terciado. El compañero que dirigía las operaciones de guerra de esos libertarios, llamado Irineo Andrade, fue muerto en un encuentro con fuerzas federales en Pénjamo, importante ciudad del estado de Guanajuato.

Siete libertarios, entre los cuales figuraba nuestro querido compañero Juan F. Montero,[1] quien ahora se encuentra preso en la cárcel de Tucson, Arizona, lucharon valientemente cerca del rancho de Gallardo, estado de Sonora, contra 32 rurales. Nuestros compañeros, sin intimidarse ante el número crecido de esbirros, cargaron sobre ellos y lograron desalojarlos de sus posiciones; pero como esto sirvió para que el enemigo se diera cuenta del número de los nuestros, tocaron a rodearlos, y entonces los compañeros Montero y Ramos se dispusieron a proteger la retirada de los otros cinco compañeros, deteniendo el movimiento de los esbirros por espacio de varias horas, hasta que esos dos valientes los hicieron huir. Una densa neblina ocasionó que Montero y Ramos no pudieran encontrarse; Montero, caminando sobre la nieve, helado, con los pies y las manos inflamados, buscó refugio en los Estados Unidos, el ayer hogar de los bravos y tierra de los libres; pero hoy Bastilla para los más dignos, para los más valientes, para los más abnegados, para los mejores ejemplares de la especie humana. Y Montero se encontró con el presidio.

Nuestros compañeros de los estados de Durango y de Chihuahua cuentan con dos enemigos encima: los federales y los vazquistas; pero audaces y altivos prosiguen su campaña.

No tenemos noticias de la actividad de los nuestros en otros estados de la República, debido a la falta de comunicaciones. Todo el país se encuentra en ebullición; reina el caos y no es posible tener noticias oportunas.

¡Adelante! ¡Adelante!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 82, 23 de marzo de 1912



[1] Juan F. Montero. Yaqui. En enero 1911 organizó, en el condado de Glendale, Arizona, con Trinidad N. Córdoba y E. Vázquez, una infructuosa incursión de una guerrilla liberal de 32 hombres a Sonora. Se trasladó a Caléxico para incorporarse a la lucha en Baja California. En abril se sumó a las fuerzas de Stanley Williams en el campamento de Algodones. En mayo participó en la toma de Tijuana. Desalojados los liberales de esta ciudad por los federales el 22 de ese mes, Montero cruzó la línea fronteriza, fue detenido y recluido en la Isla Rosencrantz, cerca de San Diego. Obtuvo su libertad en julio de ese mismo año. Al mes siguiente, desde la población de Campo, California, organizó un nuevo grupo para incursionar en la Baja California y lanzó una proclama que circuló profusamente por Caléxico, misma que fue publicada en Regeneración. En ella afirmó: “Mexicanos: la Baja California no es de México. Ved quiénes son los que tienen en su poder lo más rico de la Península: son los franceses de Santa Rosalía, los ingleses de la costa del Pacífico los americanos del Distrito Norte. Para los mexicanos es la esclavitud; para los extranjeros la libertad y el bienestar. Unámonos y reconquistémonos lo que es nuestro”. A principios de agosto fue secuestrado en una herrería cercana a Campo y pasado a territorio mexicano, de donde se le envío a Ensenada. Durante un tiempo, como lo testimonia este artículo, la JOPLM creyó que Montero fue fusilado el 25 de agosto de 1911, pues ese día fue obligado a cavar su propia tumba. Al parecer, tras su secuestro logró fugarse de la cárcel de Ensenada y se internó en Arizona. En febrero de 1912, cruzó la frontera en Douglas, Arizona, con el fin de reforzar la guerrilla de Javier Buitimea. Llegó con siete liberales hasta Pénjamo, Guanajuato, donde protegió a un grupo campesino que había tomado unas tierras cuando su dirigente Irineo Andrade fue muerto por los rurales. Tras ello, Montero y su grupo marcharon a Sonora y combatieron a los federales en rancho de Gallardo. Derrotado, se refugió en territorio norteamericano el 1 de marzo de 1912. Fue arrestado en Douglas tres días después y encarcelado en Tucson. Montero fue deportado a México y recluido en la penitenciaría de Hermosillo, de donde fue liberado el 31 de agosto. Un mes después, Montero se convirtió en representante de la JOPLM en la región del Yaqui, se estableció en el cuartel general de la tribu en Torocopampo y participó en varios de los combates entre yaquis y carrancistas. El 15 de diciembre dos emisarios de la tribu hicieron llegar a la JOPLM un llamado firmado por Montero y Francisco Buelnamea, en la que solicitaban que se hable de la guerra social de los yaquis: “hablen de nosotros los pobres y olvidados indios; digan claro y fuerte que nosotros no luchamos por llevar a ningún hombre a la presidencia de la República Mexicana [que] el mundo entero sepa que a los yaquis les dan sus tierras, ó las conquistamos a sangre y fuego como ya hemos hecho en Tórin, Vícam y otros lugares del Río Yaqui”. El PLM hizo suya la causa de la tribu. El 31 de agosto de 1914, Montero fue herido cuando el general constitucionalista Benjamín Hill impedía la entrada de los yaquis a Tórin. Para septiembre de 1917, Juan F. Montero todavía encabezaba una importante guerrilla yaqui que operaba en Sonora.