Madero cuenta sus días

 

Las fuerzas federales bajo las órdenes de los generales González Salas, Téllez,[1] Trucy Aubert[2] y Blanquet[3] acaban de ser completamente derrotadas por las fuerzas revolucionarias de Pascual Orozco, en Corralitos, estado de Chihuahua. El número de federales que entraron en acción, fue de seis mil hombres perfectamente armados y equipados para una larga campaña, y con baterías de cañones de todas clases. Los revolucionarios, en número de siete mil o poco menos, estaban perfectamente armados de rifles modernos; pero su artillería es menos poderosa que la de los federales. Puede decirse que la batalla duró cinco días, pues comenzó el día 23 en Escalón donde se entabló un rudo combate, con grandes pérdidas por ambas partes; pero los rebeldes, fingiendo retirarse, atrajeron todo el grueso del ejército federal hacia Corralitos, combatiendo sin cesar. En Corralitos, los rebeldes se fortificaron perfectamente e hicieron frente a los federales para librar una batalla decisiva que resultó con la completa y vergonzosa derrota de las fuerzas de Madero. Más de mil muertos hubo por ambas partes. El general federal González Salas, ex ministro de Guerra, avergonzado por la derrota, se disparó un tiro en la cabeza, muriendo en el acto. Blanquet y Téllez, aterrorizados, huyeron a refugiarse a Torreón, siendo tal el pánico que se apoderó de ellos, que en su huida fueron destruyendo la línea ferrocarrilera para evitar que los rebeldes les dieran alcance; pero su imprudente medida ha dado por resultado que Trucy Aubert se quedase cortado del grueso de la columna, y está ahora a merced de los revolucionarios que esperan capturarlo bien pronto.

Esta importantísima función de armas es un golpe mortal al Gobierno de Madero, quien con una de sus acostumbradas precipitaciones, ha ordenado que las tropas del norte se reconcentren en la ciudad de México. Tal vez dé contraorden para prolongar por algunas semanas más la vida de su efímero Gobierno, y si esto sucede, entonces los rebeldes pondrán sitio a Torreón, y, o se rinden los federales por hambre en unos cuantos días, pues no hay en esa plaza artículos alimenticios, o tendrán que hacer un esfuerzo desesperado para romper el cerco y huir hacia el sur. En ese caso, el norte quedará libre de federales y los rebeldes marcharán hacia el sur también pisando los talones de los fugitivos, diezmándolos por el camino, y bien pocos serán los federales que lleguen a la ciudad de México.

Todo el país está sobre las armas. No hay un solo estado en paz.

Mazatlán, importante puerto de la costa del Pacífico, está en poder de los revolucionarios, quienes cuentan con el cañonero Guerrero, cuya tripulación se rebeló contra Madero. Después de un bombardeo de algunas horas, y del ataque de los revolucionarios por tierra, se rindió la plaza.

Madero pretendía escapar del país por el puerto de San Blas, igualmente del Pacífico; pero Tepic, a donde pertenece el puerto, está en armas contra Madero. El puerto de Veracruz está casi rodeado de rebeldes, y no podrá salir Madero por ese lado. Encerrado en un círculo de hierro, Madero cuenta sus días, pues parece que, si Díaz escapó de ser ajusticiado, éste no lo logrará, y menos aún los que le sucedan en el puesto.

Para lo sucesivo, tendremos gobiernitos de unos cuantos meses de vida, y así debe ser, porque si permitimos que un Gobierno se haga fuerte, la reacción de la burguesía contra el proletariado será tremenda. No; no permitamos que se consolide ningún Gobierno, y el mejor medio es no rendir nunca las armas, aun cuando hayan desaparecido todos los hacendados y la tierra se encuentre en las manos de los trabajadores, pues hasta mucho tiempo después hay que seguir trabajando la tierra con el fusil terciado.

No os acobardéis mexicanos por la duración de esta tremenda lucha. O completamente libres o muertos. No hagamos revoluciones a medias. ¡Todo o nada! ¡Sí, todo o nada, pues obrando con energía lograremos acabar con la burguesía y la Autoridad hasta que no quede ni la sombra de ellas! Hemos sufrido un infierno por siglos, ¿qué importa la lucha de unos cuantos años?

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 83, 30 de marzo de 1912



[1 Joaquín Téllez (1866-1929). Militar capitalino. Participó en la guerra del Yaqui en la década de 1890. Combatió la rebelión maderista en Chihuahua, y posteriormente se enfrentó al alzamiento orozquista bajo las órdenes del General González Salas. Tras el golpe de Huerta, fungió como jefe de la 6ª Zona Militar, y luego comandó la división del Yaqui. Fue nombrado gobernador de Sonora en 1914, cargo en el que permaneció hasta la caída de Huerta. Luego de la firma de los Tratados de Teoloyucan se exilió en El Salvador

[2] Fernando Trucy Aubert (1861-1927). Militar poblano. Llegó a general brigadier en 1911. Fue enviado a Chihuahua a combatir el maderismo. Tras la caída del régimen porfiriano, fue nombrado jefe de los regimientos 3º y 10º, cargo desde el que hizo frente a la rebelión de Pascual Orozco. Reconoció el gobierno de Huerta y combatió a los constitucionalistas. Se retiró en 1914 al disolverse el ejército federal tras la caída de Victoriano Huerta. Posteriormente se desempeñó como inspector de las fuerzas de resguardo de los Ferrocarriles Nacionales.

[3] Aureliano Blanquet (1849-1918). Militar michoacano. Combatió a la revolución maderista en Puebla y en Chihuahua. Al iniciarse el gobierno de Madero obtuvo el grado de general brigadier, y se le encomendó la persecución del alzamiento orozquista en Durango. Leal al régimen porfirista, participó en la conspiración felicista contra Madero. Ocupó el Ministerio de Guerra durante la presidencia de Huerta, cargo desde el que combatió al constitucionalismo. Se exilió en Cuba, de donde volvió en 1918, para unirse a la rebelión de Félix Díaz contra Venustiano Carranza. Murió en Veracruz mientras era perseguido por las fuerzas de Guadalupe Sánchez. A manera de leyenda, se decía que había formado parte del pelotón que fusiló a Maximiliano.