La burguesía aterrorizada

 

Dice El Imparcial en uno de sus últimos editoriales, al referirse a la situación, que hay que agruparse en torno del Gobierno, a pesar de sus defectos:

esos defectos, dice El Imparcial, se atenúan y hasta se nulifican en esta hora de angustia, en la cual nos envuelve en tinieblas siniestras la pavura del absoluto naufragio de la autoridad, la disolución completa y rápida del organismo social, la trágica muerte no ya de este gobierno, sino de todo gobierno, el caos, en fin, en el fondo del cual hierve un nihilismo aterrador y se revuelca en convulsiones de agonía la sombra de nuestra secular libertad.

Y sigue hablando El Imparcial:

Y no negamos ni podemos negar al pueblo el derecho que tiene de modificar sus formas de gobierno; de quitar y poner a su arbitrio al personal del gobierno; pero lo que pedimos, lo que piden todos los que juzgan con serenidad y buen sentido, es que esos cambios, esas modificaciones, esas destituciones, se hagan por medio de los procedimientos constitucionales, con apego a las condiciones marcadas por la ley, y no por los impulsos desenfrenados de la revuelta, no por el parcial arrebato de la rebeldía armada, no por el engaño de mentidas promesas a las multitudes ciegas y cándidas.

Como se ve, lo que quiere El Imparcial, y es lo que quiere la burguesía, es que haya Gobierno, por malo que sea; la cuestión  es que haya Gobierno que garantice la tranquilidad y el bienestar de los ricos. Y como en el seno del caos que reina actualmente en México se distinguen claramente orientaciones bien definidas de justicia social, de verdadera libertad, de verdadera igualdad; como se advierte sin duda alguna que el alma de este grandioso movimiento es el deseo de tomar la tierra y los instrumentos de trabajo que hoy retienen unas cuantas manos, la burguesía se retuerce histérica y pide que todo se arregle “legalmente”, como que sabe que la ley estará siempre a favor de la clase propietaria.

Mejor que apegarse a la ley, hay que destruir toda ley escrita. ¿Que muere todo Gobierno? ¡Tanto mejor! ¿Que hay un nihilismo aterrador? ¡En buena hora! Pero ese nihilismo no aterra a los de abajo, sino a los de arriba y eso es precisamente de lo que se trata: devolver terror por terror. ¿Que en el fondo del caos se revuelca en convulsiones de agonía la sombra de nuestra secular libertad? ¡Mentira! ¡Vil y baja mentira! ¿De qué secular libertad hemos gozado los de abajo? ¿Cuándo hemos sido libres los plebeyos? La libertad que agoniza, señores burgueses, es la vuestra; es la libertad de explotarnos y de robarnos y de humillarnos y de violar las mujeres de nuestra clase. Ésa es la libertad que agoniza y lo sensible es que no haya acabado de morir, lo sensible es que muchos desheredados, al verla dar las últimas boqueadas, no le asesten un puntapié para echarla a rodar de una vez al fondo de su sepulcro.

¡Sí; que muera la libertad de robar y de oprimir al pobre!

¡A expropiar y a desconocer todo Gobierno! Mexicanos: cuidaos de los farsantes. Los vazquistas, ahora, tratan de dar el timo de que no son personalistas porque ven que hay entre las masas un desagrado profundo por el personalismo. Os dicen que no son personalistas; pero a renglón seguido os aseguran que se harán elecciones, y las elecciones no se hacen sin personalismos.

Nada de elecciones. A tomar posesión de la tierra y de la maquinaria de producción.

A los gritos personalistas sustituidlos por éste: ¡Viva Tierra y Libertad!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 83, 30 de marzo de 1912