La censura

 

Madero ha decretado la más estricta censura de las noticias telegráficas, como puede comprobarse por lo manifestado por los jefes de las oficinas telegráficas en Veracruz y en Puebla a los responsables de la prensa.

El jefe de la oficina telegráfica de Veracruz dijo al corresponsal de

El Heraldo Mexicano, en 21 de marzo:

Girada por la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, se acaba de recibir en esta oficina de telégrafos federales, una circular en que se previene que, por acuerdo el señor Presidente de la República y hasta nueva orden, dejaré de dar curso a todos aquellos mensajes, ya sean del público o de los corresponsales de la prensa, en los cuales se trate de movilización de tropas, encuentros entre fuerzas del gobierno y revolucionarias, y, en general, cuanto se relacione con el movimiento armado que conmueve actualmente gran parte del territorio nacional.

La siguiente noticia transmitida a El Imparcial por su corresponsal en

Puebla, comprueba la anterior:

Según la circular 1236 de este fecha [21 de marzo], girada por el C. Presidente de la República y por orden de la Secretaría de Comunicaciones, queda prohibida la admisión y curso de los mensajes en que se noticien movimientos de fuerzas federales y del Estado, posición y cantidad de éstas, igual que encuentros tenidos con los zapatistas y otros revolucionarios.

Todas estas medidas son inútiles. El mundo entero sabe que existe en México un formidable movimiento revolucionario; el mundo entero sabe que ese movimiento tiene por objeto inmediato la toma de posesión de la tierra y de la maquinaria de producción; el mundo entero sabe que la expropiación de la tierra por las masas proletarias se ha venido efectuando desde el año pasado.

¿Cree Madero que ocultándose los hechos, que haciéndose el silencio, morirá la Revolución? Por lo que al pueblo mexicano respecta, la falta de noticias hará que su imaginación dé gigantescas proporciones a los rumores que circularán del movimiento; una simple refriega será, al pasar de boca en boca la noticia, una sangrienta batalla; nadie creerá el menor triunfo de las fuerzas federales, y se apoderará de los habitantes todos una inquietud tal, que el movimiento, en vez de morir, recibirá más fuerte impulso.

Por lo pronto, en virtud de la censura, debemos entender como derrotas los triunfos de los federales que veamos en la prensa mexicana.

Madero está en estos momentos en el caso del avestruz que, viéndose acosado, esconde la cabeza en la arena, y, como de esa manera no ve a sus perseguidores, se cree a salvo. ¡Pobre Chato!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 83, 30 de marzo de 1912