En defensa de los mexicanos

 

Nuestro muy querido compañero Anastasio Mancillas, residente en El Centro, Cal., nos comunica el atentado de que ha sido objeto su anciano padre y tres hermanitos. Con muchos sacrificios mandó traer Anastasio a su padre y a sus hermanitos desde el estado de Durango. Llegaron los viajeros a Caléxico, Cal., y ahí fueron puestos en la cárcel el anciano Mancillas y el mayor de los niños por los inspectores de inmigración. Por fin fueron puestos en libertad, con orden de que salieran del territorio de los Estados Unidos. El anciano, entonces, pasó a dejar a los niños al cuidado de Anastasio, y fue con ellos a El Centro, con la intención de volverse él a Mexicali. En El Centro, un tal González que se dice inspector de inmigración puso en la cárcel tanto al anciano como a los tres niños. En la cárcel se les tiene separados. El mayor de los niños tiene 12 años de edad; otro 7, y el menor, 5. Estos inocentes, estas tiernas víctimas de la injusticia, así como el pobre anciano, están sufriendo los horrores de la indecente cárcel de El Centro, simplemente porque son mexicanos y porque son proletarios. El proletario, compañeros, en este país que se jacta de ser civilizado, no tiene ni siquiera el derecho de vivir con su familia. Anastasio Mancillas trabaja para enriquecer a los panzones burgueses de este país, y cuando después de grandes sacrificios logra reunir alguna buena suma de dinero para traer a su familia, para tener a su lado los seres que más ama en el mundo, para atender en su vejez al anciano padre que no podría subsistir sin la ayuda de su hijo, al anciano que sacrificó su salud y su porvenir trabajando para la maldita burguesía, entonces se arranca de sus brazos a los suyos, se les arroja en el presidio y ni siquiera se permite al hijo atribulado ver al anciano indefenso y a los inocentes niños que gimen prisioneros, en pleno siglo XX y en este país de la “libertad”, por el delito de haber pretendido vivir en familia con los miembros de su familia. ¿Qué civilización es esta que lastima brutalmente los sentimientos más delicados del ser humano?

 

*      *      *

 

Un tal mr. Billtey, burgués de Houston, Tex., contrató a los mexicanos Pedro Altamirano y Elpidio López[1] para efectuar un trabajo en una de las calles de dicha ciudad. Esto ocurrió el 7 del mes que termina. Trabajaron los mexicanos desde las siete de la mañana hasta la una y media de la tarde en la Avenida Washington. Cuando concluyeron su tarea, el burgués les dijo que pasaran a cobrar a las cuatro de la tarde en su oficina del Paul Building. Allí nadie les hizo aprecio. Entonces fueron a buscarlo donde lo habían dejado y al reclamar el pago, el burgués se negó a verificarlo, y diciéndose robado de unos zapatos, llamó a la señora Autoridad para que arrestase a los pobres trabajadores. Por fortuna no se les encontró culpables y salieron libres; pero nunca recibieron el pago de su trabajo. ¡Eran unos mexicanos!

 

*      *      *

 

Juan Zavala, mexicano residente en Amarillo, Tex., fue denunciado de haber cometido una ligerísima falta de policía, que a lo sumo habría ameritado la reconvención de un polizonte y nada más; pero como se trataba de un mexicano, una nube de esbirros cargaron con él a la cárcel, pateándolo y abofeteándolo por todo el camino hasta dejarlo maltrecho en el fondo de un calabozo.

 

*      *      *

 

Una muestra del respeto que la maldita burguesía siente por los que se sacrifican para que ella derroche el oro que ha sacado del sudor del trabajador: el día 10 de marzo cayó en Santa Rita, N.M., un fuerte aguacero. Se suspendió el trabajo de la vía férrea; pero quedaron trabajando los que manejan las palas de vapor. Al fin terminaron su tarea; pero los perros de la burguesía, en vez de dejar a los trabajadores que buscasen un refugio, les hicieron meterse al agua que se había estancado en algunas partes, pretextando que había alguna nueva tarea por hacer. Los trabajadores, inocentes de la burla que se les jugaba, se metieron al agua hasta la cintura, mientras los perros guardianes del Capital reían de aquellos hombres que sudorosos, y con el riesgo de enfermarse, se enfangaban sin necesidad alguna. ¡Y todavía hay quien diga que los patrones son los segundos padres de los trabajadores!

 

*      *      *

 

En la cárcel del condado de El Paso, Tex., hay un gran número de niños mexicanos presos. Estos pobres niños son maltratados, según se nos informa, por alguno de los carceleros de esa Bastilla. El maltrato es tan cruel que pueden oírse los lamentos y los sollozos de esos pequeños a gran distancia del edificio. ¿Por qué se les azota? ¡Porque son mexicanos y son desheredados! Esos pobres niños han sido recogidos en las calles sin haber cometido delito alguno. En este civilizadísimo país existe la costumbre de pagar un tanto a los policías por cada arresto que llevan a cabo, y, naturalmente, con tan inmoral sistema, abundan los arrestos. Una persona que acaba de salir en libertad de la indecente cárcel de El Paso nos asegura que es verdaderamente salvaje el trato que se da a los pequeñuelos.

 

*      *      *

 

Cenobio Fuentes y Luis Molina, trabajadores de Sección de Ferrocarril, después de trabajar por largos años en la línea del Santa Fe, pidieron en Stockton, Cal., los pasajes a que tenían derecho como trabajadores de la compañía ferrocarrilera para regresar a sus hogares. Les fueron dados los pases; y habiendo encontrado comprador, los vendieron. Esto lo supo un perro del capitalismo, quien dio aviso a uno de los jefes de la compañía. Resultado: los dos trabajadores fueron reducidos a prisión y llevados a San Francisco, pues que tan “grande” el delito no podía ser juzgado en las Cortes de Stockton. Deslomaos, trabajadores, para enriquecer a vuestros amos, que éstos os pondrán en presidio por el delito de arriesgaros a vender lo que os ha costado vuestro sudor.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 83, 30 de marzo de 1912



[1] Elpidio López. Miembro del grupo Regeneración Praxedis G. Guerrero de Garfield, Texas, fundado el 30 de abril de 1912.