La burguesía  se arma

 

La prensa burguesa, reflejando el sentimiento de la clase capitalista, ha dado el grito de alarma: “no se trata, dice esa prensa, de un movimiento político, sino de uno de carácter social y económico”.

La burguesía se ha dado cuenta de que, aunque bajo diferentes banderas, el proletariado lucha por tomar posesión de la tierra y de los útiles de trabajo, y de que, por lo tanto, existe un profundo abismo que cada vez se ahonda más entre la clase propietaria y la clase proletaria.

Para cualquiera que conozca al pueblo mexicano, para el que haya vivido entre él, nada tiene de admirable la tremenda lucha de clases que tiene por escenario el bello país mexicano. Esa lucha estaba prevista por todos los hombres que piensan con su cabeza y que pudieron ver con claridad, desde mucho tiempo atrás, el abismo que existe entre las dos clases sociales.

Ante el peligro común, la burguesía se une. Delegados de paz, sostenidos tanto por el Gobierno como por particulares, recorren el país dando conferencias en ciudades y pueblos a favor de la paz, y se organizan manifestaciones en toda la República a favor del Gobierno; pero ni las conferencias ni las manifestaciones dan a la burguesía lo que apetece: el restablecimiento del orden burgués que ya sabemos lo que significa: la explotación tranquila del trabajo de los desheredados. La Revolución se robustece por momentos; los actos de expropiación se multiplican, a pesar de los fusilamientos sumarios, a pesar de la ayuda que el Gobierno Americano está prestando al Gobierno Mexicano, a pesar de todo. El Partido Liberal Burgués[1] ha hecho causa común con el Gobierno, y el Partido Católico Nacional ha hecho lo mismo. En todos los templos de la República, la frailería está dedicando novenarios a la Divinidad, para que, palabras textuales de un periódico católico, “ésta devuelva la paz al pueblo mexicano”.

En la ciudad de México y en las principales ciudades de la República, la burguesía y el Gobierno se preocupan por defender la propiedad. Al efecto, se están formando batallones formados de empleados de los bancos, de las grandes casas de comercio, de las oficinas del Gobierno y de estudiantes de las escuelas públicas; pero se ha impedido que se formen batallones de trabajadores. Esto es bastante significativo, pues es lo que viene a demostrar que la burguesía, la llamada gente decente, los rotos, los curros, los catrines, no tienen ya confianza en el proletariado, en el peladaje, en la plebe, como despreciativamente nombran a los que se sacrifican en el trabajo para pagarles hasta sus vicios.

Aseguran los periódicos burgueses que si se armara a los proletarios, serían los primeros en rebelarse y atacar la propiedad, y por eso es por lo que se está armando únicamente a la burguesía.

No importa, desheredados, que no se os confíen las armas. Los rotos, los catrines, los curros que las portan se desembarazarán de ellas a los primeros tiros con los rebeldes. Entonces, tomadlas y apoderaos de las ciudades, pero no para respetar la propiedad, sino para pisotear ese odioso principio, tomando posesión de las casas, de las fábricas, de los almacenes, así como vuestros hermanos del campo están tomando posesión de la tierra.

¡Adelante!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 83, 30 de marzo de 1912



[1] Refiérese al partido fundado por los antiguos miembros del PLM en la ciudad de México, tras la caída de la dictadura porfirista. Entre sus miembros destacan: Antonio I. Villarreal, Juan Sarabia, Jesús Flores Magón y Lázaro Gutiérrez de Lara. El órgano impreso de esta agrupación política se llamó Regeneración, mismo que, al igual que el partido, tuvo una breve existencia.