Un batallón de mártires

 

El pueblo mexicano, tan despreciado hasta aquí por todos aquellos que creen en superioridad de razas, y, triste es confesarlo, aun por aquellos que se creen emancipados de ese prejuicio y que, en libros y periódicos, hacen alarde de un internacionalismo que están muy lejos de sentir; el pueblo mexicano, compuesto en su inmensa, en su abrumadora mayoría, de indios y de mestizos, está dando al mundo entero sorpresa tras sorpresa. El pueblo mexicano está compuesto en su mayor parte de personas que no saben leer ni escribir; los trabajadores mexicanos no han tenido la oportunidad de adquirir la educación societaria del trabajador europeo; las palabras acción directa, acción política, boicot, sabotaje, son perfectamente desconocidas para el trabajador mexicano; y, por lo que respecta al soldado, no sabe ni siquiera que exista el tan mentado señor Hervé[1] ni su campaña antimilitarista. Este pueblo, sin embargo, sabe tomar posesión de la tierra; sabe quemar los plantíos cuando no tiene la fuerza material necesaria para sostener la expropiación; sabe castigar a la burguesía desplomando las minas; ejecuta autoridades de todo calibre, sostiene con admirable constancia una lucha de clases sin precedente en la historia de la humanidad.

El Imparcial da cuenta de la llamada defección del vigésimo Batallón de Infantería, ocurrida en la sangrienta batalla de Corralillos,[2] estado de Chihuahua, entre las fuerzas federales y las revolucionarias. Como se sabe, la victoria aplastante, brillantísima, quedó de parte de los revolucionarios. Veamos solamente lo que se relaciona con la llamada defección. He aquí lo que dice El Imparcial:

Entre los elementos de que se componía la Columna del General González Salas, estaba el vigésimo Batallón de Infantería, cuyo jefe nato lo es el señor General Navarro; pero que ahora iba al mando del Teniente Coronel Galván. Persona perfectamente caracterizada nos dijo ayer al mediodía, que en medio de la terrible situación por que estaban atravesando los soldados federales, en aquellos momentos de angustia, pues una lucha desigual y encarnizada hacía de aquel campo un sitio de muerte y desolación, los soldados del vigésimo volvieron sus armas y desconociendo a sus jefes y a sus oficiales, se insurreccionaron, empeorando así la situación.

El Teniente Coronel Galván, digno soldado, al recibir la inmensa sorpresa de que la tropa de su cuerpo se insurreccionaba, quiso heroicamente imponerse y hacer que volvieran al orden los soldados, y pistola en mano se abalanzó  hacia un grupo agrediéndolos y ordenándoles que cumplieran con su deber, pero no fue atendido, y cuando quiso hacer uso de su pistola, cayó herido de muerte por un proyectil, expirando momentos después.

Surgió entonces el valiente Nicolás Martínez, uno de los oficiales más aventajados con que contaba el Ejército. Hace uso de su pistola, gritando a aquellos soldados que defeccionaban, y otro proyectil le partió la frente, dejándolo muerto de manera instantánea.

Tras el Mayor Martínez, se desplegaron también muchos de los oficiales que formaban el Cuartel General, y según noticias que se tienen, casi todos los oficiales que formaban ese cuerpo perecieron y otros quedaron en el campo heridos.

El General Blanquet, que con su columna operaba contra el enemigo, recibió noticia de la defección del vigésimo de Infantería. Abandonó sus posiciones y se volvió contra ellos, atacándolos con todo el vigor hasta acabarlos. En esa faz del combate, fue tocado Blanquet por las balas, hiriéndolo levemente. Respecto de la oficialidad del cuerpo aludido, no se registró en el seno de ella ninguna defección. Los oficiales siguieron la suerte misma que Martínez y Galván.

He aquí cómo supo sucumbir todo un batallón de hombres dignos, mejor que hacer fuego sobre sus hermanos de cadena.

Y casos de esta clase han abundado en esta Revolución. No se puede decir que se trata de un hecho aislado del cual no puede sacarse una conclusión general.

Soldados vazquistas: fusilad a vuestros jefes cuando se opongan a la expropiación, para que seáis dignos del generoso sacrificio de los soldados federales del vigésimo Batallón de Infantería,  quienes se rehusaron a disparar sus armas sobre vosotros, pensando que estáis luchando por la emancipación económica, política y social del pueblo mexicano. Si ellos hubieran sabido que lucháis por encumbrar a otro bandido a la Presidencia de la República, bandido que, para sostenerse, necesitaría de un ejército federal como lo necesita Madero, no se habrían sacrificado.

Así, pues, honrad a esos mártires fusilando a vuestros jefes, que son vuestros futuros tiranos.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 84, 6 de abril de 1912



[1] Se refiere a Gustave Hervé (1871-1944). Político francés, de filiación socialista revolucionaria en los inicios de su trayectoria. Editor del periódico libertario parisino La Guerre Sociale. Destacado propagandista contra el militarismo, al menos hasta 1912, transitó del pacifismo al ultranacionalismo belicista, transformación que le valió la cen­ sura de los principales intelectuales libertarios europeos. En 1919, fundó en Francia el Partido Socialista Nacional, de tendencias fascistas. Autor de La humanidad futura, folleto ofrecido por la Biblioteca Sociológica Regeneración.

[2] Refiérese a la batalla de Corralitos, Chihuahua, y alude a la estrepitosa derrota sufrida por el ejército federal, comandado por González Salas, Trucy Aubert y Blanquet, a manos de las fuerzas de Pascual Orozco, en marzo de 1912.