La Revolución

 

Juguete de todas las ambiciones, Madero no puede moverse libremente; si se inclina ante determinada personalidad o ante determinado partido político, siente en las posaderas el pinchazo de los desairados; vuelve el rostro hacia éstos, y recibe el mismo suplicio por parte de los otros; no se encuentra entre la espada y la pared, sino todavía peor: entre puras espadas; el dictador es ahora un pobre títere, pero no renuncia; héroe de sainete, ha dicho con su consabida aflautada voz cuando alguien le preguntó recientemente si se marcharía al extranjero como Porfirio Díaz: “saldré de la ciudad de México solamente en carro fúnebre”…; ¡Así sea! ¡así sea en desagravio de sus crímenes!; los complots revolucionarios menudean; De la Barra regresa a México, donde tal vez le espera un Padilla, como a Agustín de Iturbide; hay más de cien que aspiran a la presidencia de la República, lo que hará que haya más de cien Cerros de las Campanas; el país entero es un Jorullo; la sangre corre a torrentes; ¡paz!, imploran los cobardes del partido liberal burgués; ¡paz!, sollozan los clericales, los testarudos verdugos de la humanidad; entretanto, la tierra, que ha de ser de todos, continúa recibiendo el riego fecundo de sangre humana…; ¿qué progreso se ha conquistado sin el generoso correr de la sangre? ¿Qué libertad ha sido lograda sin la ruptura de las arterias de los pueblos?; no hay que espantarse, no hay que gemir ante la tragedia; se necesitaba esta sangría bienhechora; era preciso este incendio purificador; sepultemos muy hondo la ley; sepultemos muy hondo el principio de autoridad; sepultemos muy hondo el derecho de propiedad privada, y esa sangre que corre a torrentes tendrá su justificación en la dicha de la humanidad emancipada; que no haya gobierno estable de hoy en adelante; si es posible ajustar desde hoy cuentas a los que quieren subir, será mejor, porque se ahorrará el trabajo de derribarlos; no olvidar que la expropiación debe ser hecha hoy mismo, por la fuerza, a sangre y fuego; “no dejar para mañana lo que se puede hacer hoy”; cuando se tienen las armas en la mano es cuando se puede hacer la expropiación.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 85, 13 de abril de 1912