El miedo de la burguesía

 

Hemos dicho que el socialismo político, tan en boga en Alemania, en nada se diferencia de los demás partidos políticos, pues es tan reaccionario que la misma burguesía se afilia a él.

Ante el espectáculo de la expropiación que proletarios enérgicos están llevando a cabo en México, y ante el temor que la burguesía siente de ser despojada al fin de todas las riquezas que tiene en sus manos y de ver implantado el comunismo en todo el país, los elementos reaccionarios ponen el grito en el cielo.

La alarma de los reaccionarios crece más al ver que la multitud de banderías políticas que están en actividad, arrastradas por el ansia de libertad económica que domina a los proletarios, se han visto forzados a tratar en sus programas la Cuestión de Tierras, pues de otra manera no podrían tener adeptos, y esas banderías se ven forzadas igualmente a radicalizar su propaganda, en vista de que el Partido Liberal Mexicano aboga francamente por el trabajo y el consumo en común, y por la abolición de toda Autoridad, y ven en esto lo que para ellas es un peligro: el triunfo de nuestros ideales.

Así, pues, nuestra propaganda trae al trote a todos los políticos, quienes se empeñan en restarnos fuerza, en impedir que nuestra causa se robustezca de tal manera que los proletarios todos, convencidos de nuestra sinceridad y de la verdad de nuestras doctrinas, destruyan instituciones, atavismos, preocupaciones y todo lo que impide que el hombre sea realmente libre y sienta la dicha de vivir. El triunfo de nuestros ideales antiautoritarios y anticapitalistas es la muerte de todas las ambiciones de poder, de riqueza, de glorias y de honores, y ante la corriente avasalladora de los sucesos se interponen los políticos tratando de desviar esa corriente revolucionaria que necesariamente tendrá que llegar a la abolición de la Autoridad y del Capital, hacia el socialismo político, que es la tabla de salvación de la Autoridad, la única tabla a que pueden agarrarse para no perecer.

No permitamos, compañeros, que esos náufragos engañen al pueblo con programitas económicos que no resuelven el formidable problema que es necesario resolver: el del Hambre. Mientras esos partidos políticos os hablen de que es necesario tener un Gobierno para que ese Gobierno sea el que expropie en favor de los pobres, no debéis oírlos. Rechazad todo lo que huela a boleta electoral; reíos de los que os hablen de democracia, porque esos quieren que derraméis hoy vuestra sangre, y mañana vayáis a las urnas electorales a elegirlos. Tomad las armas que os den, pero para fusilarlos a ellos y vosotros entregaros a la expropiación. Adoptad todos como bandera el Manifiesto de

23 de Septiembre de 1911.

He aquí una prueba de que el socialismo político es tan opresor y tan conservador como cualquier sistema capitalista. Veamos lo que dice El Imparcial, periódico burguesísimo de la ciudad de México, en su edición del 11 de este mes:

Ojalá que en esta lucha de ideas y de apetitos se perfilara un principio, cualquiera que fuese ese principio. ¡Bienvenido fuera el socialismo, con el programa actual que, tras muchos años de brega, han aceptado los adeptos de esta gran superstición social! Porque el socialismo actual trae en su bandera una responsabilidad, una regla de justicia, un concepto de respeto, una línea de acatamiento a derechos creados por muchos siglos de acomodamientos y de acuerdos mutuos.

Ya lo veis, hermanos desheredados. La burguesía quiere el socialismo político, porque deja las cosas en el estado que actualmente se encuentran. Deja en pie los derechos creados, que no son otra cosa que el derecho que tiene la burguesía de explotar al trabajador; el derecho que tiene la Autoridad de hacerse obedecer. Derechos que no han sido el resultado de siglos de acomodamientos y acuerdos mutuos, sino el producto de la violencia que en todos los siglos han ejercido los fuertes, los astutos y los bandidos contra los laboriosos y los buenos. No ha habido acuerdo para que se respetase el principio de propiedad privada, sino despojo brutal primero, y sanción legal, después, de ese crimen. No olvidar que los burgueses son descendientes de los bandidos que en todas las épocas han despojado a los débiles, o los bandidos modernos que, a fuerza de amarrarse la tripa, logran reunir unas cuantas monedas para explotar a su vez a los laboriosos y a los buenos.

Sigamos leyendo El Imparcial: “Porque el socialismo actual no es esencialmente destructor, sino fundamentalmente constructor; porque posee algo de lo carecen nuestros flamantes revolucionarios: disciplina y solidaridad”.

En efecto, el socialismo actual no destruye; pero tampoco construye: es simplemente conservador de lo existente, conservador de la desigualdad social que es el origen de todos los males que afligen a la especie humana. Por eso es que la burguesía se afianza del socialismo político como de un clavo ardiendo. Haciendo eso, nada pierde: el sistema cambiará de nombre únicamente, pero seguirá siendo el mismo, y así como los monarquistas se hacen republicanos, los republicanos se hacen socialistas, pues todo es cuestión de cambio de nombre y nada más. Naturalmente que los burgueses prefieren el socialismo por la disciplina, por la reglamentación, por el autoritarismo. Mas los que deseamos la libertad entera deseamos la sociedad libre basada en el respeto y el apoyo mutuos: la sociedad comunista.

Sigue diciendo El Imparcial: “El socialismo actual ha podido decir por boca de uno de sus apóstoles: ‘Toda civilización que multiplica las riquezas sin multiplicar los lazos y los deberes sociales, produce más mal que bien’; pero contemporáneamente, no ha hablado de destruir esas riquezas ni mucho menos de suprimir esos deberes ni de eliminar esos lazos”.

Es cierto lo que dice el periódico burgués, y por eso decimos que los socialistas políticos son unos embaucadores de la peor especie, y los enemigos más peligrosos con que cuenta el proletariado de todo el mundo.

Pero sigamos escuchando a El Imparcial: “No, nuestros revolucionarios giran fuera de ese eje, sin el cual no puede haber gobierno, ni aun sociedad posible…”

Afortunadamente es cierto lo que dice el periódico burgués: los revolucionarios giran fuera del eje autoritario, al menos los nuestros, y están en pugna con toda imposición y toda explotación. Por lo que respecta a que no puede haber sociedad obrando de esa manera, solamente es cierto si se refiere a una forma de sociedad como la actual, fundada en la explotación del hombre por el hombre; pero no lo es si se refiere a la sociedad nueva de justicia, de amor, en que todos seamos iguales, en que todos seamos libres.

La mejor explicación de la duración del movimiento y de sus fines la da el mismo periódico, y en el mismo artículo, diciendo que los personalistas siguieron unidos a Madero después de la venta de la Revolución en Ciudad Juárez en mayo del año pasado, mientras que los que luchan por principios no rindieron sus armas porque no creyeron que el Gobierno pudiera cumplir los fines de la Revolución. Dice El Imparcial:

Los que carecían de esa fe [que el gobierno pudiera cumplir los fines de la Revolución], dudaron. Dudaron porque la revolución no había sido anunciada como el cambio de un régimen por otro que mantuviera en pie los principios que se decían vulnerados por el primero, sino un cambio radical de principios; la revolución no era, para la generalidad de los que en ella tomaron parte, una nueva orientación de la misma ruta, sino la elección de otra ruta; no era la reconstrucción del pasado en sus más puras y prístinas formas, sino el divorcio con el pasado.

Sí; eso es lo que queremos: el divorcio con el pasado; la muerte de las instituciones que nos han hecho sufrir a los que formamos parte de los que se llama la plebe. Para los pobres, el pasado es la tiranía, la explotación y su cortejo negro, triste, doloroso: la miseria, la prostitución, el crimen. Ese pasado sólo puede ser suspirado por nuestros verdugos: la Autoridad, el Capital, el Clero; ese pasado debe ser odiado cordialmente por nosotros.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 86, 20 de abril de 1912