Nuestro jurado

 

El 18 de este mes asistimos a la Corte Federal de los Estados Unidos, pues estábamos citados para ser juzgados, como lo saben nuestros compañeros, por el supuesto delito de violación a las leyes de neutralidad.

En los corredores de la Corte, tuvimos el gusto de estrechar la mano de muchos de nuestros queridos camaradas que, sabedores de que íbamos a ser juzgados, dejaron su trabajo para demostrar con su presencia que saben ser solidarios, que no estamos solos, que hay miles de honrados trabajadores que saben apreciar nuestros esfuerzos y nuestros desvelos.

El salón de la Corte, a pesar de ser tan amplio, estaba literalmente lleno. La atmósfera pesada; la presencia de los llamados guardianes del “orden”; el sinnúmero de esbirros secretos; la monotonía de los trámites judiciales; el disgusto de encontrarse en un lugar donde se habrá condenado a muchos inocentes; donde se habrá decidido la suerte de hombres, de mujeres, de ancianos, de niños; el convencimiento de que la justicia no está encerrada en las apelmazadas páginas de los libros de derecho; la convicción de que nadie tiene derecho de juzgar a un hombre, porque para juzgar se necesita estar libre de toda mancha, y todo hombre tiene algo que le reproche su conciencia; todo, el calor, la Autoridad, la Ley, el gendarme, el espía apestoso, contribuía a hacer enojoso aquel espectáculo que no tiene ya razón de ser en este siglo en que la ciencia ha logrado demostrar que todos somos iguales; que el hombre no debe ser el tirano del hombre; que si algo debe ser juzgado y sentenciado a muerte es la sociedad actual, vieja prostituta que empuja al ser humano al crimen, crimen que no se cometería si una sociedad de justicia y de amor fuera la que reinase.

Lo único agradable era la presencia de nuestros queridos camaradas que no quisieron dejarnos solos en manos de la “justicia”. Pudimos ver que un buen número de ellos llevaban en sus humildes, pero honrosísimas blusas, ya el botón de la Bandera Roja, que es el botón del Partido Liberal Mexicano, o bien el botón que contiene la simpática figura del nunca bien llorado Praxedis G. Guerrero. ¡Bien, hermanos!

Cerca de las once de la mañana, el juez, después de rascarse la cabeza, de apretar la boca en actitud pensativa, determinó que se viera nuestra causa el jueves 25 de este mes. Ese día tendremos que comparecer nuevamente ante la Corte Federal.

Todos nuestros compañeros y simpatizadores quedan invitados para estar ese día, a las diez y media de la mañana, en la Corte Federal, para que con su presencia se demuestre que el mexicano es valeroso, que el mexicano sabe proclamar públicamente sus ideas, que el mexicano está ansioso de ser libre y por eso simpatiza con los que luchan por la verdadera libertad. Hay algunos pinacates que andan diciendo que todos los que simpaticen con nosotros serán enviados a la cárcel.

¡Escupid el rostro de esos miserables!

Como algunos compañeros y simpatizadores no saben en qué edificio está la Corte Federal, es bueno que sepan que está en el cuarto piso del gran edificio de Correos de esta ciudad. Todos, hombres y mujeres, tienen derecho a entrar al salón de jurados. Mientras se llega el día del jurado, protestad todos contra la farsa de proceso que se nos sigue. No se trata de otra cosa que de poner obstáculos a nuestros trabajos, para que burgueses y autoridades puedan explotar tranquilamente al pueblo productor.

La próxima vez, llevad todos el botón del Partido Liberal Mexicano, como un reto gallardo a los cuicos de la secreta.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 86, 20 de abril de 1912