Más sobre la intervención

 

La intervención se aproxima a pasos de gigante. Los miembros del Gabinete de Taft, en su mayoría, son partidarios de la intervención, y han celebrado sesiones para estudiar el asunto. El plan de movilización de tropas sobre la frontera mexicana está ya formado, según lo anuncia la prensa diaria de este país, y un sentimiento de hostilidad hacia el Gobierno de Madero comienza a hacerse perceptible en las altas esferas oficiales de Washington.

La nota que Wilson, subsecretario del Departamento de Estado, envió a Madero dándole órdenes, ha venido a agriar todavía más el sentimiento antiamericano que domina en México, y la respuesta severa que el Gobierno Mexicano dio a esa nota ha dado por resultado que se hable en Washington de una inmediata intervención.

Todo esto, unido a la expropiación que se está llevando a cabo de bienes que acaparaban burgueses americanos y de otras nacionalidades, expropiación que se ha estado efectuando sin la voluntad de los jefes rebeldes de las banderías políticas, hace que cada vez esté más cercano el día de la invasión americana en México.

Si esta invasión no ha sido llevada a cabo hasta hoy, se ha debido a la enérgica actitud del pueblo mexicano que, a cada amenaza del Coloso del Norte, responde con manifestaciones inequívocas de que está resuelto a repeler no solamente la agresión de los Estados Unidos, sino la de todos los gobiernos del mundo, pues el mexicano no permite que ningún Gobierno intervenga en su lucha, lucha sagrada, lucha de vida o de muerte, puesto que no se trata del simple deseo de quitar a un hombre del poder para poner otro en su lugar, sino del esfuerzo gigantesco de todo un pueblo por conquistar el derecho de vivir. El Gobierno Americano ha tenido en cuenta esa circunstancia. Grandes políticos y grandes generales y grandes escritores de este país consideran la intervención americana en los asuntos de México como el paso más grave que puede dar el Gobierno de los Estados Unidos. Los mexicanos se unirán como un solo hombre, dicen esas personalidades, para resistir la agresión. Y en efecto, todos nos uniremos, y una lucha titánica, sin precedente tal vez en la historia de la humanidad, se desarrollará en la tierra de México; ocasionará complicaciones internacionales de carácter gravísimo; la lucha se prolongará con resultados adversos para el pueblo americano, y éste abrirá los ojos; verá con toda claridad que la desastrosa guerra no tiene otro objeto que salvar los intereses de los millonarios americanos, y entonces demandará que sean los millonarios y no los pobres los que tomen el fusil y marchen a México a defender personalmente “sus” propiedades; las protestas del pueblo americano contra la guerra tomarían tales proporciones que el Gobierno de los Estados Unidos se vería obligado a no enviar más soldados para México, y entonces la burguesía europea ejercería tal presión sobre sus gobiernos, que éstos se verían obligados a enviar tropas a México para sostener la intervención americana; pero como el pueblo americano, protestarían a su vez los pueblos europeos y la Revolución Social se hará en todo el mundo; el grito ¡Tierra y Libertad!, se escuchará en España, en Francia, en Italia, en Inglaterra, en Alemania, en todas partes, y comenzará para la humanidad una Nueva Era.

El General Anson Mills, dijo ayer (23 de abril) en el Departamento de Guerra en Washington, que no hay razón para que los Estados Unidos piensen en intervenir en México, y que las inmediatas consecuencias de la intervención serían la prolongación del conflicto y una serie de complicaciones que pocas personas habrán siquiera soñado. “Dejad luchar a los mexicanos, dijo el General Mills en el Departamento de Guerra. Dejadlos luchar, como se nos permitió a nosotros luchar en nuestra Guerra Civil. Pensad lo que habría sucedido si alguna potencia extranjera hubiera pretendido intervenir en nuestra guerra”.

Sigue hablando el General:

Si el ejército [el americano] entrase a territorio mexicano, se necesitaría que transcurrieran cincuenta años antes de que pudiera salir. Sería necesario poner 250 000 hombres en el terreno de la acción, y con todo eso, no se conquistaría el país. Nosotros podríamos tomar la ciudad de México con 10 000 hombres, ¿pero qué aprovecharíamos con ello? Madero tiene aún la ciudad de México, y no por eso ha terminado la lucha.

Por lo expuesto se ve que los mismos militares americanos de alta graduación consideran una locura el pretender invadir México; pero los capitalistas americanos no quieren conformarse con la idea de tomar el pico y la pala para ganarse la vida como todo hombre honrado debe hacerlo, y están empujando a Taft para que declare la guerra a México, como que no son ellos, los capitalistas, los que van a presentar las panzas a las certeras balas de los mexicanos.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 87, 27 de abril de 1912