Falacia revolucionaria

 

Este es el título de un articulejo escrito por un borrico en Acción Libertaria[1] de Gijón, España, de fecha 6 del último febrero. El articulejo tiene como objeto ridiculizar el movimiento revolucionario mexicano, esto es, el sublime drama producido por la rebeldía del débil contra la tiranía del fuerte, la emocionante tragedia nacida del choque de los intereses de la clase trabajadora y los de la clase capitalista.

Dice el articulejo refiriéndose a la Revolución Mexicana: “Hasta la vieja Europa no llega (de la Revolución) más que el eco del personalismo bárbaro, de la matanza y de la traición y del bandolerismo más desenfrenados. Ni un rayo de luz ideal, ni un indicio de propósitos reformadores, de planes reconstructivos, de nobles anhelos regeneradores. Todo es ruin, miserable, rastrero. La falacia revolucionaria lo llena todo.”

Por lo visto, el autor del articulejo, o vive en Marte o es un redomado imbécil. Hasta el cansancio se ha demostrado que la aspiración de los revolucionarios mexicanos es abolir la miseria y la tiranía, mediante un medio práctico, la expropiación de la tierra de las manos de los pocos que la detentan, para hacerla propiedad de todos y cada uno de los habitantes de lo que se llama República Mexicana, hombres y mujeres.

Esta es la aspiración general del proletariado mexicano, aspiración que en muchos casos, en regiones extensas, se ha materializado ya, contra la voluntad del gobierno y a pesar de las prohibiciones legales de que se ataque el llamado derecho de propiedad privada, lo que demuestra que hay conciencia revolucionaria en el pueblo mexicano. Los actos de expropiación de la tierra por los desheredados, son un bofetón dado en el rostro de escritorzuelos sin escrúpulos que ante los hechos, tienen la audacia de decir, como el escritorzuelo autor del articulejo a que me vengo refiriendo, “que la revolución de México es, como tantos otros movimientos americanos, la lucha estéril de unos cuantos caudillos que quieren cimentar su poderío en el derramamiento de sangre de un pueblo cuya conciencia revolucionaria no ha despertado todavía.”

Que el movimiento mexicano, en general, no sea completamente anarquista, eso no puede ser motivo para denigrarlo. El trabajador que se rebela contra el amo, merece solidaridad y no burlas; el desheredado que tiene el valor de tomar un fusil para matar al rico, al clérigo o al representante de la Autoridad, merece la simpatía y el estímulo de todos los hombres rectos, no el escarnio ni el ultraje de los cobardes.

Y cuando, como en la lucha emprendida en México, se encuentran comprometidos muchos anarquistas que han comprendido que su deber es estar del lado de los trabajadores que batallan por alcanzar su emancipación, y hacen esfuerzos sobrehumanos por encauzar el movimiento hacia el comunismo anarquista, es un crimen, es una deslealtad, es una bajeza, es una cobardía, es una traición canallesca burlarse de sus esfuerzos, mofarse de sus sacrificios y negarles todo apoyo.

Acción Libertaria debería llamarse “Acción Liberticida” y estar a sueldo de los opresores de la humanidad.

Periódicos de esa clase, deshonran el ideal anarquista.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 205, marzo 6, 1915.



[1] Acción Libertaria. “Periódico anarquista”. Gijón, Vigo y Madrid (1910-1916). Semanario ácrata fundado por Ricardo Mella, que fungió como órgano de los grupos asturianos establecidos principalmente en Gijón y La Felguera. Producto de una escisión de la revista Natura, y continuador de Tribuna Libre (Gijón). Entre sus colaboradores destacan: Eleuterio Quitanilla, Marcelino Suárez, Pedro Sierra, José Suárez Duque y Emilio Renduelas. Suspendido temporalmente en 1911, se trasladó a Vigo, donde se publicó hasta finales de aquel año. Se mostró escéptico en cuanto a las posibilidades de transformación social que podía acarrear consigo la revolución de México. Cuando estalló la primera guerra mundial, se decantó por la postura favorable a los aliados apoyada por Kropotkin. A mediados de 1912, trasladado a Madrid, Acción Libertaria despareció y su lugar fue ocupado temporalmente por el periódico El Libertario. A partir de 1915 volvió a publicarse en Gijón.