La situación

 

La Revolución cuenta ahora cuatro años y tres meses y medio de existencia y se encuentra en su período más crítico; el caos impera; todas las tendencias se encuentran en lucha; las viejas y las nuevas; las que estiran para atrás y las que jalan para adelante; las que quieren que regresemos al pasado y las que tienden sus alas al porvenir; para los que no ven en las convulsiones populares otra cosa que las charreteras de los generales y el brillo de las espadas de los caudillos y su vista cegada por los prejuicios no puede ver lo que hay en el fondo de las densas nubes de humo de los combates, la Revolución es un fracaso en el sentido de los altos sueños de libertad y de justicia que alimentan los hombres inteligentes del mundo; pero para el observador y el estudioso, aquel caos formidable, aquel hervidero de tendencias, aquel choque de energías, es la gestación dolorosa de un nuevo orden de cosas en que no habrá pobres, ni oprimidos, ni amos ni siervos; un nuevo orden de cosas en que todos seremos iguales y hermanos; los que sordos no oyen sino los gritos despreciables de ¡viva Villa, viva Carranza, viva Fulano o viva Zutano!; pero no oyen o no quieren oír los estertores del burgués que cae acribillado a balazos, ni ven o no quieren ver los pataleos del fraile suspendido de un árbol, ni paran mientes en las últimas convulsiones del representante de la Autoridad en medio de un charco de sangre opresora, ni significa algo para ellos este grito de combate: ¡viva Tierra y Libertad!; los miopes no ven otra cosa en esta terrible contienda que las actitudes vergonzosas de los caudillos trepando por las patas de la Silla Presidencial; pero no alcanzan a ver el gesto heroico del desarrapado que clava el marrazo de su fusil en la tierra que hace suya y de sus hermanos de miserias; no alcanzan a comprender el alcance del acto de los trabajadores que, no pudiendo defender la expropiación, incendian la mina, hacen añicos los palacios de los burgueses, y, conscientes de que el clero de cualquier religión es el cómplice de los tiranos y de los ricos, derrumban las iglesias y los conventos y ejecutan a los frailes; y así, mientras los ciegos alcanzan a distinguir solamente a Carranza y a Villa y a Gutiérrez[1] y a González Garza[2], sentados sobre los cuartos traseros en actitud de arrojarse como hienas hambrientas los unos sobre los otros, los observadores y los estudiosos llegan al fondo de la tragedia y ven con claridad la lucha, la lucha del pobre contra sus verdugos; los generales, los caudillos, con todos sus cintajos, cruces y medallas, no son, en medio del torbellino revolucionarios, sino briznas de paja que tan pronto parece que vuelan camino al sol, como quedan sepultadas en el fango; y sucede todo esto, porque nadie puede satisfacer las aspiraciones populares; porque nadie, como gobernante, puede expropiar los bienes que acapara la burguesía, —cuyos intereses tiene que salvaguardar el gobierno,— y entregarlos a los desheredados; y en medio del caos va adquiriendo una forma mejor delineada la sublime tendencia a destruir todo lo que significa explotación e imposición; la tendencia anarquista.

¡Viva Tierra y Libertad!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 205, marzo 6, 1915.



[1] Eulalio Gutiérrez (Ramos Arizpe, Coahuila, 1881- Saltillo, Coahuila, 1939). Minero y militar. Fundador y vicepresidente de la Unión Liberal “Santiago de la Hoz” de Concepción del Oro, Zacatecas, organizada en 1905. Algunas fuentes afirman que tomó parte en la formación de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano en San Luis Missouri. Otras citan su participación en los combates de Jiménez (1906) y en Las Vacas (1908). En 1909 se sumó al Partido Antirreleccionista de Francisco I. Madero. En 1911 combatió del lado del maderismo en Coahuila y Zacatecas. En 1913, tras el golpe de Victoriano Huerta, se sumó al Constitucionalismo y destacó como militar en Coahuila, Zacatecas y San Luis Potosí, alcanzado el grado de General Brigadier. En 1914 fue gobernador y comandante militar de San Luis Potosí, año en que Carranza lo nombró además Jefe de la División del Centro. En octubre del mismo rompió con Carranza. La Soberana Convención de Aguascalientes lo designó presidente de la República. Sus diferencias con Villa y Zapata lo condujeron a fracasar en su intento por formar su gabinete. Renunció a la presidencia el 2 de junio de 1915 y se exiló en los Estados Unidos. En 1920 se adhirió al Plan de Agua Prieta. Fue senador de entre 1920 y 1924. En 1929 se sumó al levantamiento escobarista que rechazaba la reelección de Obregón. Tras la derrota de este movimiento se refugió una vez más en los Estados Unidos, donde permaneció hasta 1935.

[2] Roque González Garza (Saltillo, Coahuila, 1885- Ciudad de México, 1963) Participó en la campaña presidencial de Francisco I. Madero. En 1910 se levantó en armas en Casas Grandes, Chihuahua. Participó en la toma de Ciudad Juárez en 1911. Con el triunfo de Madero, se convirtió en diputado por Coahuila. Tras el golpe de Victoriano Huerta se unió al villismo. Fue representante de Villa a la Convención de Aguascalientes, y presidente interino de la república entre enero y junio de 1915. Comisionado por Villa partió a Nueva York, donde permaneció hasta 1920. Fue diputado federal entre 1922 y 1924. Durante la presidencia de Abelardo L. Rodríguez, fundó, con Nicolás R. Rodríguez, la Acción Mexicanista Revolucionaria, organización nacionalista, anticomunista y antisemita subsidiada por la Alemania nazi, más conocida como los “camisas doradas”. Autor de La batalla de Torreón. Apuntes para la historia.