La muerte del sistema burgués

 

El porvenir de la Revolución Mexicana, dice el compañero Antonio P. Araujo[1], es el comunismo anarquista.

Venciendo mil dificultades; arriesgando la vida a cada momento, pudo nuestro compañero Araujo ponerse al habla personalmente con el incansable y honesto luchador suriano, Emiliano Zapata.

No es cosa fácil llegar hasta los lugares en que opera el revolucionario. Se necesita audacia y talento para lograrlo. Nuestro compañero lo logró y habló con él.

Araujo encontró personificadas en el revolucionario suriano, la buena fe y la abnegación, cualidades indispensables para ser un buen revolucionario. Emiliano manifestó a Antonio, que no tiene otro interés que el bienestar de la clase trabajadora, y estas sencillas palabras, dichas por un hombre sencillo, tenían su confirmación allí mismo, con hechos, con grandes hechos.

Las conferencias entre Zapata y Araujo tuvieron lugar a fines de febrero de este año en la Hacienda de San Juan Chinameca, Estado de Morelos. Desde las ventanas de la casa de la hacienda se veían los campos poblados de trabajadores. Araujo no tuvo más que echar una ojeada a través de las ventanas, para comprobar la gran verdad que había oído de los labios del austero luchador. Vio en los rostros de aquellos trabajadores la satisfacción, la alegría, el bienestar. No vio los rostros angustiados de los trabajadores a jornal, sino las caras satisfechas de hombres y de mujeres que no conocen amo.

Las haciendas que visitó Araujo, las encontró en manos de los antiguos peones, quienes las trabajan libremente, habiendo huido los burgueses “dueños” de ellas ante el pueblo rebelado.

En los pueblos del Estado de Morelos que recorrió el compañero Araujo, pudo comprobar, también, que las palabras de Emiliano eran sinceras: “no tengo otro interés que el bienestar de la clase trabajadora”. En los pueblos no hay policías, y, por lo mismo, en ellos reina el orden. No habiendo ricos, no hay necesidad de policías. En los jardines de las poblaciones, donde antes solamente la burguesía se recreaba, Araujo encontró a los trabajadores paseando con sus familias. Ya no había léperos de levita. Ya no los rechazarán con la punta del bastón, diciendo estas palabras: ¡fuera de aquí, pelado!

Por todas partes del territorio controlado por las fuerzas revolucionarias zapatistas, encontró Antonio que reinaba el bienestar. Los domingos, hombres, mujeres y niños vestidos de limpio se dan cita en los pueblos para gozar de la vida social. Nada de andrajos: en su lugar, ropas humildes, es cierto; pero resplandecientes de limpieza.

Emiliano, en las sabrosas pláticas que tuvo con Antonio sobre el porvenir de la Revolución, hizo patente una vez más su amistad hacia los miembros de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, envío palabras de aliento para que no desmayemos en la lucha que tenemos emprendida.

Emiliano desea con entusiasmo la formación de colonias comunistas, compuestas de miembros del Partido Liberal Mexicano, en el territorio controlado por sus fuerzas. Mientras Venustiano Carranza hace que los campesinos compren la tierra, Zapata la pone en manos de los trabajadores sin precio de ninguna clase. Zapata está dispuesto a proveer de todo lo necesario a los colonos miembros del Partido Liberal Mexicano. La dificultad para las comunicaciones, debida al estado caótico en que se encuentra el país, ha impedido que la colonización se haya llevado a cabo.

La visita del compañero Araujo al luchador suriano, ha servido para fortalecer los lazos de unión que siempre han existido entre el movimiento del Sur y el Partido Liberal Mexicano, así como para proteger y robustecer los puntos de contacto de las dos tendencias, puntos de contacto que con la base sólida de una obra de unificación revolucionaria en todo el país, que va tomando forma según el tiempo pasa, que va precisándose con el ejercicio de métodos verdaderamente revolucionarios y las lecciones saludables de la experiencia.

En su misión de procurar la unificación de los métodos revolucionarios, Araujo ha recorrido dieciséis Estados de los que componen la nación mexicana, y el estudio de sus observaciones robustecen la esperanza de todos los que deseamos que aquella lucha formidable del pobre contra el rico, no degenere en una obscura contienda de aspirantes a puestos públicos, sino que, de progreso en progreso termine con la muerte completa del sistema capitalista.

Araujo visitó los centros obreros de los diferentes Estados por el recorrido, y se dio cuenta cabal del modo de pensar de los trabajadores. Dondequiera encontró que la mentalidad de la clase trabajadora es propicia a la expropiación, y que en muchas partes no se espera otra cosa que una buena oportunidad para llevarla a la práctica.

El principio de Autoridad, tan odiado instintivamente por el pueblo de México, se encuentra cada día más debilitado, y hay regiones donde ya no rige.

En cuanto al clero, ha perdido por completo su prestigio en una gran parte del país.

El triunfo de la Anarquía es solamente cuestión de tiempo. Que el movimiento mexicano tenga más duración, y el sistema burgués quedará reducido a escombros. No desmayemos, compañeros. ¡Adelante!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 206, octubre 2, 1915.



[1] Antonio de Pío Araujo. Periodista. Editor. Se vinculó al PLM hacia 1905, cuando residía en Cananea, donde publicaba El Azote y repartía Regeneración. En una lista de 1906 aparece radicando en Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras, Coah.).Ese mismo año se trasladó a Douglas, Arizona donde formó el club liberal Libertad con mineros mexicanos de la región. Al año siguiente se trasladó a Texas y como delegado especial de la JOPLM buscó vincular a los grupos liberales del sur de ese estado norteamericanos con vistas a las jornadas insurrecciónales de ese verano. A decir del cónsul mexicano en Río Grande City, Texas, a mediados de 1906, Juan Flores, Juan de la Rosa y Araujo eran los principales cabecillas de la llamada junta que trabaja entre Waco, San Antonio, Laredo, Eagle Pass y El Paso, Texas. Su ficha era esta: “Como entre 23 y 24 años de edad, de estatura regular, Trigueño ligero en sus movimientos fogoso para hablar, tiene pelo negro y usa bigote y es delgado de cuerpo.” A fines de 1906 formó la Junta Defensora de Liberales y publicó El Progreso, en San Antonio, Texas. A mediados de 1907 recorrió México como agente de la Junta. Perseguido, regreso a Texas donde publicó Reforma y Libertad y Justicia en la ciudad de Austin, Texas. El 14 de septiembre de 1908 fue arrestado en Waco, Texas y acusado de violación de las leyes de neutralidad, por su participación en los preparativos de la incursión liberal a Las Vacas, Chihuahua. Purgó su condena en Leavenworth, Kansas. A su salida se trasladó a Los Ángeles, California y se integró a la JOPLM. Fue presidente de la comisión de gobierno del PLM en Tijuana, B. C. Desde esa población, en mayo de 1911, lanzó un manifiesto, invitando a los mexicanos residentes en California a ir a Baja California a tomar posesión de la tierra. Al ser derrotado el ejército liberal en esa península y ser perseguido por las autoridades norteamericanas se trasladó al Canadá. En marzo de 1911 se integró a la mesa de redacción de Regeneración y entre esa fecha y agosto de 1914, publicó cerca de 300 artículos. A fines de 1915, se separó del PLM. Trabajó como funcionario del gobierno de Venustiano Carranza en la región zapatista.