Los levantamientos en Texas

 

Hace varias semanas que la Prensa burguesa viene dando cuenta de combates librados entre mexicanos y fuerzas de los Estados Unidos en territorios que comprenden los condados texanos de Hidalgo, Cameron, Starr y otros vecinos a los mencionados[1]. Como es natural, se oculta la causa de esa contienda. Se quiere hacer entender que los levantamientos de mexicanos en aquella sección de los Estados Unidos se deben a un acuerdo entre mexicanos para llevar a cabo un Plan de San Diego[2], que aboga por la independencia del vasto territorio que los Estados Unidos arrebataron a México a mediados del siglo pasado. El tiempo transcurre, y la verdadera causa de ese movimiento va apareciendo. No es el deseo de poner, bajo el control de México, el territorio que abarcan los Estados de Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, California y parte de otros lo que ha impulsado a los mexicanos residentes en Texas a levantarse en armas contra las autoridades de los Estados Unidos, sino otro muy distinto: el de ponerse a salvo de los atentados de que son víctimas, con tanta frecuencia, en este país, las personas de nuestra raza. He aquí cómo explica un periódico burgués. El Presente[3], de San Antonio Texas, el origen de los levantamientos. Dice así:

“El origen de la revuelta se encuentra en los siguientes hechos: Un mexicano bailaba en una casa de un pueblecillo cercano a Brownsville y un norteamericano quiso arrebatarle la mujer. El mexicano se opuso y al salir a la calle fue muerto a traición por el norteamericano. Los mexicanos vengaron inmediatamente la muerte de su paisano, y eso dio origen a que los vengadores se retiraran del poblado, ya armados y dispuestos a defenderse del linchamiento o de la horca. La situación precaria de varios hombres les hizo ver una oportunidad para alzarse en armas, y las tomaron, para ganarse el pan en esta forma violenta.”

¡Cuán distinto es todo esto a las mentiras propaladas por el resto de la Prensa burguesa!

Como se ve, el movimiento de Texas comenzó con la rebeldía de un puñado de hombres que no quisieron ser víctimas de la justicia imperante en ese Estado con las personas de nuestra raza, a cuyo puñado se agregaron todos aquellos que, cansados de ofrecer sus brazos a los burgueses para que se los exploten, sin obtener el trabajo deseado, encontraron en la actitud de los rebeldes una buena oportunidad para arrancar por la fuerza, de las manos de los capitalistas, lo que éstos niegan a los pobres: un pedazo de pan para ellos y sus familias.

Naturalmente esos rebeldes fueron víctimas de una feroz persecución, porque la señora Autoridad así es: intransigente y feroz a tal grado que, en lugar de procurar la paz entre los hombres, con sus actos atentatorios los excita a la guerra. En vez de acercarse a aquellos hombres y con buenas maneras tratar de calmarlos garantizándoles la tranquilidad y la libertad a que tiene derecho todo ser humano, sus representantes, esos bárbaros llamados “rangers”, especie de policía rural de la comarca norteamericana fronteriza con México, abrieron fuego sobre los rebeldes tan pronto como los tuvieron a la vista. Los rebeldes contestaron, y esto fue el comienzo del estado de guerra en que se encuentra aquella porción de los Estados Unidos.

Sin embargo, todavía entonces pudo haber quedado confinado el movimiento a la lucha entre los rebeldes originales y los “rangers”; pero la Autoridad no es escudo ni amparo del pobre, sino su azote, y, por lo tanto, en lugar de proteger a los habitantes pobres de la región por dónde hacía su persecución a los rebeldes, comenzó a hostilizarlos de mil maneras, pretendiendo encontrar un rebelde en cada varón mexicano con que los esbirros tropezaban, y comenzó entonces una cacería infame de los “rangers” contra los mexicanos. Los “rangers”, forzados por civiles, partidas de polizontes y de desalmados de todas descripciones, entraban en tropel a las humildes casas habitadas por mexicanos, porque la Autoridad nunca molesta a los burgueses, de los cuales es perro guardián, y allí se entregaban a verdaderas saturnales de caníbales disparando sus armas, sobre hombres, viejos, mujeres y niños, tratando de vengar en personas inocentes las bajas que en abierta lid les hacían los rebeldes. Una de tantas casas asaltadas fue la del compañero Aniceto Pizaña[4], hombre honrado que residía con su familia en el rancho de Los Tulitos, de jurisdicción de Brownsville. La casa fue asaltada por una turba de salvajes representantes de la Autoridad el 3 de agosto, disparando los asaltantes sobre sus moradores sin consideración a sexo ni edad. Aniceto no es el hombre que se deja atropellar; Aniceto es un proletario consciente de sus derechos, y con tres compañeros más, que a la sazón se encontraban en su caso, respondió al fuego de los bandidos cuyo número era de treinta a treinta y cinco. Rudo fue el combate que se entabló. Nuestros cuatro compañeros hicieron prodigios de valor, pues los asaltantes se encontraban bien parapetados, y a pesar de que todas las ventajas estaban de parte de los esbirros, nuestros heroicos hermanos los tuvieron a raya durante más de media hora, haciéndoles varios muertos y heridos. Desgraciadamente un niño, el único hijo de Aniceto, fue herido en una pierna de un balazo que le dieron los bandidos, y hubo necesidad de amputársela. Desde entonces Aniceto se encuentra también sobre las armas, y, según la Prensa burguesa, su actividad revolucionaria es intensa. El caso de Aniceto no es un caso aislado: lo mismo ocurrió en otros lugares de la región de Brownsville. Similares atropellos fueron llevados a cabo por los representantes de la Autoridad en personas que tal vez nunca habían pensado en rebelarse; pero a quienes las circunstancias hicieron tomar las armas para defenderse de salvajes atropellos, para salvar su vida y la de los suyos, o siquiera para tener la satisfacción de cambiar una vida laboriosa y honrada por la vida criminal de un “ranger”, de un polizonte o de un voluntario del salvaje Estado de Texas.

He ahí la manera de propagar una chispa de rebeldía; y lo que comenzó por ser una vulgar persecución a un puñado de personas, se ha transformado, por la estupidez de la autoridad, en una verdadera revolución. No hay tal Plan de San Diego, ni patrañas de esa clase: lo que hay es un movimiento de legítima defensa del oprimido contra el opresor. Los que están sobre las armas no son bandidos, como los trata la prostituta Prensa burguesa, sino hombres que, no encontrando protección de la autoridad, la buscan en el rifle; hombres que prefieren vender caro sus vidas a dejarse matar como borregos por bandidos sin conciencia y sin honor.

Los crímenes cometidos por los “rangers” en estos últimos dos meses, y particularmente en estas últimas semanas, crispan los nervios al hombre más flemático. Cientos de mexicanos inocentes han sido muertos por esos salvajes, encontrándose entre las víctimas hombres, ancianos, mujeres y niños. Las casas de los mexicanos han sido incendiadas, sus sembrados arrasados, y, esos atentados han contribuido a extender el movimiento revolucionario. El periódico local, The Los Angeles Tribune[5], dice en su edición de 8 del pasado, refiriéndose a la zona envuelta en la revolución en el Estado de Texas: “…un territorio tan grande como el Estado de Illinois está sobrecogido de temor de asaltos a medianoche, incendio de haciendas y muerte.”

En otra parte de la misma edición dice el mismo periódico: “Más de quinientos mexicanos han sido muertos en el Río Grande desde hace tres semanas a esta parte, según noticias rendidas por los “rangers”, este día —7 de septiembre— a oficiales de policía en los condados afectados por la revolución.”

Esto es lo que confiesan los “rangers”; pero, conocidos los instintos criminales de las bestias feroces que integran esos cuerpos policíacos en los Estados de Texas, es de presumirse que se han quedado cortos en su formación, y que a más debe ascender el número de víctimas de la Autoridad. He aquí como habla “El Presente” al referirse a las víctimas de los “rangers”: “Nadie sabe quién mató a los hombres que aparecen colgados en los árboles o acribillados a balazos; pero todo el mundo señala a los “rangers”. Y añade: “Se ha matado a los hombres debajo de una cama y se les ha matado dentro de sus casas, no obstante que reclaman un momento de paz para explicarse. Se les ha sacado de la cárcel para colgarlos, y lo que más se ha hecho es fusilarlos por la espalda después de que han entregado las armas y se han rendido.”

¡Fusilarlos por la espalda cuando se han rendido! ¿Qué mayor prueba de felonía puede exigirse de un “ranger”?

Esto es, a grandes rasgos, lo que ocurre en Texas. No es un movimiento de bandidos, como trata de hacerlo aparecer la Prensa burguesa, sino el movimiento natural del hombre que, al ver amenazada su existencia, se defiende como puede.

Justicia y no balazos, es lo que debe darse a los revolucionarios de Texas. Y desde luego, todos debemos exigir que cesen esas persecuciones a mexicanos inocentes, y, por lo que respecta a los revolucionarios, debemos exigir también que no se les fusile. Quienes deben ser fusilados son los “rangers” y la turba de bandidos que los acompañan en sus depredaciones.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 206, octubre, 2, 1915.



[1] Los levantamientos en Texas. Refiérese a los acontecimientos suscitados en torno al Llamado “Plan de San Diego.” Véase “Cronología”.

[2] Plan de San Diego. Proclama firmada por un Congreso Revolucionario Supremo de San Diego, Texas, que convocó a un levantamiento armado para el 20 de febrero de 1915 con el objetivo de crear una nueva república en los territorios perdidos por México en la guerra de 1848. Supuestamente se encontró en manos de un mexico-estadounidense arrestado en la frontera texana en enero de 1915. Su llamado a matar a todos los anglos mayores de 16 años causó alarma en Texas, lo que provocó euforia racista y números ataques a la población mexicana del estado, en particular a los pequeños propietarios de tierras, así como el incremento de la presencia militar y la vigilancia en la frontera. En la confusa situación algunos grupos, como el comandado por el veterano magonista Aniceto Pizaña, organizaran guerrillas defensivas.

[3] El Presente. (1914-1915). Fundado en 1914 por Arturo M. Elías en San Antonio, Texas. Elías había sido cónsul de Porfirio Díaz y colaborador de Victoriano Huerta. Fue uno de los principales encargados del gobierno mexicano en organizar el espionaje y persecución de los magonistas en los Estados Unidos. El Presente era el órgano de los conservadores mexicanos en Texas y crítico de todas las facciones revolucionarias, tenía como misión expresa “no dejar en manos bandidos al desventurado México”.

[4] Aniceto Pizaña (Cameron, Texas, 1877- Matamoros, 1957) Nació en el seno de la familia de migrantes tamaulipecos. En 1904 conoció a Ricardo Flores Magón en Laredo y se unió al PLM. Distribuidor de Regeneración en Brownsville y los campos de algodoneros de la región. Convirtió su rancho “El Tulito” en centro de propaganda y organización de campañas a favor de la JOPLM, promovía la defensa de los mexicanos de las agresiones y la discriminación por parte de los anglos y fundó la sociedad “Solidaridad Perpetúa”. Algunos testimonios afirman que instaló en su propiedad una Escuela Moderna. Escritor de sonetos, a los que llamaba “Momentos de soledad”. En1912 intentó organizar una insurrección armada en Tamaulipas y solicitó a la JOPLM apoyó con pertrechos y reclutas. En 1915 se vio involucrado en el plan insurreccional conocido como Plan de San Diego, que supuestamente buscaba crear una república autónoma en los territorios anexados en 1848, los que desató una furiosa persecución de mexicanos en el estado. Tras el ataque a su rancho por parte de rangers texanos el 3 de agosto y la aprensión de su esposa y su hermano y en que fue herido en una pierna su hijo, un niño al que hubo que amputársela, Pizaña organizó una guerrilla que operó en ambos lados de la frontera. Se le acusó de ser apoyado por militares carrancistas, como el general Emiliano P. Nafarrate, y de que su levantamiento estaba siendo manipulado por los alemanes que buscaban provocar una guerra entre México y los Estados Unidos. Fue aprendido en Matamoros en febrero de 1916. La JOPLM organizó una campaña para impedir que el gobierno de Carranza lo entregara a las autoridades estadounidenses, lo reivindicó como un auténtico anarquista y exigió su libertad. Tras ser liberado se quedó a residir en Matamoros, donde murió en 1957.

[5] The Los Angeles Tribune. Diario fundado en 1912 con el nombre de Daily Tribune. A partir de 1916 fue rebautizado como The Morning Tribune.