Carranza contra los trabajadores

 

Gobierno es lo mismo que tiranía; gobernante es lo mismo que opresor. Un gobierno cualquiera que sea su forma, ya sea republicano o monárquico, no es otra cosa que una institución creada para defender las personas y los intereses de la clase rica, contra las posibles agresiones de la clase pobre a esas personas y a esos intereses. Quien crea que el gobierno es una institución creada para proteger al débil, está en un error, pues ni la Historia ni los hechos actuales demuestran que el gobierno sea un ángel tutelar de los desheredados.

Nuestros hermanos, los pobres, deben dejar de pensar en gobiernos benéficos que los libren de la miseria y la tiranía. Los pobres, los que nada poseemos, debemos luchar con todas nuestras fuerzas porque no se implante ningún gobierno en México, si es que de veras queremos nuestra emancipación.

Carranza, el viejo taimado, ha logrado atraerse las simpatías de una parte del pueblo adoptando medidas que aparentemente benefician al proletariado; pero que, en realidad, no son más que un lazo hábilmente tendido por políticos astutos, para que caigan en él todos los que todavía creen que es necesario que en México exista un gobierno que proteja al débil contra los atentados del fuerte.

La política aparentemente radical de Carranza, ha atraído a sus filas el apoyo de una parte del elemento obrero del país que espera encontrar en el carrancismo un auxiliar para la reivindicación de los intereses de la clase trabajadora. De esa manera es como han nacido a la vida los Batallones Rojos[1], compuestos de obreros pertenecientes a los diferentes sindicatos de trabajadores; pero lo ocurrido recientemente en Monterrey, capital del Estado de Nuevo León, debe poner en guardia a los compañeros que integran los Batallones Rojos, sobre la supuesta buena fe de Venustiano Carranza y sus satélites.

Juan Hernández García, revolucionario sincero, operaba como coronel de un Batallón Rojo por los Estados de Nuevo León y Coahuila. En este Batallón militaba un grupo de luchadores honrados que comprenden que el deber del verdadero revolucionario es trabajar por la emancipación de la clase trabajadora, y por dondequiera que pasaban, ponían en manos de los desheredados lo que necesitaban, invitándolos a tomar posesión de la tierra, nuestra madre común, a la que todos ser humano tiene derecho de trabajar para procurarse la subsistencia.

La actuación verdaderamente revolucionaria de Juan Hernández García y sus heroicos compañeros no pasó inadvertida. Los señores feudales pusieron, como se dice, el grito en el cielo, y desde entonces comenzó una serie de hostilidades disfrazadas contra los nobles revolucionarios. Se les hacia ponerse al frente en los encuentros con el enemigo, para que fueran aniquilados; se les encomendaban las comisiones mas arriesgadas, para que fueran siendo diezmados; se les negaba todo lo que a los carrancistas inconscientes se les prodiga: ropas, alimentos, dinero, reparación de equipo, hasta que fue imposible el seguirle sosteniendo y se disolvió el Batallón.

Pero la burguesía no olvida, y entonces, una persecución, abierta se desató contra Juan Hernández García, hasta que se logró ponerlo en prisión. Actualmente se encuentra preso en la penitenciaría de Monterrey, acusado de “agitador de los obreros”. Últimamente era Juan Hernández García secretario de redacción del periódico sindicalista de Monterrey, Orientación Social[2].

Se encuentran presos en Monterrey, acusados de lo mismo Elfego Lugo[3], redactor del periódico sindicalista La Razón[4], que ve la luz pública en Monterrey; Felipe Hernández García[5], Eleuterio Palos[6] y Zenón Gamez.

A todos estos dignos luchadores enviamos nuestro saludo porque han caído como buenos. Las simpatías de los desheredados de todo el mundo están con ellos porque son mártires de la causa de los trabajadores.

Si Venustiano Carranza tuviera vergüenza, pondría inmediatamente a esos hombres en absoluta libertad; pero no podemos esperar que un político la tenga.

Abrid los ojos, hermanos que lucháis en las filas carrancistas. Los que tenéis el fusil en las manos, no lo abandonéis, porque vuestra redención no podrá ser nunca obra de Venustiano Carranza ni de ningún aspirante a puestos públicos, sino obra vuestra. Lo ocurrido en Monterrey puede ocurrir en otras partes del país, si no estáis alerta. Tened presente que la emancipación de los trabajadores, debe ser obra de los trabajadores mismos.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 206, octubre 2, 1915.



[1] Batallones Rojos. Integrados como resultado de la alianza pactada el 12 de febrero de 1915 entre el Comité Revolucionario de la Ciudad de México de la Casa del Obrero Mundial (COM) y el Constitucionalismo. Mediante éste pacto, la COM se comprometió a aportar contingentes obreros para combatir a los ejércitos de la Convención, mientras el Constitucionalismo haría suyas ciertas demandas obreras. En total se constituyeron seis Batallones Rojos de alrededor de 700 hombres cada uno. El primero se destinó a Tampico bajo las ordenes del general González Cuellar; el segundo, al mando del general Emilio Salinas, fue enviado a la Huasteca veracruzana; el tercero y el cuarto quedaron bajo las órdenes del general Álvaro Obregón incorporados al Ejército del Noroeste que combatió y derrotó a la División del Norte de Francisco Villa en el Bajío; el quinto y el sexto permanecieron en Veracruz protegiendo al gobierno Constitucionalista de Venustiano Carranza y fueron utilizados para combatir al zapatismo. Finalmente las mujeres de la Casa formaron la Brigada Sanitaria Ácrata. Si bien con los Batallones Rojos el movimiento obrero organizado participa en la luchas armadas de la Revolución al lado del Constitucionalismo, muchos de sus integrantes aprovecharon su participación en ellos para hacer propaganda organizativa obrera e incluso anarquista en distintos puntos del país. Su integración generó división en el seno de la COM; fue objetada por las tendencias anarcosindicalistas que rechazaban la participación política de los obreros organizados; por algunos de sus líderes más destacados, como el fundador Eloy Armenta, quien fue encarcelado en Veracruz y después expulsado del país por su oposición al pacto; así como por varios gremios, como los ferrocarrileros y los obreros textiles de Puebla y Veracruz. Los Batallones Rojos fueron licenciados en enero de 1916, cuando la ruptura entre la COM y el Constitucionalismo estaba a punto de provocar las cruentas huelgas que se dieron a todo lo largo de ese año, el encarcelamiento de los dirigentes obreros y la disolución misma de la COM.

[2] Orientación Social (1915, Monterrey, N. L.). Ed. Juan Hernández García. Órgano de la Casa del Obrero de esa ciudad.

[3] Elfego Lugo (Hidalgo del Parral, Chihuahua, ¿?-1935) Empleado del Banco Minero de Chihuahua. En 1906 participó en el Club Liberal “Benito Juárez” de su ciudad natal. En ese año sostuvo correspondencia con la JOPLM de San Luis Missouri. Comprometido a participar en los levantamientos de 1906 fue aprendido y sentenciado a purgar una pena de dos años en San Juan de Ulúa, donde sin embargo permaneció recluido hasta 1911. A ser liberado emigró a los Estados Unidos. Regresó a México para colaborar en El diario del hogar. Se apartó de la JOPLM por no estar de acuerdo con el movimiento insurreccional de 1911 en la Baja California. En 1915, siendo editor el periódico sindical La Razón en Monterrey, fue encarcelado por autoridades carrancistas. En 1920 fue candidato perdedor a diputado para al congreso de Chihuahua. Entre 1930 y 1933 fue secretario general de la Liga Nacional Campesina “Úrsulo Galván”. En 1935 murió en la miseria en el Hospital General de la ciudad de México. En 1926 los Talleres linotipográficos “La Lucha” editaron su Catecismo de las doctrinas socialistas. Dejó testimonio escrito de sus experiencias en San Juan de Ulúa en por lo menos dos textos: el incluido en Las tinajas de San Juan de Ulúa, de Teodoro Hernández, y en artículo publicado el 28 de agosto de 1932 en El Universal Gráfico.

[4] La Razón. Monterrey, N. L., (1915). Elfego Lugo, redactor.

[5] Felipe Hernández García. Monterrey. N. L. Miembro del Batallón Rojo que operó en Nuevo León y Coahuila, en los primeros meses de 1915, bajo las órdenes de su hermano Juan. Fue encarcelado en Monterrey, N. L. acusado de «agitador de los obreros», junto con su hermano Juan, Elfego Lugo, su hermano Felipe Hernández García, Eleuterio Palos y Zenón Gamez.

[6] Eleuterio Palos. Miembro de la Unión de conductores de coches públicos de la ciudad de México y de la Casa del Obrero Mundial de la misma ciudad. Durante el régimen de Huerta se traslado a Morelos, vinculándose al Zapatismo.