Las huelgas

 

Los trabajadores de los campos mineros de Clifton, Morenci, y Metcalf, en el Estado de Arizona se declararon en huelga el 11 del pasado septiembre cuando los burgueses de las minas se negaron a reconocer su organización obrera y rehusaron aumentar los sueldos y disminuir las horas de trabajo.

Desde entonces, aquellos hermanos de miserias se encuentran en huelga. Ánimo les falta.

¿Cómo habían de carecer de ánimo hombres que a diario arriesgan sus vidas en las entrañas de la tierra, extrayendo riquezas para sus verdugos?

Ocho mil trabajadores en huelga, ¡qué hermoso número para iniciar la expropiación! Pero no; aquellos hermanos nuestros no piensan en la expropiación para el beneficio de todos. Ellos desgraciadamente, todavía creen en que por medio de huelgas a brazos cruzados, puede obtener el trabajador algún alivio en su vida mezquina y vulgar. La historia de las huelgas no les ha enseñado nada. ¡Qué lastima! ¡Tanta energía por parte de nuestros hermanos que al fin de cuentas quede la victoria de parte del burgués! Porque, gánese o piérdase una huelga, la victoria es para el burgués, pues no afectando para nada una huelga los principios fundamentales del sistema capitalista; quedando en pie, reconocido por todos, tanto por burgueses como por proletarios, el principio de la propiedad privada o individual, es el Capital el que gana porque si los trabajadores ganan una huelga; si logran que se le aumenten los salarios y que se les disminuyan las horas de trabajo lo que la burguesía pierde por ese lado lo recobra subiendo los alquileres de las casas, aumentando el precio de los artículos de primera necesidad; en suma, encareciendo la vida, y por lo que respecta al trabajo, si se obtiene la disminución de horas, se exige en cambio, por parte de los burgueses que el trabajador produzca en menos tiempo lo que antes producía en más. ¡Ilusión pura!, eso es la huelga; ilusión que, como el oro de las mariposas, no es otra cosa que un engaño encantador.

Entendedlo de una vez, hermanos huelguistas; para que los trabajadores obtengan un beneficio real, deben ir directamente contra el sistema de la propiedad privada o individual declarando que la tierra, las casas, la maquinaría, todo cuanto existe, debe ser propiedad de todos, hombres y mujeres. Para ello, no necesitáis cruzaros de brazos, sino seguir trabajando las minas y las fundiciones; pero por vuestra cuenta. De esa manera obtendréis el producto integro de vuestra labor.

Si vuestra Unión os dice que no hay que aspirar a más que un aumento de salario y disminución de horas de trabajo, despachad al demonio dicha unión. ¡Esa Unión os traiciona! A lo que se debe aspirar es a la libertad económica, a no tener que trabajar más para amos de ninguna clase, y eso solamente se obtiene por medio de expropiación. Haceos cargo de las minas y de las fundiciones vosotros mismos, y operadlas por vuestra cuenta. Si no lo hacéis así, todo será tiempo perdido y nada más.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 207, octubre 9, 1915.