Carranza, próximo Presidente

 

Mensajes telegráficos anuncian que en la conferencia celebrada en Nueva York el sábado 9 de este mes, entre los Embajadores de Argentina, Brasil, Uruguay y Guatemala y el secretario americano de Estado, Lansing[1], quedó aprobado que los representantes de las naciones mencionadas recomendarían a sus respectivos gobiernos la necesidad de reconocer a Venustiano Carranza como gobernante de hecho de la nación mexicana[2].

Con esa recomendación, puede darse por hecho el reconocimiento de Venustiano Carranza y su ascensión a la Presidencia de la República Mexicana que, en los momentos actuales es un poder más ilusorio que real por las mil fuerzas, tanto físicas, como morales, que debilitan el principio de Autoridad.

El encumbramiento de Carranza no es una garantía de libertad y de bienestar para el pueblo mexicano, como puede verse por las promesas que ha dado a Woodrow Wilson para que le dé la mano y lo levante. Esas promesas son las siguientes: 1.- Los extranjeros serán protegidos en sus vidas y propiedades; 2.- Ninguno sufrirá en su vida y en su propiedad con motivo de sus ideas políticas o religiosas; 3.- El gobierno de Carranza asume completa responsabilidad de los daños y perjuicios producidos por la Revolución.

Esas promesas fueron las que decidieron a los conferencistas a apoyar al farsante que en México, por medio de sus propagandistas, pasa al pueblo la mano por el lomo hablándole de libertad económica; pero que en sus chanchullos con los políticos y con los burgueses de todo el mundo se muestra tal como es: reaccionario recalcitrante, protector decidido del privilegio y de la explotación. ¡Es natural! ¡Él mismo es un negrero que cuenta con grandes extensiones territoriales en el Estado de Coahuila!

Las promesas que Venustiano Carranza ha hecho a los gobiernos y a los Capitalistas se reducen a garantizar a la burguesía impunidad completa para que continúe explotando.

Si por desgracia, Carranza llegara a consolidar su gobierno, una tiranía más cruel que la que se sufrió bajo la dictadura de Porfirio Díaz; sería la ganancia de cinco años de sacrificios.

Los partidarios del principio de Autoridad deberían convencerse de una vez que es imposible esperar la libertad de manos de ningún gobernante. El gobierno no puede dejar de hacer que se respete el derecho de propiedad privada, porque está instituido precisamente para la salvaguardia de ese derecho y mientras ese derecho subsista, subsistirán la miseria y la tiranía.

Esperabais que Carranza haría algo en beneficio del proletariado: pues, bien, el desengaño no ha tardado en llegar. Carranza ofrece reimplantar el bárbaro régimen gubernamental de Porfirio Díaz. Porque en México, entendedlo bien, por circunstancias especiales, no pueden existir más que estas dos formas de agrupamiento social; o la tiranía, basada en la supervivencia del derecho de propiedad privada o la libertad basada en la independencia económica. Si se respeta el derecho de propiedad individual, tendrán que ser protegidos los hacendados que acaparan la tierra con perjuicio de la gran masa de la población rural; la tienda de raya, barrida por la Revolución, volverá a abrir sus negras puertas como otras tantas bocas dispuestas a engullir el producto del esfuerzo de los trabajadores; abrirá nuevamente su oficina el Jefe Político para defender los fueros del hacendado y aplicar la ley fuga al proletariado descontento; el presidio y el Ejército volverán a ser la pesadilla del desheredado, y el lupanar el refugio de la mujer desvalida.

Ante este porvenir, bueno es que reflexionéis, trabajadores partidarios del principio de Autoridad. No dudéis de nuestras palabras. Recordad que siempre se han cumplido nuestras predicciones, y se han cumplido no porque seamos adivinos, sino porque no dejándonos seducir por las apariencias, analizamos, estudiamos los hechos y sacamos de ellos conclusiones precisas. Si el derecho de propiedad tiene que ser protegido en México, quedarán impunes los despojos de tierras sufridos por comunidades de individuos, despojos que redujeron al peonaje a la gran masa de la población del país y que constituyen una de las grandes causas de la Revolución.

El compromiso de Carranza tiene como efecto asegurar el libre goce de sus rapiñas a los Creel y a los Terrazas, a los Noriega, a los Madero, a todos los grandes terratenientes mexicanos y extranjeros, a todos los grandes concesionarios de toda nacionalidad, a todos los piratas del comercio y de la industria, porque el derecho de propiedad no se le protege a medias; se le respeta o se le viola; se le acepta de plano o se le rechaza; se le reconoce o se le desconoce.

Para que un gobierno sea reconocido por la naciones extranjeras, tiene que comprometerse como lo ha hecho Carranza, como lo hizo Madero, como lo efectuó Porfirio Díaz, al proteger las vidas y las propiedades de los burgueses, protección que solamente puede ser cumplida teniendo en la miseria al proletariado mexicano, porque no se puede proteger al mismo tiempo al Capital y al Trabajo: se protege a uno o al otro, y esto es así, porque lo que aprovecha al Capital, perjudica al Trabajo y mientras más se proteja al Capital, más sufrirá el Trabajo.

La Revolución resulta burlada con el compromiso de Carranza, pero esa burla es una lección saludable que no dejarán de aprovechar los partidarios del principio de Autoridad cambiando de ideas, adoptando las nuestras que son las únicas cuya realización garantiza la libertad.

El reconocimiento del gobierno carrancista, implica, naturalmente, la protección moral y material extendida a esa facción por el gobierno de los Estados Unidos. Carranza tendrá a su disposición el oro de banqueros americanos; el gobierno americano prohibirá la importación de armas a México para otra facción que no sea la reconocida; todos los que tienen interés en que no muera el derecho de propiedad privada, ayudarán a Carranza, y el deber del proletariado es impedir que tal gobierno se robustezca, porque su robustecimiento significa el aplazamiento por tiempo indefinido de las esperanzas de redención soñadas por los desheredados.

Unámonos todos los proletarios ante el peligro que amenaza a nuestra clase, y adoptemos los principios salvadores del Manifiesto de 23 de septiembre de 1911.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 208, octubre 16, 1915.



[1] Robert Lansing. (New York, 1864-Nueva York, 1928). Abogado. Secretario de Estado del gobierno demócrata de Woodrow Wilson entre 1915 y 1920. Fue consejero de la legación mexicana en Washington en 1894 y 1895. En 1915 fue el encargado de orquestar el reconocimiento de Venustiano Carranza como presidente de facto de México con las representaciones diplomáticas de Guatemala, Bolivia, Uruguay, Argentina, Brasil y Chile, lo que dio al acto un carácter panamericano y no sólo estadounidense. Tras el ataque villista a Columbus, negoció con el gobierno de Carranza todo lo concerniente a la Expedición Punitiva. Lansing fue el encargado de estudiar las posibles ligas entre los jefes constitucionalistas y el gobierno alemán y se dio a la misión de identificar al más adecuado de los revolucionarios para que ocupar la presidencia de México. Años después, en un artículo publicado en American Magazine de febrero de 1924, explicaría: “México es un país extraordinariamente fácil de dominar, porque basta con controlar a un solo hombre: el presidente.” En octubre de 1919, tras el obscuro secuestro del cónsul William Jenkins en Puebla, estuvo a favor de que Washington declarará la guerra a México. Por sus diferencias con Wilson, sobre éste y otros asuntos, como la creación de la Liga de las Naciones, fue separado del cargo de Secretario de Estado en 1920.

[2] Participaron, en tal conferencia, última de las que se iniciaron en esa ciudad en agosto de ese año además de Lansing, el embajador de Argentina, Rómulo S. Naón, el embajador brasileño, Domicio da Gama, de Chile, Eduardo Suárez Mújica y el ministro boliviano Ignacio Calderón, el guatemalteco Joaquín Méndez y el uruguayo Carlos María de Pena. La oposición de algunos de los representantes al reconocimiento de Carranza fue vencida por Lansing y el 11 se hizo el anuncio oficial. El 19 de ese mes el reconocimiento de facto por EU