El Clero en aprietos

 

La Federación Americana de Sociedades Católicas[1] presentó al Presidente Wilson un documento en el que se da cuenta de lo que le ha ocurrido al clero en México, durante la Revolución. En dicho documento se urge, muy evangélicamente por cierto, que se envíe a México un formidable ejército para aplacar con balazos de agua bendita el furor anticlerical de los rebeldes.

Dice en parte el documento: “La presente generación de revolucionarios en México está imbuida de principios anticristianos y antiespirituales. Son enemigos de toda religión, pero principalmente de la católica. Extirparla del corazón del pueblo es un propósito capital. Como no pueden conseguirlo por medios legítimos recurren a la calumnia para perseguir a la iglesia, en la persona de sus miembros, esperando que la destrucción de la clericidad lleve consigo la destrucción de toda religión.

“Los sacerdotes de los lugares ocupados por los revolucionarios, han sido expulsados en conjunto y sin forma alguna de juicio. Se les ha robado de todo lo que poseían y a muchos de ellos se les ha encerrado en las prisiones. Otros han sido torturados. Algunos los han matado. Hasta los obispos no han escapado de estas persecuciones y cuantos caen en sus manos sufren tantas indignidades que se ven obligados a esconderse o salir del país.”

El Cardenal O’Cownell, de Boston, aboga también con mansedumbre cristiana, porque se nos haga tasajo a los mexicanos, he aquí como se expresa ese pájaro negro: “Por la salvación de nuestro honor público como nación debemos poner fin a esta conspiración que por dos años consecutivos ha inundado a México en sangre, destruido sus recursos materiales y sembrado el ateismo y la anarquía en un país hasta hace poco próspero y feliz.”

Próspero y feliz, en verdad, para los pajarracos de sacristía, los burgueses y los mandarines, no así para el pobre.

El Cardenal Gibbons cree que debe atravesársenos piadosamente con una espada, a manera de asador, y adorársenos a fuego lento, para mayor honra y gloria del señor. Dice así: “Temo que la espada sea el único argumento de peso que tomarán en consideración (los revolucionarios mexicanos), y creo que tarde o temprano alguna forma de intervención se hará necesaria en aquél país”.

El escritor clerical Raymond G. Carroll, con el caritativo propósito de que el pobre Woodrow Wilson se embarque en la empresa de exterminar, religiosamente, se entiende, a los rebeldes mexicanos, pinta las “torturas” de los ensotanados de esta manera: “La Iglesia de San Antonio, de atrevida arquitectura, que guarda una semejanza con la Catedral de San Basilio en Moscow, ha sido transformada por los llamados constitucionalistas, en un salón legislativo. De otras iglesias han secuestrado y quemado los archivos. Hombres y mujeres, en todo México, han sido lanzados de los claustros y expulsados del país sin permitirles llevar consigo ni su ropa ni sus libros de oraciones. Siete Arzobispos, seis Obispos y cientos de sacerdotes y monjas han sido ignominiosamente arrojados de México. Ha sido necesaria la doctrina de la anarquía y el rifle para destruir en México la obra de la Iglesia de cuatro centurias”.

Ya era tiempo de que algo sufrieran los reverendos faldilludos; pero una cosa me ha llamado la atención: que los tales padrecillos no soporten con resignación las miserias de la vida. Ellos se desgañitan desde el púlpito recomendando a los fieles la paciencia y la resignación, la mansedumbre, y no puedo menos que alarmarme al ver que su conducta personal no corresponde a las recomendaciones que hacen desde el púlpito o en sus cartas pastorales, pues predican una cosa y practican otra.

Por lo que veo, esos vivos portadores de enaguas, creen buena la resignación en otros, no en ellos; consideran como una virtud la paciencia en los demás, y así por el estilo.

Uno de sus “mandamientos” dice: no matarás; pero ellos se limpian las narices con el famoso mandamiento, y le urgen al profesorcillo Wilson que mande sus soldados a matar al por mayor rebeldes mexicanos esto es, hombres que se sacrifican por el bienestar de la humanidad.

No; lo que los clérigos quieren es que todos sean mansos para que se dejen explotar y tiranizar sin exhalar una queja; pero las doctrinas que predican no rezan con ellos cuando el caso se presenta. Si fueran honrados esos bribones comenzarían por practicar lo que predican.

El proletariado religioso debería tomar nota de los actos de los señores de sotana, para emancipar sus mentes de los errores que les ha infundido la clerigalla.

Y basta por hoy de asuntos de faldillones.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 208, octubre 16, 1915.



[1] La Federación Americana de Sociedades Católicas fue fundada en 1901 en la ciudad de Cincinnati, Ohio. Se abocó fundamentalmente a cuestiones sociales y económicas, a la moral pública y a la educación. En 1910, creó un Comité de Reforma Social. El comité apoyó la organización del trabajo.pero fue un fuerte opositor a la influencia socialista en los sindicatos.