Notas al vuelo

 

¡Lo que son las cosas! Wilson, emocionado hasta los tuétanos lamenta la penuria que los pobres sufren en México, y se desvela tratando de encontrar algún medio para aliviar la situación de los mexicanos. En cambio, no ha podido ver todavía aquí enfrente de sus narices, los millones de sus paisanos que se encuentran en idénticas condiciones de miseria, y por éstos, por sus paisanos, no se contrae una sola fibra de su corazón. A México envía trenes cargados de comestibles, y para los hambrientos que se desmayan de debilidad en las calles de Chicago y Nueva York, no tiene un pedazo de pan duro.

Es que Wilson da el alón para cenarse la pechuga.

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            En enero de este año, en un discurso que pronunció en Indianapolis, Wilson expresó su opinión sobre que era bueno dejar a los mexicanos el arreglo de sus asuntos internos. Más tarde, en junio, se metió a retobado y advirtió a los leaders políticos de México que, o arreglaban pronto sus diferencias y formaban un gobierno estable o la tendrían que pasar muy mal, proponiendo en cambio reconocer a los que estuvieran de acuerdo con su advertencia. Villa se apresuró a manifestar su buena disposición para entrar en tratados con los leaders de otras facciones políticas. Carranza no aceptó. Sin embargo es Carranza el que va a ser reconocido.

Primero, dijo Wilson que no había que entrometerse en los asuntos mexicanos; después se entromete, pone como condición de reconocimiento que se esté de acuerdo con sus políticas y favorece al que no lo estuvo.

Decididamente, los funcionarios públicos están fuera de su lugar: el ruedo de un circo como payasos.

A Obregón no le hace buen estómago el reconocimiento de Carranza por los gobiernos extranjeros. Él también, quiere ser Presidente; porque, como el mismo Obregón dice en su rudo lenguaje: yo perdí una pata (una de las patas delanteras), mientras que a él ni siquiera se le chamuscaron las de chivo.

Según Obregón, la pérdida de un miembro sirve para encumbrarse sobre los demás, cuando lo que se necesita es la pérdida de la vergüenza.

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            Pablo González[1], uno de los generalillos carrancistas, dice que ya tiene siete aeroplanos para arrojar bombas a los zapatistas en sus madrigueras.

Mucho gasto de dinero implica todo eso, y muchas pérdidas de vidas, cuando todo podía ser arreglado con sólo reconocer que la tierra debe ser del que la trabaja.

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            Bernardo López[2], un individuo que vende bebistrajos en Kansas City, Missouri, quiere que los mexicanos de por aquellos rumbos lo reconozcan como Cónsul de Barbas de Chivo, y parece, según se nos informa, que amenaza con despachar a México, tal vez para que sirvan de soldados a su amo, a todos aquellos que no se dignen reconocerlo.

No hay que asustarse, mexicanos. Ese López no tiene ningún poder para enviar a nadie a las filas, y si se presenta con impertinencias, no tenéis otra cosa que hacer que darle un puntapié por el trasero.

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            Los partidos autoritarios hablan mucho de patriotismo, honor nacional y no se qué cosas más; pero, llegado el caso, son los primeros en cometer actos contrarios al patriotismo, y en permitir que se empañe como ellos dicen, el honor nacional. Como ejemplo, tenemos al carrancismo; es un acto contrario al honor nacional, el permitir que gobiernos extranjeros se entrometan en asuntos de los mexicanos. En el caso de Carranza, y visto el asunto bajo el punto de mira patriótico, hay, también, traición a la Patria, por que se ha permitido que gobiernos extranjeros sean los que decidan quién ha de ser el gobernante de México.

¡Qué hora para los patriotas!

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            Moncaleano anda suelto; ¡cuidado con las niñas!

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            Pepito amaneció de murria. Pepito es un afeminado de esos que abundan en los conventos y en sacristías, pues bien sabido es que muchos santos padres son partidarios de los vicios contra natura.

Pepito, desde su conventículo de Las Vegas, Nuevo México, se dispara contra el manifiesto de 23 de septiembre de 1911. No le gusta el Manifiesto, y con amargo despecho exclama: “Mexicanos: Los ideales del Partido Liberal Mexicano, que está causando tantas discordias y revoluciones en nuestro hermoso país, son enteramente socialistas, es decir, quiméricos.”

Distingamos, Pepito; nuestros ideales son realmente socialistas, en cuanto negamos el llamado derecho de propiedad privada; pero como al mismo tiempo negamos el principio de Autoridad y queremos que la riqueza social sea propiedad común y que cada quien trabaje según sus aptitudes y consuma según sus necesidades, si fueras honrado, habrías dicho que los ideales del Partido Liberal Mexicano son enteramente anarquistas. Estos ideales, Pepito, están basados en la ciencia, y, por lo mismo, no pueden ser quiméricos. Quimeras son tu infierno y tu purgatorio y tu paraíso, porque no puedes probarme científicamente que existan esas cosas, mientras que yo te puedo probar que el ser humano tiene derecho a ser libre y feliz sobre la Tierra.

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            Pepito se martiriza lo sesos de ostión para encontrar algo que impresione fuertemente al pueblo en contra del Partido Liberal Mexicano; afianza la pluma, con las pezuñas y garrapatea lo que sigue: “Ese Partido quiere acabar con la propiedad privada y aniquilar vuestras instituciones políticas, económicas, sociales, morales y religiosas para inaugurar el reino de la anarquía, en la que tan fácil se hace a los sinvergüenzas apropiarse lo ajeno y hacer las cosas a su talante.”

En efecto; el Partido Liberal Mexicano quiere acabar con todo eso que dice Pepito, y que constituye lo que se llama sistema capitalista o burgués; pero ven acá, pedazo de alcornoque y dime, ¿cómo es que alguien pueda apropiarse lo ajeno en una sociedad, como la sociedad anarquista en que todo es de todos?

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            Suspira Pepito. Toma de sobre su escritorio un espejito y se deleita contemplándose. Vuelve a suspirar; se acuerda de las palabras amorosas que le soltó al oído el fraile de la celda de arriba al pasar junto a él por el jardín, palabras que le quemaron el rostros, como si hubieran formado parte del aliento de la boca de un horno. Se ruboriza; vuelve a afianzar la pluma y escribe esto: “Quiere, pues, derribar todo gobierno constituido para que no haya orden; quiere eliminar a la Iglesia, porque ésta es un freno poderoso a las pasiones brutales de los hombres viciosos, a la vez que es defensora del derecho, luz y apoyo de los desheredados de la fortuna.”

De manera que, para Pepito, el orden es el desbarajuste que reina bajo el sistema burgués; que el trabajador que todo lo produce, sufra miseria y desnudez, mientras el fraile holgazán y el burgués perezoso y el funcionario inútil gozan de todas las delicias de la vida. Y por lo que respecta a que la Iglesia sea un freno a las pasiones brutales, la historia de todos los tiempos nos demuestra que entre los sacerdotes se han encontrado y existen los hombres de inclinaciones más depravadas: violan niños, corrompen mujeres y se entregan entre sí a placeres que la pluma no quiere describir. ¡La Iglesia defensora del derecho, luz y apoyo de los desheredados! ¡Qué descaro, cuando el sacerdote y el tirano han obrado siempre de común acuerdo para oprimir y explotar a los pueblos!

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            Pepito se rasca la calabaza, digo, la cabeza. De un cajón saca una botella de whiskey, y sin usar vaso, se echa de un sorbo la mitad del contenido; tose; enciende un buen puro comprado con la limosna que dio un pobre diablo a la iglesia, en vez de comprarles pan a sus hijos, y se pone a escribir con gran precipitación: “Capital, Autoridad, Clero: he aquí las tres cosas que hicieron de México una nación civilizada; el Capital, desarrollando las riquezas naturales del país; la Autoridad, haciendo respetar las leyes que defienden la libertad individual y nacional; el Clero, enseñando sentimientos sublimes de piedad y amor a todos, indicando una patria futura mucho más rica y hermosa que vuestra bella tierra mexicana.”

Se necesita haber ingerido la mitad del contenido de una botella de alcohol, como lo hizo Pepito, para atreverse a decir con tanta frescura semejantes majaderías. Como buen clérigo, tienes que salir a la defensa de tus hermanos la Autoridad y el Capital, sin ti esas dos instituciones caerían por tierra aplastadas por la justicia popular; pero ahí estás tú para castrar las energías populares haciendo creer que el que más sufre en la tierra más digno es de que se le abran las puertas del cielo. ¡Embaucador! ¿Dónde está esa patria futura que ofreces? Existe solamente en tu imaginación, es invención tuya: la ciencia niega la existencia del cielo; el cielo es la escoba con que barres los bolsillos de las personas sencillas y de buena fe.

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            Decididamente, Pepito tiene sed; de otro sorbo deja vacía la botella; regüelda ruidosamente como marrano satisfecho, y continúa escribiendo: “El Partido Liberal no quiere que haya personas que posean y otros que no posean; así los borrachos y los despilfarradores se hallarán en la misma condición que los hombres virtuosos y honrados, que se sacrifican para ahorrar un poco de dinero y mejorar así su condición social.”

Los borrachos y los despilfarradores son los clérigos, gobernantes y los burgueses. Los proletarios no tienen ni para malvivir, ¿qué pueden despilfarrar? Los pobres no pueden darse buena vida; por eso están flacos. En cambio, los frailes, los burgueses y los gobernantes revientan de gordos, y lo que es peor, sin hacer nada útil, consumiendo lo que producen los trabajadores.

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            Ya borracho, Pepito escribe estas líneas: “quieren suprimir el derecho de propiedad privada para engordarse a expensas de la clase trabajadora.”

Ahora, niégueseme que Pepito no está ya borracho. Porque ¿a quién se le ocurre decir que se puede engordar a expensas de la clase trabajadora cuando ya no existe la propiedad privada que hace posible la explotación? Estando la tierra, las casas, las máquinas, los ferrocarriles, los barcos, todo, en una palabra, en poder de los trabajadores. ¿Quién y con qué título podrá engordarse a expensas de ellos? ¡Nada, Pepito estás borracho!

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            Pepito, en su borrachera, cree oír el roce de una santa sotana en la madera de la puerta. Piensa que tal vez es el fraile de la celda de arriba, el de las palabras cálidas, que llega para tener con él un idilio semejante a los que Antonio I. Villarreal[3] tenía con el barbero de Lampazos y que tan célebres han sido. ¡Oh, decepción! ¡Todo aquí ha sido una alucinación producida por la embriaguez! Colérico, hace rechinar la pluma sobre el papel estampando estas líneas: “… han declarado guerra sin cuartel a la Autoridad y al Clero, porque en ellos ven los obstáculos más poderosos a sus miras anárquicas”

A veces resulta claro aquello de que los muchachos y los borrachos dicen las verdades. Esta vez dijo Pepito la verdad: en la Autoridad y el Clero vemos los anarquistas un obstáculo para que la humanidad pueda ser libre y dichosa. Por eso luchamos contra la Autoridad y el Clero.

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            Despechado por los triunfos que la Revolución va alcanzando, se dispara de esta suerte; “Contra el Capital, la Autoridad y el Clero ese partido tiene enarbolada su sangrienta bandera en los campos de acción en México. Aprovechando además de estos momentos de confusión y zozobra, cuando el derecho consiste en la fuerza brutal de los cabecillas, los revolucionarios han arrebatado muchas tierras a sus legítimos dueños para trabajarlas por su cuenta…”

Lo que deplora Pepito, y deploran todos los parásitos de su calaña es eso precisamente, que los proletarios trabajen ahora la tierra por su cuenta y más no para engordar holgazanes.

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            Ahora, preparaos para reír porque Pepito está de chispa. Se polvea: vuelve a mirarse al espejo y con las dos pezuñas delanteras agarra la pluma para escribir estas barbaridades: “Movidos; pues por tantos abusos, muchos mexicanos honrados (Pepito llama honrados a los de su clase) han querido unirse (¿como Pepito con el fraile de la celda de arriba?) para poner orden y paz en su país (el orden y paz burgueses, basado en la esclavitud de los de abajo), a estos hombres de buena voluntad se opone fieramente el Partido Liberal, porque bien sabe que el triunfo de los amigos del orden sería la derrota de los que han robado, oh mexicanos, vuestros bienes (Pepito bromea, por que ¿con qué bienes cuentan los desheredados? A no ser que se refiera a los bienes de los burgueses, y en ese caso, no ha habido robo porque al quitarle algo a algún burgués, no se le roba, se ejecuta un acto de justicia, ya que lo que tiene el burgués ha sido producido por los trabajadores o es obra de la naturaleza), han violado vuestras esposas y vuestras hijas (Pepito se chancea, porque esas cosas solamente se hacen en las sacristías y en las celdas de los conventos), han asesinado ciudadanos inconscientes (muy inconscientes son los burgueses, los clérigos y los representantes de la autoridad), han perseguido a vuestro Clero, ten benemérito de la patria vuestra.”

No cabe duda: el Clero es benemérito. He aquí sus obras piadosas; se opuso a la independencia de México y fue el principal verdugo de los insurgentes; excomulgó a Hidalgo, a Morelos, a Matamoros y a todos los mártires de aquella epopeya que se llama Guerra de Independencia: fue poderoso aliado de los invasores americanos a mediados del siglo pasado, cuando los Estados Unidos arrebataron a México más de la mitad del territorio nacional, llevó a México el ejército francés y pareó bajo palio en las iglesias a los asesinos de los mexicanos; colocó en el trono de México a un bandido austriaco a cuyo servicio se puso; sostuvo a Porfirio Díaz, y es ahora enemigo mortal del esfuerzo que hace el pueblo mexicano por alcanzar su libertad. Qué bueno es el Clero, ¿verdad?

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            Pepito no se resigna a empuñar el pico y la pala, cosa que tendrá que hacer si logramos los anarquistas hacer triunfar el sistema justiciero de la propiedad común; él quiere que perdure el sistema actual para continuar viviendo sin trabajar, como lo hacen sus congéneres, y declara que es imposible la realización de nuestros ideales. Dice así: “Los socialistas (debería decir anarquistas) mexicanos favorecen la enajenación de la propiedad privada para que pueda servir al uso común del pueblo: de hecho bien saben que esas son ideas de imposible ejecución.”

¡Ideas de imposible ejecución! Ese ha sido el grito de todos los que, como Pepito, se oponen a que se realice un progreso que pone en peligro su posición privilegiada.

Ese fue el grito de la nobleza cuando la burguesía enarboló la bandera de los Derechos del Hombre; así aullaron los monarquistas cuando la bandera republicana apareció en lo alto de la barricada; lo mismo exclamaron los conservadores cuando la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano izó su bandera de reformas en 1º de julio de 1906; así gritan los retrógrados ante el sol esplendoroso del Manifiesto de 23 de septiembre de 1911. ¡Ladridos a la luna!

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            Pepito siente sed: ¡está crudo el miserable! Vuelve a polvearse; otra vez suspira recordando las caldeadas palabras del ensotanado de arriba, llenas de promesas… extrae del inagotable cajón otra botella y de un sorbo casi la vacía; su mirada vaga por las paredes y el techo de su celda, y su rostro se colorea recordando las ardientes palabras del fraile. De repente clava la vista en su mesa y tropieza con el clásico cuadernito rojo: el Manifiesto de 23 de septiembre de 1911. Olvida por un momento sus amoríos, frecuentes en los clérigos, y escribe a las volandas: “Si… queréis ser ladrones… afiliaos al Partido Liberal Mexicano; si, por el contrario, queréis ser personas honradas, luchad contra el con todas vuestras fuerzas?”

Yo creo que Pepito, en su embriaguez, quiso decir lo contrario: si queréis ser personas honradas, afiliaos al Partido Liberal Mexicano; si, por el contrario, queréis ser ladrones, luchad contra el con todas vuestras fuerzas. ¿No es así, Pepito?

Próximo al como, Pepito quiere acabar con la Revolución a gritos y moquetazos, y considerando de esta manera poco característica: “…¡Arriba todos, a procurar el verdadero bien de la Patria, a restablecer en ella el orden y la paz! ¡Muera la anarquía!

Para los frailes la patria es el estómago. Así es que puede traducirse esa vociferación de la siguiente manera (hay que tener en cuenta que el pobre Pepito estaba tícuaro): ¡arriba todos a defender una buena digestión! Y el grito de ¡muera la anarquía! Puede ser traducido por ¡Muera el trabajo!

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            Al esfuerzo del grito, Pepito se quedó dormido. Despertó sin embargo, inquieto como estaba por las palabras quemadoras del sátiro de la celda de arriba. Como pudo trazó estos garabatos: “os lo repito, luchad por la prosperidad de vuestro querido país, luchad contra el Partido Liberal Mexicano”.

O lo que es lo mismo, luchad porque los burgueses, los frailes y los gobernantes, sigan engordando, y los trabajadores y sus familias sigan sufriendo miserias, desprecios por parte de sus mismos verdugos e injusticias miles, pues al luchar contra el Partido Liberal Mexicano, el pobre lucha contra sí mismo.

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            El pobre Pepito se quedó definitivamente dormido. El fraile de la celda de arriba penetró de puntillas al aposento y… hasta otra vez.

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            Los ensotanados de Las Vegas, Nuevo México, han hecho circular un folletito titulado: “Respuesta al Manifiesto del Partido Liberal Mexicano escrita por Pepito”. Al pie de la carátula viene ésta relación: Imprenta de la “Revista Católica”[4].

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 208, octubre 16, 1915.



[1] Pablo González Garza. (1879- 1950). Hijo de un próspero comerciante de Lampazos, N. L., primo en tercer grado de Venustiano Carranza y pariente de Antonio I. Villareal, con quien compartió los estudios primarios. En 1902, después de ejercer diversos empleos en Nuevo León, Coahuila y Chihuahua, emigró a California donde trabajó para el ferrocarril de Santa Fe. Regresó a México en 1907. Al parecer en su época estadounidense entabló relación con los liberales a través de su primo. Sus biógrafos, repitiendo lo que dice su hijo, Pablo González Miller, en El centinela fiel del Constitucionalismo, monumental biografía de su padre, afirman que fue un militante del Partido Liberal Mexicano y que participó en la organización de trabajadores de origen mexicano en Estados Unidos, sin embargo la única prueba documental de la relación entre González y el PLM, es una carta en la que Ricardo Flores Magón le informa a Villarreal que escribió una “carta a su primo para ver si suelta más…” En 1910 se afilió al antireleccionismo y en 1911 se levantó en armas. En 1912, fue nombrado jefe de armas de Monclova y combatió la rebelión de Pascual Orozco. Tras el golpe de Huerta se puso a las órdenes de Carranza. Pese a que empezó a ser conocido como el “general que perdió todas las batallas”, Carranza terminó por darle el grado de general brigadier y lo nombró jefe del Cuerpo del Ejército del Noreste. Asistió a la Convención de Aguascalientes, pero se mantuvo fiel a Carranza y combatió a los convencionistas. En 1915 recuperó la capital para el Constitucionalismo. Fue acusado de estar ligado a la famosa “banda del automóvil gris”, pero nunca fue encausado formalmente de ello. En 1919 orquestó el asesinato de Emiliano Zapata en Chinameca. En 1920 desconoció a Carranza pero no se sumó al Plan de Agua Prieta. En ese año intentó levantarse en armas en Monterrey, por lo que fue aprehendido y sentenciado a muerte. Perdonado por Plutarco Elías Calles se exiló en Estados Unidos donde se dedicó a la banca, encabezando el Mexican American Banking Company, que quebró durante la crisis de 1929. Regresó a México en 1940 cuando el presidente Manuel Ávila Camacho lo reintegró al ejército reconociéndole el grado de general de división.

[2] Bernardo López. Comerciante de Kansas City y gerente de la Destiladora Harvest King, fabricante de bebidas alcohólicas, como el “Yaqui Valley” y el “Supremo Mezcal”. En 1912, utilizaba la lista de suscriptores de Regeneración para enviar su propaganda y engañar a mexicanos que hacían tratos comerciales con él. Encubría sus fraudes tras la fachada de la supuesta “Sociedad Patriótica Bernardo López”, que presumía contar con la protección del gobierno de Madero. En marzo de 1913 demandó a Regeneración ante una corte federal acusándolo de libelo, demanda de la que terminó desistiéndose en agosto del mismo año. En octubre de 1915 intentó que Carranza lo nombrara cónsul de México en Kansas City.

[3] Antonio I. Villarreal. (1879-1944). Nació en Lampazos del Naranjo, Nuevo León. Como estudiante de la Escuela Normal de San Luis Potosí, estableció contacto con Camilo Arriaga en San Luis Potosí. Secretario del club liberal «Ponciano Arriaga» de esa ciudad de 1896 a 1898. Regresó a Nuevo León y formó un club liberal en el poblado de Villaldama. Ahí publicó el semanario El Liberal. En 1901, fue encarcelado en la penitenciaría de Monterrey, acusado del asesinato de José Flores. Estuvo preso hasta 1904, año en el que se trasladó e Estados Unidos, para reunirse con los editores de Regeneración. Participó activamente en la redacción del periódico. Probable redactor de las secciones agraria y de educación del Programa liberal de 1906, fue secretario de la JOPLM desde la constitución de ésta hasta su separación de la misma. Participó en el intento insurreccional de 1906. En compañía de RFM y Librado Rivera, fue arrestado en agosto de 1907 en Los Ángeles, Cal. y trasladado a la penitenciaría de Yuma, Arizona, en 1909. De esa cárcel salió libre en agosto de 1910. Excluido de los asuntos confidenciales de la JOPLM desde 1908, rompió relaciones con ella en 1911, cuando decidió unirse al movimiento maderista. Participó activamente en la campaña maderista de Chihuahua. Fue editor, en junio de 1911, junto con Juan Sarabia, de Regeneración (Ciudad de México), órgano de la Junta Iniciadora de la Reorganización del Partido Liberal. Al triunfo de Francisco I. Madero, fue nombrado cónsul en Barcelona. Volvió a México en julio de 1913. Ese mismo año se unió a las fuerzas de Pablo González Garza al mando del Ejército del Noreste, con quien lo unían lazos familiares. En enero de 1914 fue nombrado comandante militar y gobernador de Nuevo León. Ese mismo año fue representante oficial de Venustiano Carranza, junto con Luis Cabrera y Juan Sarabia, en la firma del Pacto de Torreón, efectuado con Francisco Villa. Con el mismo carácter participó en una conferencia con Emiliano Zapata en busca de la conciliación al triunfo del constitucionalismo. En octubre de 1914, fue electo presidente de la Convención Revolucionaria. Sus diferencias con Carranza lo llevaron al exilio en Brownsville, Texas. Retornó a México tras la proclamación del plan de Agua Prieta. Adolfo de la Huerta lo nombró Secretario de Agricultura y Fomento en 1920. Continuó en el cargo bajo la presidencia de Álvaro Obregón quien le encomendó la dirección de la Comisión Nacional Agraria. En 1922 emprendió una infructuosa campaña para llegar al Senado. Se incorporó a la rebelión delahuertista de 1923. La derrota de la rebelión lo llevó a vivir, tanto en Monterrey como en la ciudad de México en la semiclandestinidad a lo largo de cuatro años. Ante las elecciones presidenciales de 1929, fue aprehendido y expatriado a Estados Unidos, país del que regresó para unirse a la rebelión encabezada por el general José Gonzalo Escobar, contra el gobierno de Emilio Portes Gil. El fracasó de la misma, en abril de 1924, lo llevó a un nuevo exilio, esta vez en San Antonio, Texas. En 1933, volvió a México protegido por la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes que lo postuló a la presidencia de la república en las elecciones de 1934.

[4] Revista Católica. Publicación jesuita fundada en 1873 por el sacerdote italiano de la orden Donato M. Gasparini en Las Vegas, Nuevo México. Se mudó a El Paso, Texas, en 1916. Durante 85 años fue la revista religiosa más importante en español editada en los Estados Unidos. Llegó a circular en toda América Latina. Dejó de publicarse en 1958.