¡Basta…!

 

Texas ha tenido el privilegio de distinguirse entre otros Estados de la Unión Americana como un país en que abundan individuos, hombres y mujeres, dotados de instintos antisociales muy marcados y de una estupidez refinada. Allí, en aquellas planicies monótonas, adornadas de chaparrales mezquinos, como mezquinos y vulgares son los sentimientos de la ruda población blanca de la región, se han desarrollado tragedias en las que han figurado como víctimas, personas pertenecientes a la raza mexicana, la raza mártir pisoteada por todos los bárbaros, la pobre raza ultrajada en sus sentimientos más delicados y martirizada en su carne por el chicote del capataz y del negro o por la horca del verdugo, cuando no arrastra su penosa existencia en los campos penales del Estado salvaje por excelencia, o en los campos “libres” donde reina una casta de individuos semi-hombres, semi-bestias, cuya vida parece como que forma parte del caballo bronco de cuyo lomo apenas se despegan para dormir un rato su borrachera y su idiotismo. Son los llamados “cowboys”, rufianes, cobardes, villanos, felones, crueles….. especie de centauros, esos monstruos mitológicos mitad caballo, mitad hombre, pero sin gracia, sin poesía, sin arte, sin corazón, sin sesos. A manos de esos monstruos y de las estúpidas poblaciones de los villorrios, han perecido innumerables miembros de la raza mexicana, personas casi siempre indefensas e inofensivas, víctimas del odio más irracional que caber pueda en el pecho más vil, muchedumbres blancas ebrias de whiskey y de odio, han danzado, lanzando alaridos bestiales, gesticulando como locos, al rededor de un poste en que a fuego lento se achicharran las carnes de un ser humano, de un mexicano, cuyas quejas y lamentos son contestados con la risotada, con la injuria, con la saliva…

En ese Estado es donde se encuentran sufriendo los horrores del presidio nuestros hermanos Jesús M. Rangel, Eugenio Alzalde, Charles Cline[1], José Abraham Cisneros, Domingo R. Rosas[2], Miguel P. Martínez[3], Bernardino Mendoza[4], Pedro Perales[5], Jesús González[6], Leonardo Vázquez[7], Lino González[8] y Luz Mendoza[9], repartidos en los campos penales de Perry Landking, correspondientes a la Penitenciaría del Estado, en Huntersville.

En ese presidio, como en todos los de este civilizado país, el ser humano sufre todas las indignidades y todas las torturas que la imaginación más depravada pudiera concebir. En el campo numero 1 fue donde murió cobardemente asesinado Lucio R. Ortiz[10], uno de nuestros compañeros presos. A Lucio lo odiaban los esbirros por su altivez. Que un prisionero tenga dignidad, es un crimen imperdonable. El preso tiene que ser el trapo del suelo de los bandidos que regatean los presidios. Teóricamente se encierra al hombre en presidio para que se regenere, o para que se reforme como se dice en la jerga americana, esto es, que de malo que se le supone, se convierta en hombre bueno; pero los reglamentos canibalescos que imperan en los presidios, solamente sirven para que degeneren los mejores sentimientos que tenga el presidiario, matándole sus instintos sociales, quebrantando su carácter, destruyendo en el sentimiento de la dignidad personal convirtiéndolo, en una palabra, en una verdadera máquina obediente, servil, pues en ninguna parte como en presidio se observa al pie de la letra el infame lema de “ver, oír, y callar.”

Lucio no pudo convertirse en máquina. Lucio era un hombre, un verdadero hombre; era un anarquista, y un anarquista, como el acero, se quiebra, pero no se dobla. Los esbirros del presidio se sentían ofendidos ante la altivez de nuestro excelente camarada, y los mal ratos le llovían: se le azotaba; se le tenía encerrado por semanas sujeto a la dieta bárbara del pan y el agua; no se le permitía hablar con nadie; se le suspendía por los dedos pulgares de las manos a un argolla, durante horas mortales, sin que sus pies tocasen tierra; se le aplicaron todos los tormentos que solamente los esbirros de los presidios y los clérigos saben inventar, no hay que olvidar las escenas de la Santa Inquisición. El día anterior a su muerte, Lucio R. Ortiz sufrió una suspensión a la argolla por varias horas.

El 2 de septiembre próximo pasado, en la madrugada, el chirriar de los cerrojos; el rechinar de los goznes de las pesadas puertas de los calabozos; el estruendo de los pasos acelerados de los guardianes del presidio las broncas voces de mando de los esbirros; el ruido de las armas de fuego de los sayones, despertaron a los presos, que con la rapidez que les permitía el cansancio de sus atormentados cuerpos, se dispusieron a poner en pie. Era la hora de levantarse; de abandonar el jergón anidadero de piojos, chinches, pulgas y de cuanto parásito contribuye a hacer más miserable todavía la existencia del presidiario…. En la obscuridad de la hora, aquellas sombras comenzaron a alinearse en columna de formación. De las tinieblas, y como hija de ellas, broto una voz que más pareció un rugido: ¡All right!, y aquellas sombras se pusieron en marcha en medio del siniestro rumor de las cadenas… Eran como las cinco de la mañana, cuando aquella fúnebre columna se estremeció: se acababan de escuchar dos disparos de revólver. A pesar de la bárbara orden del reglamento que prohíbe al presidiario ver para cualquier lado, excepto para su frente y con dirección al suelo, todos aquellos mártires volvieron rápidamente el rostro hacia donde se habían hecho los disparos; una sombra se agitaba en el suelo, en medio de un charco de sangre….. ¡era aquel gran carácter, miembro del Partido Liberal Mexicano, que en vida se llamó Lucio R, Ortiz!

¿El delito que amerito la muerte de ese hermano anarquista? ¡Haber puesto su vista, distraídamente, durante la marcha, por un segundo, en la persona de su matador: el esbirro E. Davis!

Así es como se nos refiere esa triste tragedia, en la que perdió la vida un hombre bueno, digno, honrado, y útil a la humanidad.

Asesinatos de esta clase son frecuentes en aquel lugar. El 19 de abril del presente año, uno de los esbirros. D. L. Leanch, mató a un preso de nombre Félix López de un tiro de rifle por la espalda.

El trato concedido a los presos es digno de la Edad Media. Los esbirros tienen en el hocico para soltar las más hediondas palabras que los pobres prisioneros tienen que soportar so pena de recibir la muerte o alguno de los crueles castigos del presidio. Al preso que no puede trabajar a prisa, se le amenaza con matarlo, se le hecha encima el caballo, se le golpea con el rifle. Por cualquier cosa se abofetea a los presos, se les patea, se les ultraja de todos modos. Según se nos informa, el segundo jefe de la prisión es el que se distingue por su crueldad. Los castigos que se imponen a los presos son tan brutales, que muchos infelices pierden el conocimiento.

El trabajo se prolonga desde las cuatro y quince minutos de la mañana, hasta las siete y media de la noche, poco más o menos, y se efectúan en condiciones que ni las bestias podrían resistir.

En mayo último, por dos días se tuvo descalzos a los presos; la tierra, caldeada por el sol, hacía insoportable el sufrimiento a aquellos, desdichados y no obstante, los esbirros los hacían correr gozándose en las torturas de hombres indefensos…

La comida que se da a los presos es como sigue: por la mañana, cuatro panecillos, del vuelo y del grueso de una hostia; una taza de café sin sabor, o lo que es lo mismo, agua teñida de negro; un pedacito de jamón y una cucharadita de melaza. Al medio día, un pedazo de pan duro de maíz, que con frecuencia los prisioneros no tienen tiempo de comerlo; hierbas cocidas sin manteca ni sal; una taza de agua y nada más. La cena consiste en lo mismo que se come al medio día: Por lo que respecta a la calidad de la comida baste decir que ni los perros la apetecen.

Tal es el infierno que sufren su martirio Rangel, Alzalde, Cisneros y demás compañeros citados arriba, expuestos a ser asesinados en cualquier momento, como ocurrió con Lucio R. Ortiz, si todos los trabajadores no nos ponemos resueltamente de parte de ellos. Los trabajadores de todo el mundo quedan invitados a hacer algo en beneficio de nuestros mártires, que son también sus mártires, porque son héroes de la lucha de clases, de la contienda del Trabajo contra el Capital, y dejarlos a merced de esbirros sin conciencia, es cometer una felonía, una traición imperdonable. Disculpable es que permanezcan los trabajadores con los brazos cruzados, cuando ignoran lo que ocurre; pero al saber la suerte que les cabe sus hermanos de clase; al enterarse de los sufrimientos de los suyos, la indiferencia no tiene perdón, la falta de solidaridad es un crimen.

Que se levante una voz formidable por todo el mundo a favor de los militantes presos en Texas. Que no queden en olvido, tampoco, José Ángel Hernández y Lucio Luna[11], los compañeros valientes que tuvieron la audacia de predicar la Anarquía en la Plaza de San Antonio, Texas por lo que se encuentran presos en la cárcel del condado de esa ciudad de refugiados y bandidos de la burguesía.

La audacia de la Autoridad en este caso, llegó, al extremo de llevar a la cárcel y encerrar en un calabozo a una digna mujer, a la valerosa compañera Elisa A. Hernández[12], compañera de vida de nuestro querido amigo José Ángel Hernández. Cuarenta y ocho horas permaneció en el calabozo la joven compañera, con su hijita. Emancipación, una niñita de pecho, en sus brazos, sin alientos, sin atenciones de ninguna clase. Dos seres indefensos en un calabozo, ¡que honra para la civilización de los Estados Unidos de AMÉRICA! ¡Que prestigio para el sistema burgués, devorador de mujeres y de niños en sus prisiones! ¡Ni los salvajes más degradados se muestran brutales con las mujeres y los niños, seres a quienes todo el mundo ve solamente con simpatía y cariño. ¡Recordad, salvajes texanos, que mujeres os parieron! Aunque por vuestros actos, parece más bien que salisteis de la negra boca de un monstruo en un bostezo espantoso.

¡Basta! ¡Basta ya, verdugos, que la civilización se avergüenza de vosotros!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 209, octubre 23, 1915.



[1] Charles C. Cline. Estadounidense. Miembro de la Brotherhood of Timber Workers (Hermandad de los trabajadores de la madera), fundada en 1910 por trabajadores de aserraderos del oeste de Luisiana y el este de Texas, que se caracterizó por integrar en igualdad de condiciones a trabajadores blancos, negros e indios. En 1912 la Hermandad se afilió a la IWW. Destacó por su participación en los sucesos de Grabow, cuando miembros de la organización fueron atacados por esquiroles armados de la Galloway Lumber Company. Atestiguó en el juicio al dirigente de la hermandad, Arthur Lee Emerson, apresado tras los sucesos de Grabow. Inscrito en las listas negras de la industria fue despedido del aserradero de Merryville, Luisana, lo que desató una gran huelga y la represión de la Hermandad. Posteriormente promovió la organización interracial de pizcadores de cebolla en Texas, muchos de los cuáles eran de origen mexicano. Se integró al grupo de José María Rangel, que en septiembre de 1913 se preparaba para incursionar en territorio mexicano para participar en la Revolución mexicana con la bandera del PLM. Fue uno de los 14 magonistas encarcelados tras el incidente de Carrizo Spring en que murió un ranger de Texas. Acusado de homicidio junto con otros miembros de su partida, fue condenado a purgar una pena de 99 años de prisión, aunque finalmente fue liberado en agosto de 1927.

[2] Domingo R. Rosas. Nació en Nuevo León, Méx. Miembro del grupo Regeneración «Tierra y Libertad» de Lott, Texas. (1913) y de «Grupos Regeneración de Unidos» (compuesto por los grupos «Unión Libre» de San Marcos, Tex., Amigos del trabajo» de Staples, Tex. y «Tierra y Libertad») “una unión con el objeto de defenderse del bandidaje yankee y á la vez ayudarse mutuamente en sus necesidades». Formó parte del grupo encabezado por Jesús M. Rangel que tuvo un enfrentamiento con los rangers de Texas al intentar cruzar la frontera con México el 13 de septiembre de 1913. Fue encarcelado en Carrizo Springs, Tex. junto con 15 compañeros, mismos que serían conocidos como «Los mártires de Texas». Juzgado en San Antonio, y puesto en libertad después de haber sido torturado durante dos días, fue nuevamente capturado y remitido de nuevo a la cárcel de Carrizo Springs, bajo la nueva acusación de intento de asesinato en contra del ranger W. T.Gardner. Fue nuevamente enjuiciado en marzo de 1914, en la corte del condado de Uvalde y enviado a la cárcel de Perry Landing, Tex. El 16 de enero de 1916, envió una carta al comité de defensa, para que la ayuda destinada a él fuese destinada a la publicación de Regeneración. «A la abnegación del mártir, debe responder con su generosidad todo corazón honrado», fue la respuesta. Rosas fue liberado el 24 de marzo de 1917. «Aquí me tenéis de nuevo, hermanos proletarios, para luchar a vuestro lado, de pie y firme, por nuestro sublime Ideal, pese a quien pese y aunque nos cueste la vida. Salgo, como entré, dispuesto a todo, por más que traigo mi mente conturbada por tanta infamia, tanto crimen, tanto asesinato que a diario ¡qué horror! se cometen con los presos». (Reg. 256, 3). Rosas viajó a Los Ángeles donde participó en un par de mítines a favor de los Presos de Texas. Enfermo, regreso a Uvalde, Tex. Sus compañeros levantaron una colecta a su favor. (262, 2)

[3] Miguel P. Martínez. Miembro del grupo Regeneración «Tierra y Libertad» de Lott, Texas. (1913) y de «Grupos Regeneración de Unidos» Formó parte del grupo encabezado por Jesús M. Rangel que tuvo un enfrentamiento con los rangers de Texas al intentar cruzar la frontera con México el 13 de septiembre de 1913. Fue encarcelado en Carrizo Springs, Tex. junto con 15 compañeros, mismos que serían conocidos como «Los mártires de Texas». Enjuiciado en San Antonio, Tex., en julio de 1914, fue el primer sentenciado del grupo. Habiendo optado por una defensa individual fue sentenciado a 12 años de cárcel y enviado a un campo penal de la penitenciaría de Huntersville, Tex. El 18 de diciembre recibió 50 latigazos.

[4] Bernardino Mendoza. «Viejo y Bondadoso» (José Ma. Diappa). Acusado junto con Jesús M. Rangel, Eugenio Alzalde y José Abraham Cisneros, de complicidad en el asesinato del ayudante de sheriff Candelario Ortiz, fue sentenciado en julio de 1914, a 10 años en la penitenciaría estatal. En ese lugar fue objeto de maltratos y tortura. p.e. “Estando enfermo de las piernas y solicitado una medicina, se le colgó de una cadena a una altura en la que solo podía tocar la tierra con la punta de los pies. Una vez desmayado fue enviado al calabozo” (209,2)

[5] Pedro Perales. Minero. Residente del sur de Texas, participó en la reunión del 5 de febrero de 1906 en Bridgeport, en la que se formó el club «Juárez y Lerdo», y donde convergieron buena parte de los militantes más aguerridos del Sur de Texas, como Victoriano y Melquiades López, Abundio de la Rosa, Dámaso Dávila, y otros. Meses después emprendió una primera gira organizativa por esa región de Texas, logrando dejar un núcleo liberal constituido en Italy, Texas, bajo la presidencia de Cástulo Vela. A principios de 1907, contribuye para la compra de dinamita realizada por Antonio de Pío Aruajo, con vista a la toma de Matamoros, Tamps. por los miembros del club liberal de Gonzalez, Tex. Después de ello continúo su gira organizativa y propagandista por pueblos como Lytle, cerca de San Antonio. En mayo de 1907, Perales permanecía preso en Harlingen, condado de Cameron, por «una imprudencia de haber asaltado a señor P. Bautista con pistola en mano». Para fines de marzo de 1908, Perales, bajo el nombre de P. P. Pérez, trabajaba como minero del carbón en Lytle, lugar al que llegó Tomás Sarabia, en busca de fondos y armas con vistas a la segunda intentona liberal de ese año. El 2 de julio de 1909, en Bridgeport, firmó un manifiesto protestando por la reelección de Díaz y Corral y las persecuciones de los liberales refugiados en el extranjero. Para marzo de 1911, reemprendió un nuevo periplo organizativo, apoyado por Regeneración «el compañero Perales es uno de los más antiguos miembros del Partido Liberal. Se ha mantenido como hombre de convicciones que es. No se ha deslumbrado con el oro del maderismo, porque es un convencido de la emancipación del proletariado y es hombre de vergüenza y honor»; el periódico registra la formación del club liberal «Emancipación» de Burlington, Texas y el de Gurley, Texas, a instancias de Perales; así como uno más en Pilares, Texas, en este lugar fue arrestado por autoridades norteamericanas coludidas con maderistas. A principios de 1912, Perales fue trasladado a la cárcel de Marfa, siendo su juicio programado para abril de ese mismo año; fue acusado de violación de las Leyes de Neutralidad y declarado culpable. Regeneración pidió a la Agrupación Protectora que se ocupara del caso.

[6] Jesús González. Formaba parte del grupo 14 hombres comandado por Jesús María Rangel, que se conocería como los Mártires de Texas. En el intento de ingresar a México el 13 septiembre de 1913, tras un enfrentamiento con rangers en Carrizo Springs, y la ejecución del sheriff Candelario Ortiz, quien previamente había participado en el asesinato de los magonistas de la partida revolucionaria Juan Rincón y Silvestre Lomas, los miembros del grupo fueron capturados y condenados a penas de entre 23 y 99 años de prisión. González fue uno de los primeros sentenciados a 99 años y encarcelado en el penal de Perry Landing, Texas. Fue liberado en 1926, gracias a la intervención del abogado Henry Weinberger y del Comité Pro-presos de Texas, formado por los veteranos magonistas Blas Lara y Gabriel Rubio.

[7] Leonardo López Vázquez. (Múzquiz, Coahuila, 1893- (¿?). Miembro de partida revolucionaria encabezada por José María Rangel, capturada en Texas en septiembre de 1913, conocida como los Mártires de Texas. Herido en una pierna en el enfrentamiento con rangers el 13 de septiembre en Carrizo Springs. En primera instancia fue sentenciado a 15 años de prisión por el asesinato de Candelario Ortiz pese a que comprobó que no estaba en el lugar en el momento en que José Guerra ejecutó al ranger; sentencia que fue revocada por un tribunal de Austin en junio de 1914. Sometido a un nuevo juicio fue sentenciado a 25 años en la cárcel de Huntersville, Texas. Probablemente fue liberado en 1926, gracias a la intervención del abogado Henry Weinberger y del Comité Pro-presos de Texas, formado por los veteranos magonistas Blas Lara y Gabriel Rubio.

[8] Lino González. Miembro de partida revolucionaria encabezada por José María Rangel, capturada en Texas en septiembre de 1913, conocida como los Mártires de Texas. Sentenciado a 6 años de prisión y recluido en el penal de Pearsall, Texas. En la cárcel apoyó e hizo labor de educación con presos mexicanos como Cipriano Amador.

[9] Luz Mendoza. Vicepresidente del Club Liberal Mexicano de Smithville, Tex.(1906). En junio de 1911, defendió el cuartel del Cañón de la Espada, Coah.. bajo las órdenes del delegado general Emilio P. Campa. El 9 de febrero de 1912, firmó, en el «Campo de Operaciones en Las Vacas, Coah,» el llamado «Al Pueblo de Coahuila», que Primitivo Gutiérrez, en representación del PLM y «en representación de las fuerzas revolucionarias en el Estado de Coahuila,» emitió. De sus puntos, destacan: «4:- Las grandes haciendas de Coahuila, como San Carlos, Maravillas, la Babia, Hornos, etc. etc., pasan a ser trabajadas en común, socializándose las tierras y los instrumentos para la producción y el consumo en común.» «10:-Se proclama el Comunismo en Coahuila…» Lo que implica que fue de los liberales que, ante las negociaciones con el Gobierno Federal de Emilio P. Campa, abandonaron al Delegado Especial y continuaron la revolución por su cuenta. Formó parte del grupo encabezado por Jesús M. Rangel que tuvo un enfrentamiento con los rangers de Texas al intentar cruzar la frontera con México, el 13 de septiembre de 1913. Fue encarcelado en Carrizo Springs, Tex. junto con 14 compañeros, mismos que serían conocidos como «Los mártires de Texas». Posteriormente fue trasladado a la penitenciaría estatal de Huntersville. En 1916, desde ese lugar, escribió a los editores de Regeneración «We are cheerful and firm as the first day, all hopeful of being free more some time. We are confident of you all, whom we regard our most thru brothers»

[10] Lucio R. Ortiz. San Antonio, Tex. Formó parte del grupo encabezado por Jesús M. Rangel que tuvo un enfrentamiento con los rangers de Texas al intentar cruzar la frontera con México el 13 de septiembre de 1913. Fue encarcelado en Carrizo Springs, Tex. junto con 15 compañeros, mismos que serían conocidos como «Los mártires de Texas». Estuvo en Hunterville, bajo sentencia de 15 años, «ahí fue asesinado por un guarda del Campo Penal No. 1» el 2 de septiembre de 1915.

[11] Lucio Luna. Miembro del Grupo Racionalista de San Antonio, Tex. Fue arrestado, junto a José Ángel Hernández, editor del semanario Lucha de Clases de esa misma ciudad y, a su compañero Donaciano Hernández, por repartir propaganda libertaria un mitin en la Plaza del Mercado del lugar. Fue condenado a 200 días de prisión.

[12] Elisa Alemán Hernández. Compañera de José Ángel Hernández. En 1912 fue nombrada representante de los Grupos Unidos Regeneración “Germinal” y Práxedis Guerrero” de San Antonio, Texas. Promovió la organización de las mexicanas en este estado, llamándolas a unirse a la lucha sin distinción de sexo, a afiliarse al PLM y a liberarse de la “esclavitud brutal del torpe marido”. En 1913, con su compañero José Ángel Hernández y Eustolio García, integró al Comité Pro-presos que apoyó la defensa de José María Rangel, Charles Cline y el resto de los presos magonistas acusados del asesinato de un ranger texano en Carrizo Spring. Ella se encargó de la tesorería del citado comité, mismo que fue perseguido y acosado. En noviembre fueron aprendidos José Ángel Hernández y Eustolio García, después de un exitoso mitin (en el que ella fue oradora) celebrado en San Marcos, que tenía el propósito de recoger firmas para exigir la libertad de los presos al gobernador de Texas Oscar B. Colquitt. En abril de 1915, participó en la fundación del Grupo Racionalista de San Antonio, que se proponía organizar una escuela racionalista, fundar un periódico ácrata, hacer propaganda libertaria y combatir el racismo y el misticismo. En octubre de ese año fue encarcelada por más de 28 horas junto a su hija Emancipación, de 10 meses de edad, tras el cateó de su casa en el contexto de la aprensión de su compañero José Ángel Hernández. Elisa Alemán sostuvo relaciones con el grupo editor de Regeneración por lo menos hasta 1917. Es probable que se trasladara a Tampico con su compañero cuando éste fue expulsado de los Estados Unidos en ese mismo año.