Notas al vuelo

 

Lázaro Gutiérrez de Lara[1], redentor a sueldo, pues es organizador de la Western Federation of Miners[2], y como tal, percibe un buen sueldo, dándose buena vida mientras los trabajadores en huelga en Morenci, Metcalf y Clifton tienen hambre, anda diciendo que nosotros somos dueños de un terreno, pero que decimos que lo tenemos rentado a un burgués para seguir explotando a los trabajadores.

Sería mejor que te callaras, Lázaro, porque quien sí tiene terrenos eres tú gracias a tu habilidad de haber buscado a una viuda rica para casarte con ella, como lo hiciste. ¿No te avergüenzas de hablar de explotación infeliz?

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            Leo en un despacho fechado en Boston el 25 de este mes y publicado por el The Times, de esta ciudad, el 26: “Hoy fueron dados a conocer los detalles de un proyecto para abrir un curso nocturno de instrucción militar para banqueros y profesionistas, en un mitin del Instituto Bancario Americano.”

Muy sensato es que aquellos a quienes aprovechan las guerras internacionales, sean los que se preparen a tomar las armas, porque parece que se acerca el día en que no habrá más borregos que se presten a servir de carnaza en beneficio de los señores barrigones.

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            Como Barbas de Chivo prometió que el Capital iba a ser protegido, los aventureros de todo el mundo están afilando sus ya bien largas uñas para clavarlas en la carne del trabajador mexicano, y es chistoso ver en los periódicos americanos, las cuentas alegres que hacen sobre los grandes negocios que se imaginan hacer al amparo de la administración barbachivista. Chorreándoles la baba, hablan de las inmensas riquezas naturales que México contiene, y de los mezquinos salarios que habrá que pagar a los trabajadores mexicanos contando con la ayuda de Barbas de Chivo, quien ha ofrecido restaurar el régimen porfirista, en que se ametrallaba a los obreros que pedían una onza más de pan.

¡Castillos en el aire, apareceros, porque aquellos “buenos” tiempos no volverán! Lo que hay en perspectiva es una guillotina para Barbas de Chivo y un buen mecate para cada burgués.

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            Mientras los verdaderos I. W. W., demuestran su descontento por la prolongada prisión de Richard Ford[3] y Herman Suhr[4], practicando el sabotaje en los campos de lúpulo incendiándolos, los pobres diablos del famoso ramajo latino[5] están gastándose muy tranquilamente los buenos dólares que reciben todos los días por… andar de bracero con cochinos barbachivistas, de sobra conocidos en la placita.

Ya ni la “Huelga General”[6], ni “El Rebelde”[7], ni nada de esa hermosa literatura que tanta falta hace… para lo que ustedes quieran.

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            De cien a trescientos millones de dólares sería la suma que, según los vivos banqueros americanos, necesita Barbas de Chivo para consolidar su gobierno, y esa suma enorme le será facilitada por dichos banqueros.

Cada uno de esos dólares será una nueva cadena que tendrá que arrastrar el pueblo mexicano, si no se decide a dar fin al principio de Autoridad y el derecho de propiedad privada.

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            Un largo mensaje telegráfico procedente de Washington, anuncia que las señora Galt, con quien Woodrow Wilson va a contraer matrimonio, esta empleando todos los minutos de su tiempo en el arreglo de su vestido de desposada.

Mientras subsista este sistema que permite a unos vivir a expensas de los otros, veremos a la clase parasitaria gastar su tiempo en cosas perfectamente inútiles. Cuánto mejor sería que esa señora gastara su tiempo en plantar coles.

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            Veo en un periodiquillo local que han quedado zanjadas las dificultades que existen entre Barbas de Chivo y Obregón, con el ofrecimiento que el primero ha hecho al segundo de que tan pronto como termine su periodo presidencial, le hará entrega de las riendas del gobierno. Por lo pronto, Obregón será Ministro de la Guerra.

¡Y haber todavía cándidos que creen en la democracia!

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            Los periódicos de El Paso, Texas, han dado en la flor de llamar colorados a Campa[8], Alanís[9], Caraveo[10], Terrazas[11], Salazar[12], y otros pícaros, cuando en realidad no son otra cosa que mercenarios al servicio de los “científicos”.

¡Colorados! ¡Qué colorados han de ser si no conocen la vergüenza!

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            Un Ignacio D. Flores publica un periodiquillo[13] en Floresville, Texas. El periodiquillo es burgués, netamente burgués, como corresponde ser al organillo de un negociante, pues hay que saber que Ignacio D. Flores tiene tienda, tiene botica, tiene librería, tiene no se qué tantas cosas más en Floresville. Naturalmente, Flores es enemigo acérrimo de los ideales anarquistas, como que comprende el “pobre” que en un medio de justicia tendría que empuñar el pico y la pala para poder vivir pero, entremos en materia: Flores da la noticia de que andan circulando en San Antonio Texas, unas proclamas revolucionarias, e inserta la misma proclama que insertamos en este número de Regeneración[14], y que fue expendida por los revolucionarios de aquel Estado.

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            Insertar la proclama y hacer el correspondiente comentario, todo fue una para Flores, por más que los deberes comerciales, le trajeran a cada instante del mostrador a la mesa de escribir, de la mesa de escribir al mostrador, del mostrador a los estantes donde esperan las chácharas el cambiar de dueño, y así por el estilo. Flores se quita de las manos la grasa que le dejara un ungüento que acaba de despachar; toma la pluma; se oprime la frente con la mano izquierda, como para exprimirse la calabaza, y escribe al fin estos disparates: “Se supone que estas hojas que estaban impresas en español fueron distribuidas durante la noche del viernes por magonistas…”

Es agudo el chico, como veis; pero sigamos adelante.

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            Una mujer entra toda desmelenada y ordena:

¾Cinco de parraleños; pero pronto, que dejé la lumbre prendida.

No hay remedio; Flores suspende la escritura y corre a servir el frijol, pensando, porque también las calabazas piensan, aunque, naturalmente, piensan como calabazas; ¡y que afirmen todavía esos maldecidos anarquistas que somos parásitos, flojos y cuanto se les ocurre!

Vuelve a la mesa de escribir; toma de nuevo la pluma, se aprieta otra vez la calabaza esforzándose por extraerle todo el jugo, y escribe: “Cómo se ve por esta proclama, los que la hicieron, si no son revolucionarios de los que han hecho la desgracia de México, tienen los mismos ideales que aquellos y piensan emplear los mismos procedimientos”.

Sería uno demasiado exigente, si quisiera que una calabaza pensase un poco mejor. El esfuerzo intelectual del “pobre” Flores ha sido superior a sus sesos de almeja, digo, de calabaza, y sudoroso y jadeante toma un respiro para añadir: “Han aprendido bien la lección”.

Flores se equivocó, porque los revolucionarios anarquistas no han hecho la desgracia de México, sino la desgracia de todos los parásitos como él.

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            Tan absorto se encuentra Flores en su comentario a la proclama de los revolucionarios de Texas, que no advierte que hace diez minutos que le espera una cliente por el lado de afuera del mostrador. La clienta se desespera al fin y grita.

¾¡Me despacha o no me despacha que no le vengo a pedir “de oquis”! ¡Cinco de mechas!

Flores sale como de un sueño; dirígese como un sonámbulo a donde están los fósforos apetecidos, y sirve el pedido pensando: ¡perros anarquistas: atreverse a decir que los burgueses somos los verdugos de la humanidad!

Es flaca la memoria de Flores, pues no recuerda que la caja de fósforos que le costo un centavo, acaba de venderla en cinco. ¡Memoria de calabaza!

Vuelve a la mesa de escribir; puja como si estuviera soportando en el lomo una tonelada de peso, y oprimiéndose la calabaza, saca el poco de jugo que en ella queda, embarrándolo en estas líneas: “Toda la energía que se ponga en juego para matar de raíz principios tan disolventes es poca pues es horrible ver a un país en manos de bandidos”.

No pudo seguir: la calabaza no dio más de sí. No obstante eso, quiero hacerle una preguntita: ¿no están todos los países de la tierra en manos de bandidos como Rockefeller, Morgan, Coadwry, Vanderbilt, Rostchild y otros del mismo calibre? En verdad que es cosa horrible ver a un país en manos de semejantes bandidos.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 210, octubre 30, 1915.



[1] Lázaro Gutiérrez de Lara (1870-1916). Abogado y periodista regiomontano. Se desempeñó como juez de primera instancia en Chihuahua hacia 1902. Entró en contacto con el PLM en 1905. Colaborador de los periódicos Revolución y Regeneración. Participó como propagandista en la huelga de Cananea en junio de 1906. Acompañó a John Kenneth Turner en el viaje por México que originaría reportaje México bárbaro. En 1911 se unió al maderismo y rompió con la dirigencia del PLM. Murió asesinado en Sáric, Son. Autor del ensayo El pueblo mexicano y sus luchas por la libertad (1914) y de la novela política Los bribones (ca.1908).

[2] Western Federation of Miners, organización obrera norteamericana de corte radical, cercana a la IWW. Dada su política de filiación de trabajadores con independencia de su origen étnico y nacional, así como su influencia en las regiones mineras del oeste norteamericano (Arizona, California, Nuevo México, Colorado y Oklahoma), contaba entre sus miembros a mexicanos, militantes a su vez del PLM. Participó activamente en la defensa de los perseguidos políticos mexicanos en Estados Unidos.

[3] Richard Ford. Estadounidense. Organizador de la IWW. En 1913 trabajaba con recolectores de lúpulo en el Rancho Durst, en la vecindad de Wheatland, California. El 13 de agosto, cuando llamaba a la huelga durante una manifestación en uno de los campamentos del rancho se presentó un grupo de sheriffs que intentaron detenerlo. En la refriega murieron dos trabajadores, un sheriff y Edward T. Manwel, fiscal del distrito y abogado del rancho. Pese a que se comprobó que Ford no disparó fue acusado de incitar a la rebelión y, por tanto, de homicidio en segundo grado y condenado a cadena perpetúa, al igual que su compañero Herman D. Suhr. En 1918, cuando el gobernador de California se negó a otorgar el perdón a Ford y Surh, la IWW emprendió una campaña de sabotajes en el Imperial Valley y otros campos del estado, que según The New York Times, provoco millones de dólares en pérdidas.

[4] Herman D. Suhr. Estadounidense. Miembro de la IWW. En 1913 trabajaba en la organización de los recolectores de lúpulo en el Rancho Durst, en la vecindad de Wheatland, California. Durst era el mayor empleador de jornaleros del estado, llegó a ocupar 23,000 pizcadores. El 13 de agosto de ese año, durante una manifestación de cerca de 2000 jornaleros en uno de los campamentos del rancho, en la que el wobblie Richard Ford llamó a la huelga, se presentó un grupo de sheriffs que intentaron detener a Ford. En la refriega murieron dos trabajadores, un sheriff y Edward T. Manwel, fiscal del distrito y abogado del rancho. Pese a que se comprobó que Ford no disparó y que Suhr ni siquiera se encontraba entre los manifestantes, ambos fueron acusados de incitar a la rebelión y, por tanto, de homicidio en segundo grado y condenados a cadena perpetúa. Regeneración se sumó a la campaña en su defensa.

[5] Referencia a la Rama Latina del IWW (Los Ángeles, Cal.)

[6] Huelga General. “Órgano de la Unión de los Trabajadores Industriales del Mundo no. 23.” Los Ángeles, Cal. (1913-1915). Alberto Paredes, editor. José B. Corona, administrador. A. M. Ojeda, redactor. Llegó a consolidarse como el principal órgano de la rama latina de la IWW en California. Desde el comienzo de su publicación, el grupo editor mantuvo una relación tensa con los redactores de Regeneración, a quienes acusó desde sus columnas de ser burgueses y embaucadores. A finales de 1913 desplegó una campaña de propaganda para restar simpatías al movimiento revolucionario mexicano entre los trabajadores avecindados en California. En respuesta a ello, desde la sección en inglés del órgano del PLM, William C. Owen polemizó con el periódico wobblie mientras los integrantes de la Junta estaban recluidos en McNeil Island. Regeneración llamó a boicotear a Huelga General, iniciativa que fue seguida por varias locales de la IWW de Arizona y California.

[7] El Rebelde. ( Los Ángeles, Cal.) Órgano del Local 602 de la Industrial Workers of the World.

[8] Emilio P. Campa. Originario de Nazas, Durango. Militó en el PLM de 1906 a 1911. Residió en Cameron, Tex., donde participó en la creación de un grupo afiliado al PLM. Formó parte de grupo magonista de 45 hombres comandado por Praxedis Guerrero que incursionó en el país el 19 de diciembre de 1910. A principios de 1911 fue nombrado Delegado General de la JOPLM y Jefe de la Armas en Coahuila. En mayo estableció su cuartel general en La Vacas, Coah., y lanzó una proclama firmada el día 20 en el “Campo de operaciones en la Sierra del Burro”, invitando a la población a unirse al levantamiento que no tenía más consignas que “tierra para todos, pan para todos, libertad para todos”. En junio, con una fuerza que Regeneración calculaba en 600 hombres controlaba once pueblos de Coah. Fue en esos día que Valeriano Pérez y Calixto Guerra lo invitaron a unirse al maderismo a lo que Campa se negó. Esta negativa suscitó enfrentamientos entre ambas fuerzas según los informes que envió a la JOPLM. Sin embargo, para julio, Campa ya realiza gestiones a través de Jesús Flores Magón para sumar al maderismo sus fuerzas militares, que para entonces suman 160 hombres. Para mediados de agosto la JOPLM lo considera ya un traidor, junto con Lázaro S. Alanis y José Inés Salazar y denuncia su colusión con Antonio I. Villarreal (entonces ya escindido del magonismo y enfrentado a la JOPLM) para presentar supuestas pruebas de que la causa liberal estaba siendo financiada por “científicos”, como Luis del Toro. Así mismo, afirma que Campa fue expulsado por sus compañeros en la sierra del Burro por ladrón y cobarde. El 18 de febrero de 1912, en Casas Grandes, Chih., firmó junto con Inés Salazar y Demetrio Ponce un manifiesto desconociendo al gobierno de Madero por traición al Plan de San Luis y reconociendo Pascual Orozco primer insurgente y general en jefe del ejército libertador. Campa tomó Ciudad Juárez el 27 del mismo mes en unión de José Inés Salazar. RFM le acusó de recibir dinero de Luis Terrazas. Combatió al gobierno de Madero en Chihuahua. Los antiguo liberales empezaron a ser llamados “Los Colorados” por periódicos de Texas, ya que enarbolan una bandera roja, lo que enfureció a RFM y a la JOPLM que se indignaron por el uso del emblema libertario. Campa fue derrotado en Hidalgo del Parral por Francisco Villa. Se unió al general Benjamín Argumedo en Durango. Fue derrotado por las fuerzas al mando de Aureliano Blanquet en Avilés y Sabinos, Durango. Se refugió en la Sierra de San Joaquín, Chih. Para octubre de 1912, cruzó la línea fronteriza, fue aprehendido y enviado a la cárcel de Tucson, Ariz. En 1913 reconoció el gobierno de Victoriano Huerta, y, en marzo, este lo nombró general brigadier. Tomó parte en la segunda e infructuosa defensa de Torreón frente a Francisco Villa el 1 de octubre de ese año. Pocos días después de que Huerta lo ascendiera a general de división, el 6 de marzo de 1914, y le encargara la toma Matamoros, Tams., Campa se exiló en los Estados Unidos. Regreso a México amnistiado por Carranza y ofreció sus servicios para combatir a Villa, pero murió repentinamente en 1919.

[9] Lázaro S. Alanís. Originario de Casa Grandes, Chih. (¿?-1923). Participó con el grado de coronel en la expedición armada a Las Vacas, Coah. del 26 de junio de 1908, donde resultó herido. A lo largo del siguiente año, junto con Jesús M. Rangel, hizo labor proselitista en las cercanías de San Angelo, Tex. Convocado por Práxedis G. Guerrero se trasladó a El Paso, Tex. en noviembre de 1910 y participó, junto con Prisciliano G. Silva, José Inés Salazar, Antonio Rojas, Máximo Castillo, y Emilio P. Campa y, a decir de las memorias de Jesús M. Rangel, Gildardo Magaña, en las reuniones preparativas de la siguiente insurrección. Días después, Alanís, al mando de un grupo de cerca de cuarenta hombres entró a territorio mexicano y operó en coordinación con las fuerzas maderistas. Sin embargo, para principios de marzo las relaciones entre ambos grupos se tensan. Junto con Luis B. García, Tomás Loza, Inés Salazar, Lucio Ortiz, Ramón Rivera, Leónides Zapata, José C. Padua, Santiago Pacheco y Félix González, «representantes de las fuerzas revolucionarias del PLM», envía un oficio dirigido a Francisco I. Madero, manifestando que, «en vista del desprecio con que eran tratados en las filas se veían obligados a retirar su concurso si no se declaraba la legalidad del partido y en lo militar, se les consideraba en igualdad de circunstancias.» El 6 de abril fue herido y derrotado en el intento de toma de Casas Grandes junto con las tropas maderistas. Días después entró a dicha población y realizó labores de proselitismo a favor del PLM. El 13 de abril, a raíz de una disputa en torno a provisiones tomadas en esa población con la anuencia disimulada del proveedor general, Luis A. García, las relaciones de las tropas liberales con Madero se tensan aun más y llegan al rompimiento dos días más tarde cuando junto con Luis A. García, José Inés Salazar, Leonidas Zapata y Tomás Loza, Alanís solicita su separación a Madero, alegando “la poca voluntad” que se ha mostrado con todos ellos. Al escrito de los líderes, Madero contestó, entre otras cosas: «El hecho de haberse puesto ustedes el distintivo rojo y habérselo puesto a sus soldados, lo considero desde luego un acto de rebelión contra mi gobierno, pues si el partido liberal o mejor dicho socialista de que ustedes forman parte, lo reconozco como un partido político militante y tanto a él como a sus miembros les respeto sus derechos, por ningún motivo puedo reconocerles el derecho de beligerancia en la actual lucha y menos a ustedes que eran oficiales de mi ejército y habían reconocido a mi gobierno.» Los jefes liberales que suscribieron el escrito fueron desarmados y encarcelados por conducto de Pascual Orozco y Francisco Villa, acusados de insubordinación. Sin embargo, al ser trasladados a la cárcel municipal de Ciudad Guerrero, Alanís y Salazar se fugaron en Estación Mata Ortiz y los cuatro restantes lo hicieron pocos días después, en Ciudad Guerrero. A partir de ese momento Alanís actuará en coordinación con Salazar, quien para fines de mayo de 1911, cuenta con un ejército de 700 hombres que opera en la región de Casas Grandes y Galeana. Tras la renuncia de Porfirio Díaz, el antiguo liberal y ya entonces, general maderista José de la Luz Blanco salió en su persecución. A pesar de que, para esos momentos, la mayoría de las tropas liberales de la región han creado un ejército independiente de otras banderías, conocido como «Los Colorados», y que finalmente habrá de integrarse al ejército orozquista, Alanís continuó manteniendo vínculos con la JOPLM pues se le imputa la distribución del Manifiesto del 23 de septiembre entre dichas tropas. Por intermedio de Abraham González y Antonio I Villarreal, tanto Alanís como Luis García buscaron negociar su pacificación con el gobierno interino de Francisco L. de la Barra, siendo enviados a la capital del país donde fueron retenidos. De regreso a Casas Grandes, Chih., Alanís administró una cantina, la que, considerada centro de conspiración, fue atacada por las fuerzas federales. Poco tiempo después se reintegró a las fuerzas orozquistas, siendo uno de los firmantes del Pacto de la Empacadora. En 1913 reconoció al gobierno de Huerta mismo que le otorgó el grado de general. Al caer el régimen emigró a Estados Unidos. En 1916 prestó sus servicios en las fuerzas del general Jacinto B. Treviño con quien combatió a Francisco Villa. En 1920 se unió al Plan de Agua Prieta, ratificándosele el grado de general. Tres años después, comprometido con la rebelión delahuertista fue fusilado por órdenes de Arnulfo Gómez.

[10] Marcelo Caraveo. (Guerrero, Chihuahua, 1885 – El Paso, Texas, 1955) Fue transportista de minas en Chihuahua e instalador de durmientes para el ferrocarril de Kansas. Fue uno de los más famosos “Colorados” de Chihuahua. Se levantó en armas secundando el llamado de Francisco I. Madero al lado de Pascual Orozco el 19 de noviembre de 1910 en san Isidro, Chihuahua. En 1911 participó en la toma de Ciudad Juárez. En febrero de 1912 se sumó a la rebelión de Pascual Orozco. En marzo de 1913 reconoció al gobierno de Victoriano Huerta y combatió contra la División del Norte de Francisco Villa en las batallas de Camargo, Ojinaga y Torreón. En 1918 se unió sucesivamente a los alzados de Félix Díaz, luego al zapatismo, y finalmente a las fuerzas anticonstitucionalistas de Manuel Peláez que protegían a las compañías petroleras estadounidenses en las Huastecas. En 1920 se adhirió al Plan de Agua Prieta. Adolfo de la Huerta le otorgó el grado de general de división. Fue gobernador de Chihuahua entre 1928 y 1929, año en que se adhirió a la rebelión escobarista. Tras la derrota de este movimiento se exiló en los Estados Unidos. En 1931 publicó en El Paso, Texas, el libro Memorias del General Marcelo Caraveo, redactado con apoyo de Rodolfo Uranga.

[11] Félix Terrazas. Formó parte de los “irregulares” de Chihuahua que Madero no pudo reducir a la vida civil tras los acuerdos de Ciudad Juárez de mayo de 1911. En marzo de 1912 se sumó a la rebelión orozquista y fue uno de los firmantes del Plan de la Empacadora. Como otros Colorados reconoció al gobierno de Victoriano Huerta y combatió al Constitucionalismo. Tras el cerco a Ojinaga por parte de la División del Norte, en enero de 1914 cruzó la frontera con las tropas federales que huían de Francisco Villa y fue recluido en Fort Bliss, de donde consiguió evadirse para regresar a México y reunirse con Benjamín Argumedo. A su lado participó en la batalla de Zacatecas contra la División del Norte y fue uno de los 93 sobrevivientes que lograron escapar a Aguascalientes.

[12] José Inés Salazar. Casas Grandes, Chih. Miembro del club liberal Santos Degollado de Metcalf. Ariz., en diciembre de 1907. Participó en el ataque a Palomas, Chih., el 1 de julio de 1908 con el grupo de Práxedis G. Guerrero. De nuevo con él, se levantó en diciembre de 1910. A la muerte de Guerrero, el 29 de diciembre de ese año en Janos, Chih., Salazar se convirtió en el jefe de la partida revolucionaria. Se incorporó a la fuerzas de Francisco I. Madero el 5 de marzo de 1911, participando en la batalla de Casas Grandes, Chih. A mediados de julio, con otros jefes de antigua filiación liberal, como Lázaro Alanís, Luis A. García, José C. Parra, Leónides Zapata y Tomás Loza, decidió romper con Madero, alegando “la poca voluntad” que se había mostrado con ellos y pidió su separación del ejército. La respuesta de Madero fue desarmarlos y encarcelarlos por conducto de Orozco y Villa. Los argumentos del presidente provisional fueron que ellos hacían proselitismo para un partido “socialista” y que por ello merecían que se les celebrará consejo de guerra. Cuando se les trasladaba a la cárcel de Ciudad Guerrero, Alanís y Salazar escaparon en Estación Mata Ortiz. Tras lo cual, Salazar desconoció los tratados de Ciudad Juárez y con Alanís y Jesús M. Rangel atacó Ojinaga en junio de 1911 y tomó Boquilla de San Antonio y El Sabinal, Chih. A principios del año siguiente, Salazar, Alanís, Campa, Demetrio Ponce y Antonio Rojas, encabezaron el grupo conocido como “Los colorados”, mismo que todavía se asumía como guerrilla del PLM. En febrero de 1912, las fuerzas de Salazar se unieron a las de Pascual Orozco, y cuando el JOPLM se deslinda de éste, no sólo desconoce tal decisión sino que proclama a Orozco jefe del ejército libertador. En marzo de 1913, Salazar reconoció la presidencia de Victoriano Huerta y defendió Chihuahua de las fuerzas villistas. Cuando intenta reclutar en sus filas a antiguos militantes del PLM de la franja fronteriza, Regeneración lo denuncia, acusándolo de haberse vendido al los Terrazas, “señores feudales de Chihuahua”, por 12 mil pesos. En las páginas del órgano del PLM, Araujo escribe : “Salazar, Campa y Alanís son tan criminales como lo fue Madero, como lo es Félix Díaz, y por lo tanto, hay que combatirlos sin piedad […] Compañeros liberales: Hacemos constar clara y terminantemente que Emilio P. Campa, Inés Salazar y Lázaro S. Alanís no tienen ningún acuerdo con esta Junta ni pueden pertenecer al Partido Liberal Mexicano, por sus traiciones y su reconocimiento á las instituciones gubernamentales”. Tras la toma de Ojinaga por las fuerzas de la División del Norte, en enero de 1914, Salazar se refugió en Estados Unidos, donde fue apresado y acusado de violación de las leyes de neutralidad. En marzo del mismo año, y mientras estaba en prisión, el gobierno de Huerta le otorgó el grado de general de división. Regresó a México en 1916 para combatir a Carranza y fue hecho prisionero en Chihuahua. En septiembre de ese año, fue liberado por Pancho Villa. Se refugio otra vez en Estados Unidos, donde nuevamente fue aprehendido. En agosto de 1917 ingresó por última vez al país; se unió al villismo y murió asesinado en agosto en las cercanías de la Hacienda de Nogales, Chih.

[13] Probable referencia a El Progreso publicado a partir de 1915.

[14] Véase infra, “Los Levantamientos en Texas.”