Los levantamientos en Texas

 

La Verdad hace progresar al mundo; la Mentira es una tranca puesta al paso del carro del Progreso, La Verdad, como la Libertad, como la Justicia, no puede existir a medias: hay Verdad entera o no la hay, como el blanco es blanco o no lo es. La Verdad no perjudica más que a quien tiene interés en ocultarla, y ese interés no puede ser honrado, por que la Honradez, es herramienta gemela de la Verdad, son inseparables: donde hay Verdad, hay Honradez; donde hay Honradez tiene que haber Verdad.

La prensa burguesa tiene por costumbre ocultar la Verdad: la Verdad es luz, y hay ciertos negocios que solamente pueden prosperar en las tinieblas. Solapadora empedernida del crimen, la prensa burguesa tiene que ocultar la Verdad. ¡Ese es su negocio!

La prensa burguesa de la frontera, desde The Los Angeles Times, hasta los desabridos periodiquitos burgueses mexicanos que abundan en el Sur de los Estados Unidos, al referirse a los levantamientos que de tres meses a esta parte tienen en conmoción a los condados del Sureste del Estado de Texas, no han tenido más que una sola preocupación: ocultar la verdad, tergiversar los hechos, señalándonos como los autores, intelectuales, al menos, de la Revolución del proletariado mexicano en aquel Estado. Se ve en esos escritos, la prisa que se tiene de desembarazarse de nosotros, porque sin justificar nada, se nos hace responsables de lo que ocurre en Texas. En la Revolución de Texas hay anarquistas, compañeros nuestros; pero ellos no obedecen a jefatura ninguna, que de hacerlo, dejarían de ser anarquistas para ser simplemente personalistas.

Se nos acusa igualmente, de haber impreso las diversas proclamas que aquellos revolucionarios han hecho circular, al parecer con profusión, urgiendo a los trabajadores mexicanos a levantarse en armas, y, correspondiendo a las excitaciones de la prensa burguesa, las autoridades envían sus agentes a que merodeen por los humildes jacales en que están instaladas nuestras oficinas, para ver qué descubren. De un mes a esta parte, esbirros de todas descripciones han venido a meter los hocicos por este rincón de la ciudad, tan tranquilo antes. Con cualquier pretexto se acercan a nuestro lugar de trabajo; para darse cuenta de lo que hacemos.

Respecto del movimiento, la prensa burguesa continúa insistiendo en que se trata de una lucha de razas, cuyo principal objeto es matar personas de raza americana y llevar la guerra adelante hasta que el inmenso territorio que perdió México en 1847, vuelva otra vez a caer bajo la soberanía de la nación mexicana.

El origen del movimiento como lo dijimos en el número de Regeneración de fecha 2 de este mes fue una querella vulgar, en un lugar cercano a Brownsville, Texas, entre un americano y un mexicano. El mexicano fue muerto a traición por el americano, y entonces varios mexicanos vengaron a la víctima matando al americano. La Autoridad persiguió a los vengadores, quienes tuvieron que armarse para no ser cogidos con los brazos cruzados. A esos hombres se les unieron otros que, encontrándose en la miseria vieron una oportunidad de ganarse el pan por medio de la violencia. Ocurren los primeros choques entre perseguidores y perseguidos, muriendo algunos de los esbirros, y entonces comienza una verdadera orgía de sangre por parte de los representantes de la Autoridad. Los mexicanos que caen en las garras de los esbirros son muertos sin que se les justifique participación alguna en el levantamiento. Mueren por centenares personas inocentes de la raza mexicana, hombres, mujeres, ancianos, niños. Se mata al mexicano dondequiera que se le encuentra. Tal acción de la Autoridad, hace que muchos mexicanos se levanten en armas, ya para no morir sin cambiar siquiera la vida, ya empujados por la indignación que provoca la injusticia. El compañero Aniceto Pizaña, que parece que es hasta hoy la figura más notable del movimiento, se vio sorprendido en su casa por una fuerza de esbirros, viéndose asaltado por ellos gratuitamente, por el solo hecho de ser mexicano. Pizaña, como anarquista, no gusta de verse ultrajado y en unión de tres compañeros más de la vecindad, resiste el brutal ataque, en el que pierde una pierna su único hijo, un niño de once años de edad. En la lucha pierden la vida varios esbirros, y Pizaña y los tres compañeros más se ven en la disyuntiva de entregar[se] a la furia de ley burguesa, o declararse en abierta rebeldía contra la Autoridad. Prefieren esto último y se agregan al movimiento revolucionario al que aportan una gran fuerza: la de la idea.

Esto ocurrió el 3 de agosto. De entonces a esta fecha, el movimiento revolucionario ha alcanzado mayores proporciones, a juzgar por los movimientos de tropas americanas por esa parte del país, movimientos que no han de ser llevados a cabo por mero pasatiempo, sino que han de ser motivados por la presencia de bandas armadas de mexicanos en distintas partes del distrito afectado por la Revolución, y esta creencia se robustece al ver en los diarios burgueses las noticias de encuentros habidos entre revolucionarios y soldados del ejército americano en diferentes lugares.

El movimiento de Texas es un verdadero movimiento económico y social. Nacido de un incidente vulgar, ha venido desarrollándose durante los últimos tres meses en un movimiento de trascendencia. Tan importante es considerado ya este movimiento, que el general Funston[1] ha tenido que pedir refuerzos considerables de tropas para sofocarlo.

Los periódicos burgueses llaman bandidos a los proletarios levantados en armas; pero los hechos demuestran que no son bandidos. No se da todavía cuenta de que esos hombres hayan cometido atropellos en personas indefensas. No; no son bandidos esos hombres: son revolucionarios, y la prueba la tenemos en el siguiente documento que en forma de hoja suelta recibimos por correo procedente de Texas. Dice así el documento que publicamos para desbaratar las mentiras de la prensa burguesa, y el público se dé cuenta de lo que ocurre en aquel Estado:

“¡A las armas, mexicanos!

“Declaración de principios, lo que queremos y por qué luchamos!

“Hermanos y hermanas, leednos y reflexionad.

“Pueblo, nosotros los que trabajamos en las tierras, que somos los que todo lo producimos y nada poseemos, ni lo indispensable para el sostenimiento de nuestras queridas familias, que es el pan.

“Por esto, nosotros, convencidos que es una cobardía el vivir en este mundo de miseria y de dolor, causados por los ladrones de nuestro trabajo, que son los ricos, y para que esto termine, hoy nos lanzamos a la lucha con las armas en la mano y ondeando el rojo pendón que es el símbolo de los desheredados de la fortuna, de los que sufren en los campos, talleres y minas.

“Damos este paso que es ir hacia la vida en pos del progreso, que todo hombre de corazón generoso debe desear vivir en una sociedad en donde cada uno trabaje según sus necesidades, y para que esto sea un hecho, es preciso destruir la sociedad capitalista que se basa en el crimen y en el robo, y una vez destruida esta, en sus ruinas implantar la del porvenir, formando de toda la clase trabajadora una sola familia, la familia universal, en donde reine la paz y la justicia.

“Pero esto no se consigue implorando de rodillas, pero sí, con las armas en la mano y la tea incendiaria quemando todo lo que se base en la explotación del hombre por el hombre.

“¡Mexicanos! No consintamos que estos malditos gringos burgueses, nos desprecien, maltraten a nuestras familias y a nosotros nos linchen como si no tuviéramos derecho a la vida.

“Rebélate al grito de ¡abajo los explotadores y ladrones de nuestro trabajo!

“Sí, a conquistar la tierra que tienen en su poder unos cuantos y que pase a manos de quien la trabaja, que es el campesino que día tras día suda en el surco para mal comer.

“Mexicano, despierta, deja el arado y empuña el arma para que no seas merecedor del desprecio de tus hermanos que dignamente tomamos esta decisión, que honra a la raza hoy tan despreciada por los que viven de nuestro trabajo que son los americanos capitalistas.

“Sí, nosotros no luchamos por ningún partido político sino por nuestra libertad y la de nuestros hijos.

“Seamos hombres ¡Mexicanos! Empuñemos las armas y no consintamos que nuestras familias mueran en la más espantosa miseria, por ser los terratenientes quienes nos roban el producto de nuestro trabajo.

“¡Levántate al grito de mueran los gringos burgueses y viva el comunismo libertario!

“Pan y tierra para todos.

“Nosotros luchamos por la emancipación económica y social del proletariado universal!

“GRUPO ALZADO EN ARMAS EN TEXAS, U. S. A., OCTUBRE DE 1915.

“Nota.- No dejaremos las armas mientras no sean conseguidas estas cuatro cláusulas que exigimos:

“1.- Abolición de todo gobierno del hombre por el hombre.

“2.- Eliminación del capitalista.

“3.- Exterminio del clericalismo.

“4.- Que la tierra pase a propiedad común de los productos de la riqueza social.

“Mexicanos: ¡vivir para ser libres, o morir para dejar de ser esclavos.”

Los bandidos no se expresan de la manera que lo hacen los que han expedido la hoja que acabamos de transcribir. Los bandidos no abrigan en sus pechos anhelos de redención humana, como los manifestados en la hoja transcripta, en la que se aboga por la creación de una sola familia humana, compuesta por la clase trabajadora, y, para usar las mismas palabras, “la familia universal en donde reine la paz y la justicia.”

No se ve que los revolucionarios de Texas estén animados de odio de raza. Por el contrario, quieren la familia universal.”

Los bandidos no sueñan siquiera en trabajar, mientras que estos hombres no desean otra cosa que trabajar, como se desprende del párrafo en que dicen:… “a conquistar la tierra que tienen en su poder unos cuantos y que pase a manos de quien la trabaja, que es el campesino que día tras día suda en el surco para mal comer.”

No son, pues, bandidos, los trabajadores levantados en armas en Texas, sino revolucionarios que, como ellos mismos dicen, luchan “por la emancipación económica y social del proletariado universal”.

Deje pues, de mentir la prensa burguesa. No se debe temer a la manifestación de la Verdad; lo que se debe temer es la manifestación de la mentira.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 210, octubre 30, 1915.



[1] Frederick N. Funston (New Carlise, Ohio,1865-San Antonio, Texas, 1917) General del ejército de los Estados Unidos. En 1895 formó parte de una expedición que buscaba oportunidades de inversión en el café de México y Centroamérica. En 1898 se enroló como voluntario en las tropas estadounidense que ocuparon Filipinas. En marzo de 1901 capturó al líder independentista Emilio Aguinaldo, con lo que ganó el grado de General Brigadier y obtuvo la medalla de honor. Famoso por sus hazañas militares, por su defensa del expansionismo estadounidense y por su labor como propagandista de la ocupación del archipiélago, en 1902 declaró que “los americanos que han solicitado al Congreso la paz en Filipinas debieran ser sacados de sus casas y linchados.” En 1908 dirigió la represión a los huelguistas de la IWW en Esmeralda, Nevada. En 1914 fue el comandante de la fuerzas que ocuparon Veracruz en abril de ese año y permaneció en el puerto como gobernador militar hasta noviembre de ese año, tras lo que se le comisionó para dirigir las tropas que custodiaban la frontera con México. En 1916 supervisó a las Expedición Punitiva, encabezada por su subordinado, el general John B. Pershing, que invadió Chihuahua en persecución del general Francisco Villa, tras el ataque a Columbus, Nuevo México. En mayo, Funston y el general Hugh Scott se reunieron en Ciudad Juárez con el general Álvaro Obregón para acordar un plan militar de vigilancia de la frontera que buscaba poner fin a la Expedición Punitiva mediante un acuerdo negociado. En enero de 1917, cuando era el favorito del presidente Wilson para encabezar las tropas estadounidenses que participarían en la Primera Guerra Mundial, falleció de un ataque cardiaco.