Alto ahí (Continúa)

 

La carta de los gachupines de Massachusets termina de esta manera: “Si necesitáis algunos datos, vosotros o algún grupo o federación anarquista, podéis escribirnos a este grupo.

“Un fraternal saludo a los buenos y contad en todo lo que al ideal pueda ser útil con este grupo. Si deseáis que la verdad florezca y que los explotadores se acaben, comunicad este asunto con los demás grupos y federaciones, pues será más fácil la comunicación que a nosotros, contando siempre a vuestro lado con este pequeño grupo de compañeros.

Grupo Fraternidad”

P.O. Box 43, Hanover street, Station, Boston. Mass, USA”.

Por la lectura de estos últimos párrafos de la carta, se descubre que los asnos de Massachusets han desplegado una actividad bastante grande en su triste obra de denigrar el movimiento revolucionario que sacude a México. Este trabajo cobarde estuvo haciéndose en el misterio, subterráneamente, en los momentos en que la Junta no podía defenderse y habría continuado esa labor de hormiga contra la Junta, contra Regeneración, y contra el movimiento revolucionario mexicano, si un puñado de abnegados anarquistas españoles no hubiera tenido la idea de publicar un periódico, Reivindicación, que combatiera, como lo ha hecho con laudable acierto, a todos aquellos que han tratado de amontonar basura sobre actos revolucionarios sin precedente en la historia del proletariado, y de enlodar la reputación de los que nos hemos empeñado en encauzar el movimiento mexicano por el sendero del comunismo anarquista.

El mérito de Reivindicación es grandísimo, porque salió a la luz en los momentos en que parecía que la calumnia había triunfado; cuando, forzoso es confesarlo, muy raro era aquel que se atrevía a declararse en favor de los rebeldes mexicanos, y en los periódicos anarquistas se hacía el silencio más completo alrededor de todo lo que trascendiera a Revolución Mexicana. Se hablaba de dicha revolución, pero para condenarla, y condenar, de paso, a los individuos que formamos la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. De vez en cuando, aparecía en algún periódico anarquista algo favorable al movimiento mexicano; pero parecía como si se tuviera vergüenza de declararse abiertamente a favor de dicho movimiento, y como si se temiera ser objeto de ridículo si se decía una palabra en defensa de la Junta. En una palabra, se consentía con el silencio la comisión de una infamia: la calumnia del movimiento revolucionario mexicano y de los individuos de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.

A Reivindicación se debe el hecho verdaderamente honrado de haber salido resueltamente a la defensa de la justicia. La historia del movimiento anarquista contemporáneo, en sus relaciones con el movimiento revolucionario mexicano, enseñará cómo hubo seres mezquinos que sacrificaron los principios anarquistas a los desahogos de su despecho, a los pataleos de su impotencia y de su insignificancia.

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            Hemos concluido con la carta de los gachupines de Boston. No pueden quejarse de que no la hayamos considerado importante, Ahora vamos a seguir con el periodiquillo El Porvenir del Obrero, que se pública en Mahón, España. Tenemos a la vista su número 412, de 7 de octubre de este año. Tanto este periodiquito, a como Acción Libertaria, de Gijón, estaban encariñados con la idea de que Regeneración había muerto, de que no podría levantarse de su tumba para darles una sacudida. Lo mismo creía el papelucho socialista La Justicia Social, que con tanto amor recomienda el de Mahón, como que El Porvenir del Obrero, es también periódico político, y esa es la causa del encono que tiene contra los individuos que formamos la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.

Y todavía más: el periodiquillo de Mahón, es maderista, maderista vil, y como maderista enemigo del movimiento revolucionario que está en pie en la región mexicana. Oigamos la profesión de fe de El Porvenir del Obrero por su propia boca. Dice así: “Nosotros hubimos de simpatizar sin reservas con la revolución mexicana que derribó a Porfirio Díaz y elevó a la presidencia a Madero, quien por su gran cultura y probada honradez estaba en condiciones de emprender la revolución en todos los órdenes de la vida de aquella nación desgraciada”.

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            He aquí un periódico que se dice anarquista, declarar que puede esperarse algo bueno de los gobernantes. Los redactores de ese periodiquillo, de haber sido mexicanos y maderistas, por supuesto, habrían recomendado al pueblo que votase por Madero, imprimiendo, al efecto, un cartel como éste: Postulamos para Presidente de la República al Ciudadano Francisco I. Madero, quien por su gran cultura y probada honradez está en condiciones de emprender la renovación, en todos los órdenes de la vida, de la nación mexicana.

¿Qué podemos esperar de periódicos políticos, sino ataques, censuras, calumnias? Y periódicos como éste, son los que acogen con cariño todo lo que dicen los detractores de la Revolución Mexicana y de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.

Solamente un partidario del principio de autoridad puede asentar lo que asienta El Porvenir del Obrero, periódico “anarquista”. ¡Periódico anarquista! ¡Periódico sinvergüenza, para hablar con propiedad!

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            Aceptar que un hombre por su gran cultura y probada honradez, puede emprender la renovación de un pueblo en todos los órdenes de la vida, es aceptar con todas sus consecuencias el principio de las jefaturas, y quien acepta el principio de las jefaturas puede ser un buen borrego, pero nunca un anarquista. Desde el momento en que se acepta que otro emprenda la obra de renovación que todos debemos emprender sin amos ni directores ni capataces, se acepta el principio de autoridad, y eso no lo hace ningún anarquista.

Madero fue un hombre de cultura mediocre, y en cuanto a su honradez quedó ampliamente probada cuando su hermano Gustavo[1] barrió las cajas del erario nacional. ¡Esa es la obra de renovación para los imbéciles de El Porvenir del Obrero!

Madero, al día siguiente de haberse sentado en la silla presidencial, declaró que las promesas que había hecho al pueblo eran irrealizables, y esas promesas envolvían, en parte, las demandas que hoy sigue haciendo el pueblo con las armas en la mano: libertad económica, política y social. ¡Y por ese renovador suspira El Porvenirdel Obrero!

Y suspira realmente, como puede verse en el párrafo que sigue: “Pero cuando la desorganización general del país dio lugar a la caída de Madero y la infame traición de su muerte, entonces perdimos por completo las esperanzas de que allí se pudiese hacer algo serio y honrado”.

Como se ve, el periódico que se dice anarquista, deplora la desorganización general del país, esto es, se duele de que el Estado, institución que combatimos con energía todos los anarquistas, se encuentre debilitado, desorganizado, quebrantado, al grado de haber hecho posible la muerte de un tirano, esto es, de un gobernante. ¿Puede pedirse mayor inconsecuencia? Dolerse de la desorganización del Estado, es declararse partidario del principio patriótico y del principio de autoridad, principios que están en pugna con los ideales anarquistas.

(Continuará)

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 216, diciembre 11, 1915.



[1] Gustavo A. Madero González (Parras, Coahuila, 1875-Ciudad de México, 1913) Hombre de negocios y político. Hermano mayor de Francisco I. Madero. Durante la campaña de 1910 se encargó de las finanzas del Partido Antireeleccionista. Fundó y dirigió el periódico Nueva Era. Fue fundador del Partido Nacional Progresista en 1911. Durante la presidencia de su hermano fue diputado. Intentó que su hermano tomará una posición más radical contra los opositores de Madero, por lo que fue acusado de dirigir el grupo político “La Porra”. Por haber perdido un ojo fue bautizado como “Ojo parado” por los caricaturistas que ridiculizaban al maderismo. Durante la Decena Trágica trató de convencer a su hermano que reprimiera con energía a los golpistas y de que Victoriano Huerta conspiraba en su contra. El 18 de febrero de 1913, durante una conferencia con éste ultimo, celebrada en el restaurant Gambrinus fue secuestrado y entregado a los levantados de la Ciudadela, quienes los asesinaron, luego de vejarlo y torturarlo.