El carácter de la Revolución Mexicana

 

Quien quiera convencerse por sí mismo del carácter de la Revolución Mexicana, puede lograrlo haciendo un viaje a México. Lo primero que encontrará serán combatientes afiliados a distintas banderías. Y si se le ocurre preguntar a cualquier combatiente de cualquiera bandería por qué lucha, recibirá esta sencilla respuesta: lucho contra los ricos, en beneficio de los pobres. Y si el visitante recorre el país, encontrará extensas regiones donde proletarios de ayer son ahora los dueños de ellas.

Este es el fruto espléndido de cuatro años y medio de rebeldía armada, fruto que hace abrigar esperanzas risueñas de conquistas mejores.

La burguesía así lo comprende. Ella sabe que el pueblo mexicano se ha echado a andar por el camino de su emancipación económica y social y trata de salirle al frente, de detenerlo, de ahogar en sangre sus nobles aspiraciones, para restaurar el orden burgués.

Victoriano Huerta, uno de los últimos presidentes de México, es, el jefe de esa reacción de la burguesía. Huerta prepara en estos momentos un movimiento reaccionario con el objeto de sofocar la Revolución. Huerta declaró lo siguiente al periódico New York American[1], el 20 del pasado abril:

“Si los Estados Unidos se informarán de las verdaderas condiciones que prevalecen en México y le dieran su apoyo moral a un hombre enérgico, el problema mexicano sería fácilmente resuelto en seis meses.”

Por su puesto que el hombre enérgico es él, Huerta, quien se compromete a poner las cosas en el mismo estado en que se encontraban bajo la dictadura de Porfirio Díaz.

Sigue hablando Huerta, y será bueno que tomen nota de sus palabras los que “dudan”, para que comprendan porque no duran largo tiempo en el poder los presidentillos mexicanos: “Cuando Madero llegó a la presidencia en virtud de una elección que sólo existió de nombre, no tenía lo suficiente para cumplir las promesas que había hecho; los pobres vieron que continuaban pobres, no obstante que se les prometió hacerlos ricos.”

Esto quiere decir que el carácter de la Revolución Mexicana es económico y social; que el trabajador mexicano quiere cambiar de condición, y tan intenso es el sentimiento popular por su emancipación, que los políticos se ven obligados a hacer figurar prominentemente en sus programas cláusulas de reformas económicas y sociales. He aquí lo que dice Huerta acerca de los programas de las facciones políticas: “Cada una de esas proclamas o plataformas contiene una parte en que se promete la repartición de tierras y se dice que la pobreza terminará.”

Corroborando lo que tantas veces hemos dicho, que la expropiación se ha estado llevando a cabo en grande escala por los proletarios, dice Huerta: “Uno de tantos problemas es el de la propiedad. Ha habido tal cantidad de confiscaciones que nadie en realidad sabe lo que posee. Toda esta propiedad deberá ser devuelta. El sistema de expropiar sin remuneración debe suspenderse. Cuando esta restauración haya tenido lugar, la tierra quedará en manos de pocos ciudadanos, pero los terrenos sin cultivo podrán ser gravados tan alto, que los propietarios se vean obligados a cultivarlos o a venderlos al Estado.

“Tomar lo de los ricos y repartirlo entre los pobres es deshonroso, y en estos momentos aun no se toman las medidas necesarias para suspender tal política.” ¿Qué responderán ahora los que “dudan” de que en México existe un formidable movimiento económico? ¿Y donde esconderán la cara los bribones que se han echado a cuestas la tarea poco airosa de negar que la Revolución Mexicana tiene una finalidad social, eminentemente social?

Muchos niegan su apoyo al Partido Liberal Mexicano so pretexto de que la Revolución Mexicana no es netamente anarquista, como si fuera posible que un pueblo resultase anarquista, como si fuera posible que un pueblo resultase anarquista de la noche a la mañana. Véase lo que dice Malatesta[2] a este respecto: “Pensemos en el porvenir; pensemos en los medios nuevos que se nos ofrecen, y aprovechémoslos.

“Mas, para aprovecharlos, debemos recordar que una resolución no se produce según la línea precisa trazada por un filosofo o un poeta. La revolución se produce de cualquier modo y se desarrolla en un sentido o en otro según la fuerza que en ella obra.

“Si para hacer la revolución quisiéramos esperar a que ella comience con un preciso programa comunista o anarquista, arriesgaríamos esperar en vano. La masa se volverá anarquista y comunista durante la revolución, después del comienzo de la revolución, no antes.

“Nosotros debemos estar en todos los movimientos revolucionarios, o que puedan conducir a una revolución, y trabajar para que los acontecimientos no tomen otro rumbo que el que nosotros deseamos”.

El Partido Liberal Mexicano se ha esforzado y sigue esforzándose por encauzar el movimiento mexicano hacia el comunismo anarquista. A todos les consta esto. Por su actividad, sus miembros han sufrido y sufren prisiones, persecuciones, miseria y la muerte en los campos de la acción. Los miembros del Partido Liberal Mexicano han cumplido y cumplen con su deber; ¿pero puede decirse lo mismo de los anarquistas de los demás países del mundo? ¿No han procurado esos compañeros, con pocas excepciones, hacer el silencio alrededor del drama más emocionante que han contemplado los siglos? ¿No han negado su apoyo a los que todo lo hemos sacrificado por impedir que el movimiento económico de México sea desviado por los que tienen el interés en que no sucumba el sistema capitalista?

El mal que habéis hecho, compañeros, es incalculable y constituye una traición hecha a nuestros principios anarquistas. Con el silencio unos y con la calumnia otros, retardáis el triunfo de nuestros ideales en México, los retardáis en todo el mundo, por que nuestra causa es la vuestra y la de todos los oprimidos de la tierra, y el mal que recibe el movimiento mexicano, cae de rechazo sobre el movimiento obrero mundial.

Fuerza es que volváis sobre vuestros pasos y que prestéis, como verdaderos anarquistas, toda la atención que merecen el movimiento mexicano y la actuación anarquista de los miembros del Partido Liberal Mexicano. Obligad a vuestros periódicos, los más culpables en este caso de boicot al Partido Liberal Mexicano, que hablen en pro o en contra de los actos de este Partido, y si continúan conservando su actitud de esfinges o de mala fe siembran la duda en el ánimo de los compañeros, negadles todo apoyo, haced el vacío en torno suyo y ayudad de todas maneras al Partido Liberal Mexicana para que continúe su grande obra creadora de una sociedad nueva.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 218, diciembre 25, 1915.

(Tomado de Reivindicación, junio 10, 1915)



[1] The New York American. Diario publicado entre 1895 y 1937 por el magnate William Randolph Hearst. Fue uno de los diarios emblemáticos de la cadena Hearst y del llamado “periodismo amarillo”. Defensor del nacionalismo expansionista estadounidense. Durante la Revolución mexicana fue vocero de los intereses que pugnaban por la más amplia intervención estadounidense en México, incluso por medios militares. Atacó con igual virulencia racista a Madero, Huerta, Villa, Carranza y en general a los revolucionarios y combatientes de todas las tendencias, a los que calificaba de “bárbaros”. Para este periódico la única solución para México era su “americanización”. En 1937 se fusionó con el vespertino The New York Evening Journal –también propiedad de Hearst– dando lugar al The New York American Journal, mismo que se caracterizó por su anticomunismo en los años de la Guerra Fría. Cesó de publicarse en 1966.

[2] Errico Malatesta (Santa Maria Maggiore, Italia, 1853-Roma, Italia, 1932) Primero fue republicano, seguidor de Guiseppe Mazzini. A los 17 años visitó la cárcel por primera vez. Tras la represión a la Comuna de París se convirtió al anarquismo y se hizo discípulo de Bakunin. Viajó por varios países como agitador. En 1885 huyendo de la persecución que sufría en Europa migró a Argentina, donde trabajó en la organización sindical y criticó el anarquismo individualista. En 1889 volvió a Italia, donde editó varias publicaciones anarquistas, entre las que destacan Volontà, Ùmanita Nova y Pensiero Volontà. En 1900, después de sufrir cárcel y arresto domiciliario, escapó de Italia e inició un largo periplo por La Habana, Nueva York y Londres. A diferencia de otros anarquistas, Malatesta sostenía la necesidad de crear una organización política anarquista que no se redujese al sindicato. Se opuso a cualquier participación en la Primera Guerra Mundial, lo que lo distanció de Kropotkin. Perseguido por Mussolini, Malatesta murió aislado en su casa de Roma el 22 de junio de 1932. Sus textos han sido recopilados en idioma español en varias ediciones, destacan: En el café: conversaciones sobre el anarquismo (Buenos Aires, 1926), La revolución en la práctica (Valencia, 1935), Ideario (Buenos Aires, 1974), Malatesta: pensamiento y acción revolucionaria (Madrid, 1977), Hacia una nueva humanidad (1969) y Anarquismo y Anarquía (Buenos Aires, 2000)