La guerra

 

Al periódico The Los Angeles Times del 24 de este mes pertenece esta noticia: “Berlín (Villa Tuckerton, N. J.). diciembre 23.— El Hamburger Fremdemblatt[1] publica hoy un despacho de Constantinopla que dice: Últimamente ha asumido grandes proporciones el movimiento revolucionario en la India. Las autoridades británicas han sido impotentes para suprimirlo, a pesar de haber adoptado las medidas más enérgicas. Entre las fuerzas nativas reina terrible descontento contra la dominación inglesa, y batallón tras batallón deserta y se pasa a los insurgentes. Tropas nativas a quienes se les ordenó atacaran a los insurgentes, se han amotinado y atacado a los ingleses.”

La noticia es alentadora. La carnicería europea no puede ser una catástrofe estéril. De ella tiene que salir algo bueno para los pueblos. Nada hay como el sufrimiento en su forma más aguda, para resolverse a buscar un remedio.

Mientras las fuerzas inglesas se baten en los campos de Europa, el pueblo hindú se rebela contra el yugo inglés. Es un buen comenzar. Que se prolongue más la guerra europea y la revolución surgirá en toda Europa.

En Berlín, la capital del imperio alemán, hay gran escasez de artículos alimenticios por motivo de la guerra. La población sufre hambre y no se resigna a morir de ella. Las mujeres, más audaces que los hombres, se lanzan a la calle e invaden las tiendas de comestibles. La autoridad, dispuesta siempre a hacer respetar el derecho de propiedad privada que es para lo que está instituida, despacha sus gendarmes contra las nobles mujeres, las que son inicuamente atropelladas.

¿Cuántas de esas mujeres atropelladas por los esbirros del Kaiser serán esposas, hijas, madres o hermanas de los hombres que se están matando en las trincheras para mayor gloria de la burguesía y de los políticos de Alemania? Y mientras ellos se baten, los gendarmes, que son los instrumentos de los burgueses y de los políticos, maltratan a las mujeres hambrientas en medio de las calles de Berlín.

Todo esto tiene que dar su resultado. Los cerebros de los proletarios tienen al fin que pensar, y hasta entonces vivirá el sistema burgués.

Tengamos confianza en el porvenir. Hoy son las mujeres de Berlín las que se lanzan a la calle a tomar pan de donde lo haya. Mañana serán los hombres de todas las ciudades de Europa los que saldrán a la calle a levantar la barricada. ¡Que siga la guerra!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 218, diciembre 25, 1915.



[1] Hamburger Fremdenblatt (Hamburgo, Alemania 1907-1936) Editor Alfred Broschek. Considerado en esos años como periódico masón.