Comienzan los puntapiés

Los trabajadores carrancistas que con tanto entusiasmo abrazaron la causa de Venustiano Carranza, se encuentran pensativos. Ellos, confiados y sencillos, se dejaron seducir por las sirenas a sueldo de Carranza, que les cantaron al oído dulces promesas de engrandecimiento y de glorias para la clase proletaria. Según esas sirenas, al trabajador le esperaba un porvenir de dicha y de libertad, y muchos trabajadores tomaron el fusil para sostener a Carranza, derramaron su sangre en mil combates, y con su cooperación valiosísima dieron vida a una facción, que sin el apoyo de los obreros, hace muchos meses que habría desaparecido aplastado por el movimiento reivindicador de la tierra de los verdaderos revolucionarios.

El brazo fuerte de los obreros engañados, sacó a flote a Carranza del naufragio que le ocasionó la separación de Villa en 1914. Carranza habría desaparecido desde entonces con gran provecho para la causa de Tierra y Libertad; pero no hay que lamentar el engaño sufrido por los obreros, porque él enseña que el trabajador no debe esperar que su emancipación venga de lo alto.

La experiencia es provechosa. Repetidas veces se les dijo a los obreros de las ciudades que Carranza los traicionaría; que todo gobierno tiene que apoyar al capitalismo, porque el gobierno, cualquiera que sea su forma, no es otra cosa que el guardián celoso de los intereses de la burguesía. Los obreros no hicieron aprecio y el desengaño no tardó en llegar.

Apenas contó Carranza con el apoyo decidido de Woodrow Wilson; apenas se creyó fuerte, comenzaron los desaires a los obreros; principiaron las amenazas a los trabajadores; desapareció de la prensa carrancista aquel radicalismo que a modo de red tendieron los políticos para atraerse a la masa proletaria; las audaces declaraciones anarquistas de los Atl[1] y toda la legión de propagandistas carrancistas se desvanecieron como el humo; los repartos de tierra se suspendieron, y una retrogradación manifiesta se observa en todos los actos del carrancismo.

Los periódicos carrancistas que trinaban contra la burguesía, y alentaban a los trabajadores a que sacudieran el yugo del capitalismo, ahora que su amo Carranza no necesita de los trabajadores, echan pestes contra los agitadores obreros, achacando a la labor de éstos el hecho de que los obreros den muestras de rebeldía. He aquí un párrafo que ilustra en el asunto. Pertenece al diario “El Pueblo” de la ciudad de México, correspondiente al 9 de febrero que dice así: “…aquel gremio (el gremio obrero) ajeno a todas las intrigas, desconocedor de las intrigas de los blasfemos (alude a los agitadores), ha sido sorprendido por éstos, se ha sugestionado a veces por la verba inmunda del agitador, se ha creído dueño de todos los derechos y ajeno a las obligaciones que le competen.”

Como se ve, ya se le dice al obrero que tiene obligaciones, y la principal obligación, como se ve por este otro párrafo del mismo periódico, y perteneciente al mismo artículo del que fue tomado el anterior. Dice así: “… el Gobierno, lo repetiré cuantas veces se necesite, está dispuesto a atender (a los obreros) sus justas demandas; la provocación de cualquier desorden, será motivo de un examen por parte de las autoridades, y será inexorable la represión que se imponga a los falsos defensores del pueblo.”

Los falsos defensores del pueblo, para Carranza, son los buenos trabajadores que propagan los ideales anarquistas en toda su pureza, sin mezclarlos con carrancismo ni personalismo de ninguna clase.

Que el carrancismo está dispuesto a reprimir toda agitación obrera, lo demuestra el hecho de enviar fuerzas contra los trabajadores que están en huelga y aún contra los que apenas amenazan declararla.

Una noticia procedente de Veracruz y que apareció en The Los Angeles Times[2], de 25 de febrero último ilustra igualmente sobre el cambio de táctica del carrancismo en la que afecta a los intereses de la clase trabajadora. Dice de este modo: “Veracruz, febrero 24. —En virtud del decreto contra huelgas expedido por el Gobernador Heriberto Jara[3], ha sido conjurada la huelga general de todos los trabajadores que había sido votada para esta mañana… Hay muestras de descontento contra la acción del Gobernador en los diferentes círculos obreros.”

La experiencia se está encargando de enseñar a nuestros hermanos de cadenas que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos; que el gobierno, cualquiera que sea su forma, es un obstáculo que hay que destruir para que quede sin defensa el derecho de propiedad privada y pueda llevarse a cabo la expropiación de la riqueza social.

Hermanos: adoptad los principios anarquistas expedidos en el Manifiesto de 23 septiembre de 1911.

Carranza comienza a daros los primeros puntapiés. ¡Rebelaos antes que os asesine!

Celso Marquina

Regeneración, núm. 228, 4 de marzo de 1916



[1] Gerardo Murillo, Dr. Atl. (Guadalajara, Jalisco, 1875-Ciudad de México,1964) Pintor, periodista y vulcanólogo. Estudio pintura y filosofía en Europa, donde pasó la mayor parte de la primera década del Siglo XX becado por el gobierno de Porfirio Díaz, aunque sostuvo estancias en el país como profesor en la Académica de San Carlos. Fue promotor de las vanguardias artísticas y las artes populares. Tras el golpe de Victoriano Huerta, que lo encuentra en París, edita la revista La Revolución de Mexique, con Luis Quintanilla. En 1914 regresó a México y se unió a Venustiano Carranza. Dirigió La Vanguardia, el órgano del Constitucionalismo en Veracruz. Tuvo un importante papel como negociador con la Casa del Obrero Mundial y en la creación de los Batallones Rojos que combatieron a Villa del lado de los carrancistas. Establecido el gobierno de Carranza en la Ciudad de México, fue nombrado director de Bellas Artes. Al triunfo de el Plan de Agua Prieta regresó a Europa y, al término de la etapa armada, se dedicó a pintar, al estudio de la vulcanología y al periodismo. En los años treinta fue defensor de fascismo y el antisemitismo, editó el periódico Acción Mundial, divulgador de esta ideología. Fue premio Nacional de las Artes en 1958. Sus restos reposan en la Rotonda de los Hombres Ilustres de la Ciudad de México.

[2] The Los Angeles Times. Periódico fundado en 1881. Propiedad de Harrison Gray Otis, próspero empresario estadounidense, defendió la política de Porfirio Díaz. De tendencia conservadora, se caracterizó por combatir al movimiento obrero del sur de los Estados Unidos. Desde las columnas del diario emprendió una cruzada de desprestigio en contra de la causa del PLM, que se intensificó a partir de 1911, durante la campaña del PLM en Baja California, lugar en el que tenía grandes intereses por ser dueño de la Colorado River Land Co.

[3] Heriberto Jara Corona (1884-1968). Político y militar veracruzano. Fue tenedor de libros en la tienda de raya de la fábrica de Río Blanco, en donde contribuyó a la organización del Club Mutualista. En 1902 se sumó al Partido Liberal y se dedicó a la organización de clubes liberales en la región fabril de Orizaba. Colaboró con La Voz de Juárez, El Diario del Hogar y otros periódicos antiporfiristas. Después de la represión porfiriana en la región, se incorporó al antirreleccionismo, y en 1909, al lado de Camerino Z. Mendoza, participó en la fundación del Club Antirreleccionista de Orizaba. Secundó el Plan de San Luis y se desempeñó como activo propagandista del maderismo en el estado de Veracruz y Puebla. Al triunfo de Madero, fue electo diputado federal, cargo desde el que se opuso a la renuncia de Madero a la presidencia. Una vez consumado el golpe de estado de Huerta, se exilió en La Habana y posteriormente en Brownsville. Se adhirió al constitucionalismo, actuando bajo las órdenes de Pablo González y de Lucio Blanco en Tamaulipas. En 1914, fue designado por Carranza gobernador del Distrito Federal y a fines de ese año fue comisionado para recuperar la plaza de Veracruz ocupada por las fuerzas estadounidenses. En 1916 se hizo cargo, provisionalmente, del gobierno de Veracruz. Participó en el Congreso Constituyente de 1917, donde se ocupó sobre todo de la legislación relativa al trabajo. Ocupó varios cargos durante el gobierno carrancista. Volvió a ser gobernador de Veracruz de 1924 a 1927. Se alejó de la política al inicio de los años treinta, y al final de esa década fue nombrado presidente del Partido de la Revolución Mexicana. Se desempeñó como secretario de Marina durante el sexenio de Manuel Ávila Camacho.