Militarismo

Todavía resuenan en los oídos de todos los mexicanos las bombásticas condenaciones que viniera fulminando el carrancismo contra el militarismo, cuando necesitaba la poderosa ayuda del proletariado; todavía no se apaga el eco de sus condenaciones, cuando ya se están dando los pasos necesarios para militarizar la porción del territorio mexicano que se halla bajo el control del gobierno carrancista.

No se necesitó que pasara mucho tiempo, para que Carranza se quitara la careta radical que le sirviera para embaucar a los trabajadores, como que su alianza con Wilson lo hizo sentirse fuerte. Además, para fortalecer su alianza con Wilson, le estorba el barniz obrero de que se había revestido, porque una de las condiciones que Wilson le impuso para reconocerle fue que renunciara a todo radicalismo y que restaurara las condiciones que prevalecieron bajo la dictadura de Porfirio Díaz.

Nada de extraño hay, pues, en el, hecho de que Carranza, después de enronquecerse trinando contra el militarismo, sea ahora el más entusiasta partidario de la militarización del país.

Antes, bajo la dictadura de Porfirio Díaz, la República contaba solamente con un Colegio Militar. Según los proyectos que tienen en estudios una comisión de militarotes carrancistas serán seis las escuelas militares con que contará el país.

Esta es otra traición de Carranza. ¿Se convencerán al fin los obreros de que es imposible la emancipación de la clase trabajadora dentro del sistema de la propiedad privada, sistema que hace necesaria la conservación y aun el perfeccionamiento del militarismo, para la salvaguardia de los intereses de la burguesía?

Dondequiera que exista el derecho de propiedad privada, tiene que existir un gobierno que lo ampare, y no se puede concebir un gobierno sin un ejército que lo sostenga.

Por lo tanto, en lugar de ayudar a alguien para que escale el poder, hay que acabar con ese poder, con el gobierno, con todo gobierno que quiera establecerse en México, porque el gobierno necesita forzosamente de un ejército para poderse sostener.

La Anarquía es el remedio. Dentro de ella, todo ser humano será libre, porque cada quien tendrá asegurada su independencia económica, que no es otra cosa que la facultad de ganarse la subsistencia, por medio de un trabajo útil, sin necesidad de tener un patrón. Esa independencia económica quedará asegurada por medio de la expropiación en beneficio de todos, de la tierra, casas, máquinas, medios de transporte y efectos almacenados, que es a lo que se llama riqueza social.

Decidíos, trabajadores; que de algo os sirva la experiencia, hermanos. No sigáis más caudillos. Expropiad en beneficio de todos y daréis muerte al sistema capitalista.

Es inútil hablaros de los males que el militarismo acarrea, por que harto los conocéis por haberlo sufrido en todos sus aspectos.

Decidíos; adoptad los principios anarquistas contenidos en el Manifiesto de 23 de septiembre de 1911.

Manuel Saavedra

Regeneración, núm. 228, 4 de marzo de 1916