El proceso de Regeneración

Como estaba anunciado, el día 13 de este mes, se efectuaron los alegatos, para destruir el acta de acusación, por parte de los abogados defensores de nuestros compañeros Ricardo y Enrique Flores Magón, y para sostenerla, por parte del Fiscal, ante el Juez Federal.

A las diez de la mañana, el salón de la Corte estaba lleno de compañeros que esperaban ansiosamente el comienzo de los alegatos, no porque creyeran que la justicia iba a salir triunfante, sino para saber hasta dónde puede llegar la audacia de los llamados administradores de justicia en sus atentados contra las garantías individuales, en sus asaltos contra la civilización y el progreso.

Quien quiera que haya estado presente el lunes en la Corte Federal, se ha de haber creído presa de una pesadilla. Cagatintas, esbirros mal encarados, polizontes de la secreta, emponzoñaban la atmósfera con sus vahos pestilentes de bestias ociosas, y ofendían la vista con sus antipáticas actitudes de perros de presa. Ya eran las diez de la mañana, y el juez no llegaba. Nuestros compañeros presos, llegaron a esa hora custodiados por la policía. No se les permitió que estrecharan la mano de sus amigos que llenaban la casa, hombres y mujeres proletarios que saben lo que es solidaridad y no abandonan a sus hermanos de clase caídos bajo las pezuñas de la Autoridad.

Por fin llegó el juez y una ceremonia antidemocrática tuvo lugar, porque los esbirros, con voces airadas, ordenaron al público que se pusieran en pie. Un individuo extraordinariamente obeso, pronunció algunas palabras rituales y su voz resonó como un gruñido prolongado. Si hubiera hablado en la obscuridad, se habría creído que se escuchaba el estertor de un moribundo o el ronquido de un borracho.

Eso de obligar al pueblo a ponerse en pie cuando hace su aparición un juez, nos parece antidemocrático, porque en una democracia, se supone que un juez es un sirviente del pueblo, y por lo mismo, parece que lo más razonable sería que fuera el juez quien se pusiera de pie delante del pueblo que según las teorías democráticas, es el soberano, pero en la práctica es un pobre rey de burlas. Así corren las cosas bajo el imperio de la democracia.

Por fin, le toca hablar a uno de los abogados defensores, E. E. Kirk. Este abogado demostró con sobra de razones, que el Congreso de los Estados Unidos no tuvo derecho para facultar al Correo que se entrometiera en asuntos relativos a la libertad del pensamiento y de la prensa, porque esa intromisión coarta la libertad que está garantizada por la Constitución.

En efecto, el Correo, con la facultad absoluta que le ha dado el Congreso, tiene en sus manos la suerte de la libertad del pensamiento. Basta con que algo no sea del agrado del Correo, para que este se convierta en acusador, como en el caso de Regeneración.

Kirk demostró que no hay incitación al asesinato y al incendiario por medio de Regeneración, usando casi los mismos argumentos que hemos expuesto en estas mismas columnas, y aduciendo otros nuevos que habrían convencido a cualquiera persona, menos a los encargados de sostener a todo trance este sistema social basado en la desigualdad y en la injusticia.

La justicia burguesa no quiere entender que en México existe un pueblo sediento de justicia, de libertad, de bienestar. No quiere entender que el pueblo mexicano tiene derecho a rebelarse contra los ricos para alcanzar su independencia económica, y por eso condena la excitativa que se hace a los soldados carrancistas para que no rindan las armas y continúen luchando hasta conquistar la tierra y toda la riqueza social para el beneficio de todos los seres humanos que pueblan México, sin distinción de sexo ni de raza.

El abogado Kirk probó que un espíritu de alta justicia es lo que campea en los artículos denunciados por el Correo; pero no valieron razonamientos: lo que la justicia burguesa quiere, es que el pobre siga siendo pobre, para que los señores del dinero puedan disfrutar de todos los goces de la vida por medio del trabajo y el sacrificio de los de abajo.

Gallagher, el Fiscal, se levantó airado y atacó con rudeza nuestras ideas. Se indignó porque en uno de los artículos denunciados da el título de rapaces a los americanos de la clase capitalista. Para el Fiscal no es rapaz el hombre que vive en la holganza sin producir nada útil, chupando el sudor de los trabajadores, teniendo en la miseria a las familias proletarias; pero son, en cambio, unos bandidos, los hermanos Magón que luchan por la justicia entre los seres humanos.

La frase: ¡abajo el llamado derecho de propiedad privada! contenida en uno de los artículos denunciados[1], a punto estuvo de hacer que reventara de ira el buen Fiscal. Rojo como si hubiera metido la cabeza en una cubeta de almagre; los ojillos chispeantes; palpitante el abdomen bien cebado; las manos rascando el fondo de los bolsillos que suspiran por un cacho de jabón, su señoría defendió como bueno el privilegio, y lanzó sus excomuniones contra los malvados que predican el despojo de los burgueses, que en verdad no son ociosos porque bastante trabajan con las uñas.

El discurso del Fiscal fue una defensa al llamado derecho de propiedad privada, al principio de Autoridad y a la religión. Toda su acusación se basó en que nuestros compañeros son anarquistas que desean la desaparición de este sistema que sufrimos los pobres, con lo que comprueba que si se persigue a Ricardo y Enrique es por sustentar ideas demoledoras de la explotación, de la tiranía y de la mentira religiosa. Es, en realidad, este proceso, una persecución al ideal anarquista, un atentado brutal contra la libertad del pensamiento y de la prensa.

El abogado Ryckman[2], el otro defensor de nuestros compañeros, refutó la aturdida perorata del Fiscal con argumentos insuperables y pidió que se retirara la acusación a lo que se rehusó el juez, diciendo que solamente el jurado podía determinar si son inocentes o culpables nuestros compañeros. De manera que el proceso seguirá su curso, y nuestros compañeros continuarán en la cárcel.

No aventurábamos cuando decíamos que es el ideal anarquista el que se persigue con un pretexto cualquiera.

Compañeros: todo sacrificio que hagamos por ayudar con dinero para la defensa de nuestros compañeros, en realidad lo hacemos en defensa de nuestros ideales. La burguesía por medio de su leal servidor, el gobierno, quiere probar con el proceso contra Regeneración, su fuerza para matar la libertad del pensamiento. Si logra matar a Regeneración y envían a presidio a Ricardo y Enrique, habrá sentado un precedente legal del que se valdrá después para suprimir toda la prensa obrera. Los desheredados quedaremos sin prensa y a merced de nuestros verdugos.

Ayudar es nuestro deber. Contribuyamos con todo lo que podamos, sacrifiquémonos para evitar que se cumplan los deseos de nuestros tiranos.

Celso Marquina

Regeneración, núm. 230, 18 de marzo de 1916



[1] Refiérese a “A los soldados carrancistas”, núm. 211, noviembre 6, 1915

[2] James H. Ryckman, abogado de RFM y Rivera durante el juicio de 1918, interpuso un recurso ante la Corte de Apelaciones de San Francisco, California el 6 de octubre de 1919, aduciendo que los cargos eran reiterativos y estaban fundados en un solo acto (la publicación del manifiesto del 16 de marzo) que en si mismo no podía ser considerado una ofensa en contra de los Estados Unidos. La apelación fue desechada el 19 de noviembre. “Magón et al. v. United States, Circuit Court of Appeals, Ninth Circuit” , Federal Reporter, núm. 260: serie 1 (noviembre de 1919-enero de 1920).