Notas de la intervención americana

Carranza no ha dado todavía el permiso solicitado por el gobierno americano, para que los ferrocarriles mexicanos sean usados para el acarreo de soldados americanos y provisiones de boca y guerra, del lado americano a los lugares ocupados por las fuerzas de los Estados Unidos en el Estado de Chihuahua.

La dilación de Carranza, saca de quicio la serenidad del senador Fall[1], de Nuevo México, que se encuentra en El Paso, investigando las condiciones en la frontera. Fall dice: “El gobierno de los Estados Unidos debe… tomar los ferrocarrileros inmediatamente, y tratar a todo mexicano armado… como lo que es, un renegado y un bandido.”

Como la acción de tomar los ferrocarriles no es parecida a la de tomar una copa de whisky, sino que tiene que emplearse la fuerza para llevarla a cabo, bueno sería que el fogoso sonador empeñase el fusil y se lanzará a la empresa de tomar los ferrocarriles mexicanos. Si a todos los políticos y burgueses americanos que están a favor de la intervención en México por los Estados Unidos, se les obligase a empuñar el fusil y se les hiciera marchar al frente a batirse con los mexicanos, se evitaría una guerra con México, porque los políticos y los burgueses serían los primeros en evitarla por cuantos medios tuvieran a su alcance. Lo que busca Fall es notoriedad para llegar a ser Presidente de los Estados. De ahí proviene su algazara. Hay individuos que, como las gallinas, solo cacareando llaman la atención.

Francisco Villa no fue capturado en El Oso, como lo esperaba Preshing. Según los carrancistas, Villa y su pequeño ejército se abrió paso entre las fuerzas americanas que formaban parte del cerco que le ha tendido. Según los americanos, fue entre los carrancistas por donde efectúo su salida. Ahora se encuentra en las montañas del Distrito de Guerrero. Los americanos no han disparado aun un solo tiro.

La más estricta censura impuesta por las autoridades en vigor sobre las operaciones del ejército de Pershing. Solo se sabe que las avanzadas del ejército americano se encuentra ya a unas trescientas millas de la frontera en el interior de México; que los soldados americanos están a media ración, porque no se ha permitido el acarreo de provisiones por los ferrocarriles mexicanos; que de todos los aeroplanos que llevó Pershing, solamente dos están en condiciones de hacer el servicio; que la captura de Villa, que los jefes del ejército americano consideraban ser solamente cuestión de unos cuantos días, promete prolongarse por meses, según el mismo Pershing declara ahora: que Funston[2] y Pershing consideran urgentísimo el uso de los ferrocarriles mexicanos por las tropas mexicanas; que Canuto Reyes, con mil quinientos hombres se dirige a marchas forzadas a unirse a Villa para resistir a la invasión; que los hermanos Arrieta[3], de Durango, ayudaran a Villa a rechazar a los americanos.

El aire está lleno de rumores. La comedia, puede convertirse en tragedia. Del sainete al drama no hay más que un paso. Carranza siente que la tierra se abre bajo sus pies. Contó con la obediencia incondicional de su ejército para permitir la entrada de fuerzas americanas a México; pero sus soldados se están desertando y pasándose al lado de Francisco Villa, para resistir la invasión, o se disimulan para dejar libre el paso.

El gobierno de Carranza ha entrado a un periodo de completa agonía. Al disparar Villa su pistola sobre Columbus, la vacío sobre el pecho de Carranza.

Maquiavelo no pudo caber dentro de Carranza; aquel malvado era un gigante; este bribón es un enano. Para sentarse en la Silla Presidencial y lograr ser reconocido por Wilson como gobernante del pueblo mexicano, Carranza ofreció poner el país en las condiciones en que se encontraba bajo el despotismo de Porfirio Díaz. Se le reconoció: pero este reconocimiento implicaba el cumplimiento de inmensas obligaciones. Se le pidió permiso para que las fuerzas americanas entraran a México, y tuvo que darlo, so pena de verse abandonado por Wilson; pero si quedó bien con Wilson, quedó mal con el pueblo mexicano. Ahora, viendo que su popularidad se desvanece, se tarda en conceder el permiso para que sean usados los ferrocarriles mexicanos por los soldados americanos, temerosos de que el descontento popular se acreciente, y con su vacilación irrita los nervios de Wilson. El poder de Carranza toca su fin. En las manos de Wilson, Carranza es una braza que acabará por ser soltada, y sin el apoyo americano el negrero de Cuatro Ciénegas regresará a su pasada insignificancia. Aunque todavía le queda una altura que escalar; el patíbulo. ¡Que vecindad tan inquietante para un malvado, la del Cerro de las Campanas!

Los mineros mexicanos de Terlingua, Texas, asaltaron una mina y mataron al dueño de ella, un De Roberts.

La Cámara de Diputados en Washington, aprobó el gasto de ocho millones seiscientos once mil quinientos dos dólares, para los gastos de las fuerzas americanas que operan en México.

Se cree que Villa ha dividido su fuerza en guerrillas que tiene diseminadas en un extenso territorio.

Se cree que Villa se encuentra en Santo Tomás, 60 millas al Sudeste de Madera y cerca de la línea del Ferrocarril del noroeste; pero no se le puede perseguir por ferrocarril porque 40 puentes están destruidos.

Pershing ha formado un cuerpo especial de 300 hombres escogidos como buenos tiradores y notables jinetes; con los que él cree que puede capturar a Villa.

Al escribir estas líneas se encuentran ya en territorio mexicano diez mil soldados americanos.

Carranza, urgido por Wilson, ha consentido en que se use el Ferrocarril del Noroeste, para el transporte de provisiones de boca solamente para el ejército americano. Pero el permiso ha sido recibido con frialdad por las autoridades militares americanas, porque no se permitirá que escoltas de soldados de los Estados Unidos custodien los convoyes, por lo que éstos correrán el peligro de ser capturados en el tránsito por bandas de rebeldes. Entre tanto, los soldados americanos del ejército de Pershing siguen a media ración. Se cree que Wilson volverá a insistir con Carranza, sobre el uso de los ferrocarriles mexicanos para el transporte no solamente de vituallas, si que también de municiones de guerra y tropas, pues la distancia a que se encuentran las avanzadas de Pershing, unas 300 millas al Sur de la línea divisoria, hace indispensable el uso de los ferrocarriles.

Pershing ha fraccionado su ejército, intentando decidir cuanto antes la cuestión; pero está temeroso de que Villa tienda emboscadas a las diversas facciones del ejército americano.

Obregón, el soldadote que aspira a ser Presidente, lanza la bravata de que si Wilson le hubiera hecho caso cuando le pidió que le entregase los villistas refugiados en los Estados Unidos para fusilarlos, se hubiera evitado la invasión americana. Que tomen nota todos, de las palabras de ese barbero asesino que, probablemente, será quien se gane los favores de Wilson cuando a Carranza le levanten la canasta los buitres de Wall Street, cosa que sucederá en muy corto tiempo.

Pershing ha estado haciendo uso del ferrocarril que corre de Casas Grandes hacia el Sur. No se sabe si Carranza le daría permiso para hacer uso de él.

El general Felipe Ángeles[4], dijo a un reportero: “México es un depósito de pólvora. No necesita más que una chispa para estallar. No fue prudente el envío de tropas americanas al interior de México, y todavía es menos prudente tenerlas allí, pues se ha producido una crisis internacional de muy delicado carácter.”

El Senador Fall, por cuantos medios puede, trata de obligar a Wilson que se apodere por la fuerza de los ferrocarriles mexicanos.

Al tener conocimiento el pueblo de Mazatlán, Sinaloa, de que las fuerzas americanas habían pasado a territorio mexicano hizo una demostración. Los carrancistas reprimieron la demostración.

José González, organizó en Parral, Chihuahua, 500 hombres con los que se unirá a Villa para enfrentar a las fuerzas americanas.

El Herald, del 30 de marzo, asegura que más soldados carrancistas se han rebelado para oponerse al avance de los americanos.

En el mismo periódico, de la misma fecha, se ve que una fuerza rebelde está operando a poca distancia al Sur de Casas Grandes, detrás de Pershing, lo que hace suponer que la línea de comunicación de los americanos puede ser cortada.

En Santa Mónica y Venice, California, las autoridades han prohibido la venta de armas a los mexicanos, y se impide que estos se congreguen en las calles. En las cantinas de Venice no se vende licor a los mexicanos.

En algunas poblaciones del Estado de Arizona y del Oeste de New México, las autoridades han desarmado a los mexicanos.

Plutarco Elías Calles, el mastín carrancista, lleva su servilismo para con los burgueses americanos hasta el extremo. Ha declarado que fusilará a todo mexicano que se atreva a insultar a un burgués extranjero. Así lo aseguró a los burgueses de las compañías explotadoras de las riquezas del Estado de Sonora.

El citado Herald dice: “A todo lo largo de la frontera se siente el temor de disturbios. El Senador Fall pide que más tropas sean enviadas a numerosos puntos del lado americano que están amenazados de ser atacados.

“Bandas de merodeadores han sido vistas en muchos lugares a lo largo de la línea divisoria, y las aldeas y ranchos americanos han levantado trincheras para resistir un ataque.”

Funston ha mandado fuerzas a la región de Brownsville, Texas. Dice Funston que hay actividad rebelde por ese rumbo.

Manuel Saavedra

Regeneración, núm. 232, 1 de abril de 1916



[1] Albert Bacon Fall (Frankfort, Kentucky, 1861- El Paso, Texas, 1944).  Político estadounidense afiliado al Partido Republicano. Senador por Nuevo México entre 1912 y 1921 y Secretario del Interior en el gabinete de Warren G. Harding (1921-1923). Socio de Edward Doheny y de William C. Green —respectivos propietarios de la Mexican Petroleum Company y de la Green Consolidated Copper Company, a la que pertenecía la mina de Cananea, Sonora—. Abogado en Estados Unidos del terrateniente chihuahuense Luis Terrazas.  Durante la Revolución asumió la defensa de los intereses petroleros y mineros estadounidenses en México. Conspiró contra los gobiernos de Madero, Carranza, De la Huerta y Obregón. Acusado por el Secretario de marina Joseph Daniels de apoyar a Huerta en 1913, año en que propuso la invasión de México con un ejército de medio millón de hombres. En 1917 se le relacionó con un complot que pretendía la creación de una república independiente con los estados del norte apoyada por los Estados Unidos. En 1919 promovió el rompimiento de relaciones diplomáticas con México acusando a Carranza de apoyar al comunismo estadounidense. En ese mismo año fue nombrado presidente del Comité del Senado encargado de investigar la destrucción de propiedades estadounidenses desde el inició de la Revolución mexicana. El Comité Fall recomendó en mayo de 1920 el no reconocimiento del gobierno mexicano a menos que se indemnizara a los intereses estadounidenses, se les eximiera de los efectos del Artículo 27 de la Constitución y se preservará el derecho de los Estados Unidos a intervenir militarmente en el país. En 1929 fue el primer miembro de un gabinete presidencial en la historia estadounidense en purgar una condena de prisión por su participación, en contubernio con Edward Doheny, en una trama de corrupción y sobornos relacionada con las reservas petroleras de su país.

[2] Refiérese Frederick N. Funston (New Carlise, Ohio,1865-San Antonio, Texas, 1917)  General del ejército de los Estados Unidos. En 1895 formó parte de una expedición que buscaba oportunidades de inversión en el café de México y Centroamérica. En 1898 se enroló como voluntario en las tropas estadounidense que ocuparon Filipinas. En marzo de 1901 capturó al líder independentista Emilio Aguinaldo, con lo que ganó el grado de General Brigadier y obtuvo la medalla de honor. Famoso por sus hazañas militares, por su defensa del expansionismo estadounidense y por su labor como propagandista de la ocupación del archipiélago, en 1902 declaró que “los americanos que han solicitado al Congreso la paz en Filipinas debieran ser sacados de sus casas y linchados.” En 1908 dirigió la represión a los huelguistas de la IWW en Esmeralda, Nevada. En 1914 fue el comandante de la fuerzas que ocuparon Veracruz en abril de ese año y permaneció en el puerto como gobernador militar hasta noviembre de ese año, tras lo que se le comisionó para dirigir las tropas que custodiaban la frontera con México. En 1916 supervisó a las Expedición Punitiva, encabezada por su subordinado, el general John B. Pershing, que invadió Chihuahua en persecución del general Francisco Villa, tras el ataque a Columbus, Nuevo México. En mayo, Funston y el general Hugh Scott se reunieron en Ciudad Juárez con el general Álvaro Obregón para acordar un plan militar de vigilancia de la frontera que buscaba poner fin a la Expedición Punitiva mediante un acuerdo negociado. En enero de 1917, cuando era el favorito del presidente Wilson para encabezar las tropas estadounidenses que participarían en la Primera Guerra Mundial, falleció de un ataque cardiaco.

[3] [3] Arrieta, hermanos. Domingo y Benjamín José, Mariano y Eduardo. Refiérese a los hermanos Andrés (1864-1932), Domingo (1874-1962), Eduardo (1879-1949), José (1890-1975) y Mariano Arrieta León (1862-1958). Revolucionarios duranguenses, pertenecientes a una familia de arrieros y mineros. Se alzaron en la sierra de Durango en contra del régimen porfiriano, secundando el Plan de San Luis en noviembre de 1910. Bajo el mando de Domingo Arrieta, tomaron parte en diversas acciones militares en su estado natal, en Coahuila y en Chihuahua, enfrentándose al ejército federal porfiriano y combatiendo los alzamientos reyista y orozquista. Tras la caída de Madero se sumaron al constitucionalismo. Domingo llegó a desempeñarse como gobernador carrancista de Durango entre 1914 y 1916, cargo en el que mantuvo una relación tirante con Venustiano Carranza. Combatieron al villismo en Chihuahua y posteriormente hicieron campaña contra la expedición punitiva.

[4] Felipe Ángeles (1868-1919). Militar hidalguense. Hizo estudios de especialización militar en Francia y en Estados Unidos. Sirvió al gobierno de Madero como director del Colegio Militar y, posteriormente, haciendo frente al zapatismo en el estado de Morelos desde una perspectiva mediadora. Tras el golpe de Huerta se unió al constitucionalismo, en el que combatió en la División del Norte, al mando de Pancho Villa, tomando parte en combates cruciales para el triunfo constitucionalista. Luego de la escisión de la Convención Revolucionaria de Aguascalientes, se sumó al villismo y combatió al ejército carrancista en el Bajío. Fue aprehendido en Chihuahua, y se le formó un consejo de guerra que lo condenó a muerte en 1919.