Carranza traiciona la Revolución. (Continúa)

La indignación de Carranza por la actividad de los obreros, actividad que perjudica a la clase capitalista, se denuncia en la siguiente tirada del Manifiesto de Pablo González que venimos comentando: “Se sabe también en este cuartel general, que representantes de la Casa del Obrero Mundial han llegado a El Oro para apoyar a los huelguistas en forma de autoridad, y aunque dicha Casa debe la aprobación de sus principios al movimiento constitucionalista, cree ella que tiene autoridad ilimitada para provocar y conducir a su antojo los destinos de los trabajadores, manteniendo de esa manera a la clase trabajadora en perpetua excitación y agitación constante.

La conducta de la Casa del Obrero Mundial, al enviar sus representantes a El Oro para apoyar a los huelguistas , merece el aplauso de todos los hombres honrados que de verás se preocupen por la transformación del trabajador, de bestia de carga que es bajo el sistema de la propiedad privada, en hombre libre, dueño de lo que sus manos laboriosas producen.

Pero para Carranza y sus  satélites, la conducta de la Casa del Obrero Mundial es reprochable, porque sin pedir permiso a las autoridades, envió sus representantes a El Oro, y más chocante es todavía para Carranza y sus satélites, que los miembros de la Casa del Obrero Mundial mantengan en constante agitación a la clase trabajadora.

 

La Casa del Obrero Mundial tiene el deber de hacer en beneficio de la clase trabajadora, todo cuanto pueda, pues que para eso fue fundada. Naturalmente, su trabajo tiene que producir excitamiento y agitación entre los trabajadores, porque una de las primeras cosas que tiene que hacer es despertar la consciencia de clase que, al despertarse, efectua un cambio en las relaciones  entre el trabajador y el amo, entre el explotado y el explotador. Cuando el trabajador comprende que nadie tiene derecho a aprovecharse del sacrificio de los demás, ya no es el esclavo sumiso que soporta la tiranía del burgués, deja de ser la bestia de carga que sin murmurar acepta la brutalidad del amo. Entonces, se siente hombre y quiere que todos sus hermanos de cadenas se sientan hombres también y que todos sientan la misma indignación que el siente contra la explotación y la injusticia.

La Casa del Obrero Mundial no debe al movimiento constitucionalista la aprobación de sus principios, como dice Carranza por boca de Pablo González. Los principios de la Casa del Obrero Mundial, son principios de emancipación  proletaria que no necesitan la aprobación de nadie para abrirse paso. Esos principios se imponen por sí mismos, independientemente de la aprobación o desaprobación de un individuo o de una camarilla. Si Carranza, que él es el movimiento constitucionalista, aprobó esos principios, entonces debería él Carranza estar obligado a respetarlos, y en vez de pretender que los trabajadores se subordinen a él, él debería subordinarse a los trabajadores, si deberás fuera un hombre honrado.

El movimiento carrancista pudo adquirir fuerza, gracias a que los trabajadores de las ciudades, engañados por los astutos políticos carrancistas y por algunos “vivos” de la clase proletaria, entraron de lleno a ese movimiento con la esperanza de obtener ventajas, sin reflexionar que dentro del sistema capitalista el pobre no puede esperar otra cosa que humillaciones y servidumbre, y el sistema capitalista era lo que sostenía el movimiento carrancista, puesto que su programa no abolí  el derecho de propiedad privada, origen de la desigualdad económica y madre de la Autoridad que es la encargada de perpetuar esa desigualdad económica, por la cual los pobres se encuentran a merced de los ricos.

Carranza traiciona la Revolución, porque la Revolución no tiene por objeto elevarlo a él ni elevar a nadie a la Presidencia, sino conquistar para el proletariado la independencia económica. Oponerse a que los trabajadores obren para acercar, al menos, el momento de obtenerla; poner trabas al empeño de los trabajadores de hacer más fácil, siquiera, el camino de su emancipación, es traicionar la Revolución, es un crimen  que la justicia popular no puede perdonar.

La Revolución tiene que abolir el llamado derecho de propiedad para llenar su objeto, que no es otro que conquistar la independencia económica de todos los seres humanos que pueblan México, sin distinción de sexo ni de raza. Pero Carranza se opone a que ese pretendido derecho sea abolido, quiere su perpetuidad, como se comprende por la simple lectura de la parte siguiente del Manifiesto que estamos comentando: “Dentro de los límites del respeto del derecho de los demás, el gobierno constitucionalista reconoce y respeta la justicia que asiste al trabajador cuando procura su mejoramiento, y también, cuando abandona su trabajo por no serle satisfactorios el salario o las condiciones del trabajo; pero del mismo modo el gobierno debe de reconocer los derechos de los trabajadores que están satisfechos con su trabajo, así como los de las compañías que piden auxilio para obligar a que sus derechos sean respetados y sus propiedades sean protegidas. No puede ser un derecho de los trabajadores emplear la fuerza contra aquellos de sus compañeros que no aprueban sus procedimientos, ni poner en práctica medios que destruyan los elementos del trabajo de los negocios que han causado su descontento.

Con este criterio del carrancismo, criterio que es completamente capitalista porque está basado en el reconocimiento del derecho del burgués de negarse a satisfacer las demandas de los trabajadores, los proletariados deben despedirse de sus esperanzas de obtener su emancipación, o al menos, un mejoramiento, bajo la férula de Venustiano Carranza, y no deben olvidar que lo que lo que les acontece bajo el gobierno de Carranza, les acontecerá bajo el gobierno de cualquier otra persona. El gobierno es una institución que tiene por objeto apoyar en sus rapiñas a la clase capitalista.

Carranza reconoce el derecho que tienen los trabajadores de abandonar el trabajo cuándo el salario a las condiciones del trabajo no les conviene; pero ese reconocimiento en nada beneficia a los trabajadores descontentos, porque con el apoyo del gobierno, los trabajadores que no tienen dignidad y que aceptan de buena gana los salarios mezquinos y condiciones insoportables, ocuparan el lugar de los que tienen vergüenza y aspiran a su mejoramiento.

Los esquiroles serán apoyados por el gobierno, y si los obreros dignos tratan de impedir que entren a trabajar, que les arrebaten el pan de la boca, los esbirros de Carranza sabrán someter a balazos a los que se opongan, como lo hicieron los esbirros de Porfirio Díaz, como lo hacen los esbirros de todos los gobiernos del mundo, y los sacrificios de cinco años de lucha habrán sido estériles.

(Continuará)

Celso Marquina

Regeneración, núm. 233, 8 de abril de 1916