Notas de la intervención americana

Una gran confusión reina en las noticias que la prensa diaria americana da de las operaciones de las columnas invasoras de Pershing y de Dodd, así como de los movimientos de las fuerzas de Villa y de las de Carranza.

En el número anterior de Regeneración se dijo que la toma de Ciudad Guerrero por Villa ocurrió el 30 de marzo. En realidad, el asalto y toma de dicha plaza ocurrió el 27.

El 29 de marzo, según las noticias que publica la prensa americana, las fuerzas americanas de Dodd sorprendieron un campamento villista en San Gerónimo, 18 millas distante de Ciudad Guerrero. El patriotismo americano da a esa sorpresa común en todas las guerras, las proporciones de una gran batalla. Dicen los periódicos que Dodd con unos doscientos soldados americanos, sorprendió a 500 mexicanos, quienes resistieron un tanto el ataque de los americanos, para echar a huir después a los cerros cercanos, resultando de la escaramuza, 30 mexicanos muertos y solamente cuatro americanos heridos. Es que los soldados americanos deben ser de hierro, pues no puede uno explicarse de otra manera la notable desproporción que hay entre las bajas ocurridas por una parte y por otra parte. ¡Ni un solo muerto americano, mientras los mexicanos mueren como moscas!

Esta noticia no puede ser creída. La razón indica que algunos muertos debe haber habido también entre las fuerzas americanas, o que, al menos, debe haber sido mayor de cuatro el número de sus heridos, y más si se tiene en cuenta que la lucha duró cinco horas, a no ser que los mexicanos, durante esas cinco horas, se hayan entretenido en disparar sus fusiles al sol.

Tampoco puede creerse que hayan sido unos doscientos los soldados americanos que sorprendieron a los 500 mexicanos, y no puede creerse porque entraron en acción tres regimientos americanos de caballería: el séptimo, el décimo y el decimotercero. Cada regimiento no tiene menos de 500 soldados, de manera, que no menos de mil quinientos americanos fueron los que sorprendieron a los mexicanos.

Ahora bien en una acción de unas cinco horas de duración, una masa de mil quinientos hombres ofrece un gran blanco al tiro de 500 soldados, y si de estos 500 soldados, que en este caso son los villistas mueren 30, no es aventurado decir que, cuando menos, el doble de este número, unos 60 americanos, murieron en la acción y que el número de sus heridos, forzosamente tuvo que haber sido mayor de cuatro a no ser que los mexicanos carguen sus fusiles con alfajores.

Después de esta escaramuza, se ha sostenido una verdadera cacería para atrapar a Villa. Una nube de partidas de americanos recorren la Sierra en todas direcciones, y las noticias de los encuentros se multiplican en las columnas de los periódicos americanos; pero relatado todo de una manera vaga, y sin citar fechas, lugares o circunstancias, todo lo cual indica que se trata únicamente de animar al proletariado americano a que empuñe el fusil, al ver que con tanta facilidad son vencidos los mexicanos. Los periódicos americanos, invariablemente, dicen que en los encuentros han muerto tantos o cuantos mexicanos, y por parte de las fuerzas americanas ni un solo herido resulta. Contando todos los muertos habidos en los innumerables encuentros entre mexicanos y americanos, el Herald del día 4 de este mes dice que 300 mexicanos han perecido y unos 200 han sido hechos prisioneros. Ni un muerto americano. Lo dicho: los americanos son de hierro, o los mexicanos se divierten tirándoles a las moscas mientras reciben el fuego graneado de los soldados del Tío Samuel.

Ha corrido el rumor de que Villa resultó gravemente herido en la acción de Ciudad Guerrero; pero el rumor ha resultado falso. Ahora, nadie sabe donde está Villa. Algunos suponen que intenta tomar la ciudad de Chihuahua, y Dodd se ha encaminado hacia ese rumbo con la esperanza de interceptarle el paso. Un formidable combate se dice que está siendo librado entre Chihuahua y Ciudad Guerrero.

Otros aseguran que Villa se dirige hacia Parral y que les lleva a las fuerzas americanas algunos días de delantera. Pershing ha establecido su cuartel general en Ciudad Guerrero.

Gran ansiedad se manifiesta en los círculos militares americanos, por la circunstancia de que ya no son suficientes los 10.000 soldados americanos para llevar adelante la campaña, tanto porque aumentando en longitud constantemente la línea de comunicación de Columbus lugar en que se encuentran las fuerzas expedicionarias más avanzadas, hay que aumentar, también, el número de soldados que protejan esa línea de comunicación, cuanto porque cada vez se hace más extenso el territorio en que se está llevando a cabo la campaña contra las guerrillas mexicanas esparcidas por todas partes.

Además, por la Ascensión, mexicanos armados se están congregando, según los periódicos burgueses, para atrapar los convoyes americanos, y como el mismo peligro existe por otras partes de la línea de comunicación, el gobierno americano se ha visto en la necesidad de hacer custodiar los convoyes con numerosos soldados.

Para reforzar la expedición de Pershing han cruzado más batallones americanos la línea mexicana. Unas semanas más y todas las fuerzas federales americanas que se encuentran a lo largo de la frontera, tendría que ver internadas a México, y ocuparán su lugar las milicias en los Estados.

Las autoridades militares han perdido la esperanza de capturar a Villa en unos cuantos días, y consideran ahora que se trata de un asunto que durara meses, pues Villa se acerca a gran prisa al Estado de Durango, donde encontrará las fuerzas de Canuto Reyes, Calixto Contreras y los hermanos Arrieta.

Un rumor ha venido a aumentar la gravedad de la situación de Wilson y de Carranza. Se dice que Obregón trata de dar un golpe militar, destronando a Carranza y oponiéndose a que continúen invadiendo a México las fuerzas americanas.

La situación del pobre Barbas de Chivo es crítica, muy crítica. ¡El pobre diablo soñaba con que las bayonetas americanas lo sostendrían!

Dícese que Obregón ha dispuesto la posesión de fuerzas carrancistas, que en la realidad son obregonistas, de tal manera, que induce a pensar que trata de cargar contra las fuerzas americanas.

También se dice que cerca de la línea de comunicación del ejercito americano, tiene Obregón 25,000 hombres.

Las autoridades militares americanas confiesan que Villa ha podido escapar gracias a las informaciones contradictorias que dan los habitantes de la región serrana sobre su paradero.

Parece que Carranza, temeroso de que Obregón lo cuelgue de un poste telegráfico por haber permitido que entrasen a México las fuerzas americanas, está dispuesto a pedirle a Wilson que retire sus fuerzas. Se tiene por seguro que Carranza hará esa petición, por la declaración que el Cónsul carrancista en El Paso, Andrés García[1], hizo el día 6 de este mes a los representantes de la prensa. He aquí algunas palabras de las de García: “Es mi opinión que no hay necesidad de que los americanos sigan adelante la campaña. Si fuerzas americanas continúan marchando hacia el interior de México, pueden ocurrir disturbios. Las fuerzas americanas han hecho lo que han podido. Ahora, deben salirse inmediatamente. El trabajo entre el gobierno americano y Carranza, expresa que las fuerzas americanas deben salir del país cuando pierdan las huellas de Villa.”

Esta declaración de García indica que Carranza, amedrentado por la actitud de Obregón y por el descontento del pueblo por su debilidad de haber permitido el paso de fuerzas americanas a territorio mexicano, trata ahora de ganarse la simpatía popular impidiendo que siga adelante la marcha de las fuerzas americanas, las que se encuentran ya a 350 millas al Sur de la frontera.

Por lo pronto, Pershing no va a enviar más adelante sus fuerzas, porque sin el uso de los ferrocarriles, el problema del aprovisionamiento se hace más difícil de resolver, Carranza, a pesar de su estrecha amistad con Wilson, no se ha atrevido a dar el permiso para que las fuerzas americanas hagan uso de los ferrocarriles, temeroso de disgustar todavía más al pueblo mexicano.

Se dice que Villa se encuentra en El Saucillo, 100 millas al Sudeste de la ciudad de Chihuahua, donde una gran fuerza de simpatizadores se ha reunido.

Pershing pide refuerzos, pues lo que los americanos consideran como una derrota de los mexicanos en San Gerónimo, ha dado como resultado que los pequeños grupos de mexicanos que se esparcieron por la serranía, han aumentado considerablemente su fuerza con nuevos voluntarios.

Las últimas noticias que aparecen en los diarios del día 7 de este mes, dan como seguro que Villa se encuentra ya a unas cuantas millas de la ciudad de Parral, y que se le han unido 2,000 hombres en aquella región.

Las fuerzas americanas se encuentran por Satevo, 70 millas al Noroeste del Parral.

En un telegrama que Álvaro Obregón envío el 6 de este mes a Andrés García, el Cónsul carrancista en El Paso, se ve que, según Obregón, las fuerzas americanas deberían comprender que su misión ha terminado, con lo que se entiende que a Carranza ya le llega la lumbre a los aparejos con el descontento popular y que prefiere ahora romper con Wilson, mejor que verse aplastado por el pueblo mexicano: pero ya es tarde. Esa conversión de última hora a la causa del pueblo no puede borrar su traición.

La actitud de Wilson dependerá de lo que le ordenen los capitalistas americanos. Si los capitalistas le ordenan que mantenga en México las fuerzas americanas, éstas se quedarán allá; pero entonces comenzará una guerra gigantesca entre México y los Estados Unidos, cuyo resultado no es posible predecir.

Manuel Saavedra

Regeneración, núm. 233, 8 de abril de 1916



[1] Andrés G. García. Político coahuilense. Se desempeñó como cónsul de México en El Paso, representando al gobierno de Carranza. Fungió también como administrador de correos. En 1917 fue ascendido a  Inspector general de Consulados de México en Estados Unidos. Fungió como representante legal de la rebelión escobarista en 1929.