A última hora. Carranza pide la retirada de las fuerzas americanas

Por fin, Carranza haciendo de tripas corazón, se decidió a pedir a Wilson que retire las fuerzas americanas que han invadido el territorio mexicano.

Ante la posible repetición de la tragedia del Cerro de las Campanas, Carranza Prefiere soltarse de la mano que lo sostenía y se echa a nadar a favor de la corriente, con la esperanza de salvar el pellejo y de reconquistar su perdido prestigio haciendo ahora el papel de patriota.

 

Carranza es un oportunista, Cuando Díaz estrangulaba al pueblo mexicano con mano de hierro, Carranza considero oportuno estar del lado del tirano y fue uno de sus perros más fieles. Después cuando el trono del tirano vacilaba, Carranza vio que era oportuno cambiar chaqueta, y se hizo maderista, con lo que se gano el puesto de Gobernador del Estado de Coahuila. Más tarde cuando el pobre Enano caía herido de muerte en una obscura calleja de la ciudad de México, Carranza tendió el hocico al viento y olfateó, y comprendiendo que no se le presentaría mejor oportunidad para ganar la Silla Presidencial, se hizo revolucionario. Se habría estrellado en su aventura si Pancho Villa no se hubiera levantado también en armas contra Huerta. Oportunista redomado, Carranza consideró oportuno ligarse con Villa para que este hiciera el trabajo y él, Carranza, se aprovechara de él. Con unos cuantos golpes de audacia, resquebraja Villa el trono de Huerta, y el brillo de su nombre comenzaba a opacar la fama artificial de Carranza. Entonces creyó este oportuno romper con Villa y seguir el negocio por su cuenta. Odiaba, como buen burgués, a los trabajadores, a la plebe, a los pelados, pero sin la fuerza de Villa, el negrero de Cuatro Ciénagas no valía un serenado cacahuate, por lo que, creyéndolo oportuno, compro algunos miserables leaders obreros, a quienes tuvo a sueldo, y declaro que comenzaba la Revolución. Las masas se agruparon en torno del farsante y este logró adquirir una fuerza extraordinaria; pero no lograba conseguir lo que es indispensable a todo gobierno el reconocimiento de su tiranía por los tiranos extranjeros. Estos tiranos consideraban a Carranza demasiado radical. Más; siempre oportunista, para lograr sentarse al fin a sus anchas en el Sillón Presidencial, Carranza dio un puntapié por el trasero a los trabajadores, y arrodillándose ante Woodrow Wiison, entona el «mea culpa», y prometió poner a México en las mismas condiciones en que estaba bajo el reinado de Porfirio Díaz. El reconocimiento de su gobierno fue otorgado de la noche a la mañana. México. Como en los tiempos de Díaz. iba a ser una vez mas el sabroso pastel que devorarían los burgueses de todos los colores, nacionales y extranjeros, y el pueblo mexicano continuaría royéndose los codos de hambre, encorvado en el trabajo para la felicidad de sus verdugos sin otro porvenir que la miseria, la humillación, el maltrato, el desprecio, el bofetón, la saliva….. .y el sepulcro, ¡el único sitio de descanso para el que en vida ha puesto sus músculos y su cerebro al servicio de los señores de la burguesía!

Viene el incidente de Columbus. Las fuerzas americanas invaden México; Carranza no cree oportuno oponerse a la invasión, temeroso de que Wilson se disguste con él y lo abandone a su suerte. Para evitar que el pueblo se encolerice y se levante contra los invasores, ordena a sus periódicos que no digan una sola palabra sobre el asunto; pero el ejército americano avanza, avanza, avanza sin cesar hacia el corazón de México; la gente se alarma y comienzan a circular rumores siniestros; Carranza es presa de pesadillas angustiosas noche por noche; se levanta del lecho y lo primero con que tropiezan sus ojos, es con la mole del Cerro de las Campanas, evocadora de saludables recuerdos para los que traicionan la libertad del pueblo. Entonces cree oportuno oponerse a la invasión y con fecha 12 de este mes envía al Secretario de Estado, Lansing, para que se la enseñe a Wilson, una comunicación en la que pide que las fuerzas americanas sean retiradas de México.

 

La comunicación hace el efecto de una bomba en la Casa Blanca. ¡Caramba, nadie se esperaba tal cosa de Carranza! Wilson, se jala las cuatro mechas que adornan su reluciente cuero cuasi-cabelludo; Lansing, patalea; unos opinan porque se conteste con una bravata a la nota de Barbas de Chivo; otros, porque se le haga un «viejo de petate», pero la cosa es seria ¡qué caramba! ¡Vaya, si es seria! Y todos meditan y meditan y no encuentran como salir del paso. El Senador Borah[1], la boca llena de tabaco, dice entre dientes: «la nota» de Carranza es en extremo insultante. “Escupe un líquido que tiene particular semejanza con las aguas de un caño”, y prosigue entre dientes a modo de gruñido: «Si yo fuera Wilson, notificaría a Carranza que vamos a tener las tropas en México hasta que se nos hinchen las narices.»

 

Lo cierto es que la situación es delicada. Una guerra entre México y los Estados Unidos puede comenzar de un momento a otro, si no se salen del país las fuerzas americanas.

Las fuerzas americanas tendrán que salir de México, pues su situación es muy difícil. Las fuerzas carrancistas están dispuestas de tal manera, que en un momento dado pueden cortar la línea de comunicación de Pershing en varias partes, aislando por completo al ejército americano.

 

Una fuerza de caballería americana, al mando del coronel Sloeum, entró a Parral el día 13 después del medio día. El pueblo protestó y una lucha se entabló entre el pueblo y la fuerza invasora, resultando muchos muertos y heridos por ambos lados. La fuerza carrancista que guarnece la plaza, no disparó un solo tiro contra los invasores, lo que prueba una vez más que los ejércitos no son creados, como se hace entender al pueblo, para defender el territorio nacional, sino para impedir que el proletariado atente contra los bienes que detentan los ricos. En las guerras que resultan de la invasión de un territorio, es el pueblo el que se apresta a rechazar la invasión, no el ejército. En el levantamiento del pueblo del Parral contra la invasión, la guarnición carrancista apuntó sus fusiles contra el pueblo para que éste desistiera de su resistencia. Se dice que la lucha continúa.

 

Corre el rumor de que Obregón tiene planeado de comenzar un ataque general contra las fuerzas invasoras el día de mañana, domingo 16. Al efecto, las fuerzas leales a Obregón, se están moviendo de los Estados de Sonora y Chihuahua con dirección a la línea de comunicaciones del ejército americano, con el fin de cortarla.

 

Las fuerzas de Pershing, numeran unos 12,000 soldados. Estas fuerzas están rodeadas en todos sentidos por fuerzas de Carranza de la manera siguiente: general Luis Gutiérrez, ciudad de Chihuahua, con 3, 500 hombres; general Francisco Gómez, noroeste de Chihuahua, con 5,000; general Elías Calles, norte de Sonora, con 12 000; general Luis Herrera, Satevo, con 1,200; general Gabriel Gavira, Ciudad Juárez, con 1,800; general Francisco Bertani, Madera, con 8OO; general Juan Cavazos, Guerrero, con.5, 000; general Rafael Dávila, Casas Grandes, con 1,200. Aparte de estas fuerzas carrancistas, los hermanos Arrieta, en el Norte de Durango, se opondrán a la invasión con 3,000 hombres. Francisco Villa, con unos 2 000 hombres se encuentra también en el Norte de Durango.

 

Como se ve, las fuerzas americanas no tienen otro recurso que retirarse. De lo contrario sufrirán una aplastante derrota. Wilson no se ha decidido aun a retirar las fuerzas. Hay mucha oposición entre los políticos americanos a que se retiren las fuerzas invasoras, como que no son ellos, ni los burgueses que las envían. los que perderán la vida.

 

Manuel Saavedra

Regeneración, núm. 234, 15 de abril de 1916



[1] Refiérese a William E. Borah (1865-1940). Abogado de filiación republicana y de posturas aislacionistas. , senador por Idaho. Fiscal en el juicio contra el sindicalista Bill Haywood, acusado del asesinato del gobernador de Idaho en 1907. Tras el fin de la Primera Guerra Munidal, se opuso al Tratado de Versalles y promovió el reconocimiento de La Unión Soviética. El abogado de RFM, Harry Weinberger buscó, hacia 1922, infructuosamente que intercediera  por la libertad de Magón.