La ley del embudo

Muchos son todavía los que creen que el gobierno es necesario para que el débil no sea aplastado por el fuerte.

El atentando que está llevando a cabo contra los camaradas Magón, prueba que el gobierno, cualquiera que sea su forma, no es otra cosa que el apoyo del fuerte y el azote del débil.

Nuestros camaradas presos están acusados de incitar, por medio de sus escritos en Regeneración, a cometer los delitos de homicidio e incendiarismo. Llevan ya más de dos meses de estar encarcelados sujetos a humillaciones y las torturas de todo género que las autoridades federales les infligen a cada instante, mientras llega el momento de ser llevados ante un jurado formado por burgueses que los condenará a pasar cinco años de su vida dentro de los muros de una penitenciaría, pues esa es la pena que el Fiscal pide contra ellos, y lo que pide el Fiscal lo aprueba el Juez.

En cambio, William Randolph Hearst, el millonario propietario de grandes periódicos de Estados Unidos, y que es uno de los capitalistas americanos que poseen en México millones de acres de tierra, pasea en automóvil, derrocha el dinero que hace sudar a sus esclavos, goza de libertad y de toda clase de placeres, a pesar de excitar en sus periódicos que se asesine al pueblo mexicano.

Hearst se lamenta de que Wilson no tenga el nervio necesario para tratar a los mexicanos con mas rudeza de como lo ha estado haciendo. Se lamenta, también, de que los soldados invasores estén sufriendo hambre y desnudez y pregunta por qué, responderse de esta manera, según puede verse en The Los Angeles Examiner, el 15 de este mes: “Porque Venustiano Carranza, el presidentillo impuesto por Wilson en México, no quiere permitir al gobierno de los Estados Unidos que envíe vituallas y vestidos a sus soldados, o que transporte a éstos, por medio de los ferrocarriles del Norte de México, y porque no hay decisión ni valor ni sentido común en Mr. Wilson y su Gabinete, para decir a Venustiano Carranza que se vaya al diablo con su insolencia, y decir al mismo tiempo a Funston que tome posesión de los ferrocarriles para la seguridad y el éxito de nuestro ejército, y QUE MATE ACUALQUIERA QUE TRATE DE OPONERSELE”.

Esta directa incitación al asesinato, no ha sido denunciada por ruborosos empleados postales, ni el Gran Jurado que acuso a los compañeros Magón se ha espantado del crimen cometido por Hearst, ni el fiscal Gallagher ha pedido la friolera de cinco años para el delincuente, ni ha habido Juez que conozca del delito…… porque la Ley es siempre una prostituta que está a favor del que tiene dinero.

Hearst está excitando a que se mate a cualquiera que se oponga al acto de las tropas americanas de apoderarse de los ferrocarriles mexicanos y Hearst está libre.

Nuestros hermanos Magón aconsejan al pueblo mexicano a que no rinda las armas hasta que conquiste su independencia económica, y nuestros hermanos están encadenados en un calabozo.

Hearst, sirve a los capitalistas.

Los hermanos Magón sirven a los pobres.

Hearts, lucha por interés de los opresores.

Nuestros hermanos Magón, luchan por la libertad y el bienestar de los oprimidos.

Eso lo explica todo.

Celso Marquina

Regeneración, núm. 235, 22 de abril de 1916